La debacle de la 'Ola Verde'

La decisión de Alonso Salazar de no aceptar la dirección del Partido puso en evidencia supuestos intereses burocráticos y políticos en la colectividad que podría desaparecer en las próximas elecciones.

Con Antanas Mockus, Lucho Garzón y Enrique Peñalosa, los verdes fueron el ‘boom’ en las elecciones de 2010. / Óscar Pérez
Con Antanas Mockus, Lucho Garzón y Enrique Peñalosa, los verdes fueron el ‘boom’ en las elecciones de 2010. / Óscar Pérez

Es la reiterada historia de los movimientos y partidos que surgen como alternativa y reúnen a su alrededor la inconformidad ciudadana frente al funcionamiento tradicional de la política en el país y que con el tiempo terminan permeándose de prácticas como el clientelismo y disputas internas por el poder que los llevan al fracaso. Esa es la situación que enfrenta hoy el Partido Verde, el mismo que estuvo peleando cabeza a cabeza la Presidencia de la República con el hoy mandatario Juan Manuel Santos y fueron la sorpresa también en las elecciones al Congreso, hace tres años.

En su mejor momento, la hoy venida a menos ‘Ola Verde’ logró la coincidencia de diferentes frentes políticos en torno a la aspiración presidencial del exalcalde de Bogotá Antanas Mockus y para Congreso obtuvieron más de 500 mil votos, lo que les permitió ganar cinco curules en el Senado. Pero eso ya es pasado y hoy los verdes avanzan hacia las elecciones de 2014 con un alto riesgo de perder la personería jurídica si no superan el umbral del 3%, que representa cerca de 450 mil votos.

Pero eso no es lo más complejo. En el Partido Verde hay una disputa interna que parecía estar cerca de resolverse con la llegada del exalcalde de Medellín Alonso Salazar a la Dirección de la colectividad. Sin embargo, la estocada final la dio el propio Salazar cuando resolvió no aceptar la propuesta, precisamente por la tensa situación interna. En una carta, manifestó que en el proceso de acercamiento había “hablado con líderes y congresistas, gente estupenda, con la cual avanzar hacia la consolidación de un partido democrático que Colombia necesita”, pero que “después de varios desencantos en la ruta, he llegado a una nueva decepción que parece la final”.

Los argumentos expuestos por Salazar son la radiografía de la crisis de los verdes. Señala que los compromisos eran incumplidos y las posiciones transformadas; incluso parece que algunos demoraron las decisiones, no sólo por el argumento de presentar adecuadamente el cambio, sino además para hacer ciertas “movidas” burocráticas. Agrega que “se suscribió una relatoría, que resumía los acuerdos, y fue sometida a la Dirección. Finalmente se aprobaron cosas diferentes”.

Pero la polémica va más allá: Salazar hizo referencia al secretario general del Partido, Néstor Daniel García, a quien acusó de “actuar de manera desleal, antiética y calumniosa, que no despierta la más mínima confianza”. El motivo fue una comunicación que envió García, en la cual describía la repartición burocrática que realizaron, según él, el exalcalde Lucho Garzón, el representante Alfonso Prada, el senador Jorge Londoño y Carlos Ramón González.

Por eso Salazar, al tomar la decisión de no ingresar a los verdes, dijo que “la falta de confianza en la palabra de personas claves en la dirección del Partido me obligó a pedir que los acuerdos fuesen escritos; pero ni así se cumplieron los compromisos. Todo esto me anticipa un ambiente para el que yo no estoy preparado. Y hay aprendizajes que a estas alturas de la vida no deseo”.

La carta de García, que se convirtió en la manzana de la discordia, plantea una radiografía burocrática de la colectividad. El acuerdo con la Unidad Nacional es: Luis Eladio Pérez para la embajada en Perú, Fabio Villa para el Departamento para la Prosperidad Social, Lucía Bastidas para la Dirección de Participación del Mininterior y Húbert Ariza (asesor de Lucho) en ese mismo ministerio. También, Constanza González como asesora de Lucho Garzón en la lucha contra la pobreza extrema. Londoño ponía al director de Colciencias, Prada asumía como vocero del partido, Lucho seguía como ministro delegatario y Carlos Ramón, tranquilo con la conducción administrativa y legal del partido.

Cuestionable o no, la carta del secretario García no miente. Los funcionarios están nombrados en el Gobierno y el Partido funciona tal como lo planteó. Así las cosas, el Partido Verde, que surgió como una esperanza ante las prácticas habituales de clientelismo y corrupción, parece haberse transformado en una colectividad con comportamientos habituales de la política tradicional.

Por lo pronto, el representante Alfonso Prada manifestó que se mantendrá en la presidencia de la colectividad porque así se lo han pedido y frente a la carta de Salazar señaló que él no representaba ningún tipo de salvación electoral para los verdes, porque no tenía un caudal de votos que lo respaldara. Sin embargo, lamentó que era una persona pensante que podía aportar mucho a los verdes.

Al señalamiento de García, respondió que “cuando anunciamos que ingresaríamos al Gobierno para colaborar con la búsqueda de la paz, ni Lucho, ni Londoño, ni yo nos sentamos a maquinar semejante grado de distribución burocrática. Me parece que la carta es de un contenido clientelista de quinta. Cuando decidimos entrar al Gobierno, lo hicimos de cara a la sociedad, nunca por detrás”.

El futuro del Partido Verde es incierto y de la ‘Ola Verde’ poco o nada queda. Por ahora, tras el rechazo de Salazar, están buscando presidente. Las decisiones en materia electoral y de composición directiva serán tomadas en el Congreso Nacional que se realizará en septiembre. Por ahora la prioridad es la supervivencia con una alianza política con el árbol que mejor sombra dé. Para ello están dialogando con Progresistas, Cambio Radical, Liberales y la U.

435844

2013-07-24T22:21:53-05:00

article

2013-07-25T06:09:42-05:00

none

Redacción Política

Política

La debacle de la 'Ola Verde'

28

5569

5597