Lo del Brexit, una sorprendente advertencia

Desde la Paz de Westfalia en 1648, pasando por el Congreso de Viena de 1815, el Tratado de Versalles de 1919, los Acuerdos de Postdam y la Conferencia de París de 1945 y 1946, Europa buscó la forma de construir un proyecto que le permitiera superar la lógica de la guerra.

 Lo ocurrido  cuestiona los movimientos de integración regional que se tomaron el mundo a finales del siglo xx. / EFE
Lo ocurrido cuestiona los movimientos de integración regional que se tomaron el mundo a finales del siglo xx. / EFE

La creación de la Comunidad del Carbón y del Acero a través del tratado firmado en 1951 fue el inicio de un largo y complejo proceso de integración que evolucionó en 1957 a la Comunidad Económica Europea, por medio del Tratado de Roma. Luego, en 1985, se firmó el Tratado de Schengen, que eliminó los controles fronterizos entre los estados partes. En 1992 se suscribió el de Maastricht, por medio del cual los ministros de Relaciones Exteriores y de Economía crearon la Unión Europea. En el 2009, después de la frustración que generó el intento de darle a Europa una Constitución, entró en vigor el Tratado de Lisboa, que modificó los de Roma y Maastricht y le dio a la Unión nuevas instituciones y figuras centrales como un presidente y un alto representante para las Relaciones Exteriores y de Seguridad.

Durante este proceso de extenuantes negociaciones, ires y venires, avances y retrocesos, la Unión pasó de 6 a 28 países miembros. Fueron necesarias miles y miles de horas de trabajo, infinita paciencia, persistencia, imaginación y diplomacia para construir lo que hoy es. Mi generación ha sido, por lo tanto, testigo de la construcción del proceso de integración más exitoso de la historia de la humanidad. Poco a poco se logró la increíble y valiosísima integración de 28 países, con algo más de 500 millones de habitantes y más de cuatro millones de kilómetros cuadrados de territorio.

Esos tratados crearon y homologaron una institucionalidad admirable como estructura para la defensa y preservación de las libertades del individuo, los derechos humanos y la democracia.

Para sus habitantes, esta patria ampliada representa hoy día un enorme patrimonio en alternativas de vida, oportunidades de trabajo y acceso cultural. Los ciudadanos de la Unión tienen hoy a su disposición una variedad tal de ofertas y posibilidades que despierta legítima envidia entre muchos otros habitantes del planeta.

Es por esto que la Unión Europea ha suscitado en muchas otras regiones del mundo el deseo y la necesidad de ser imitada. Nuestra América Latina no fue la excepción y poco a poco, con la Unión Europea como referencia ineludible, fue construyendo proyectos de integración como Aladi, CAN, AEC, Caricom, Mercosur, Unasur y la Alianza para el Pacífico. Todos estos organismos se crearon con el propósito de fortalecer los más apreciados valores liberales: más equidad, solidaridad, igualdad, cooperación y concertación entre las naciones y los individuos. Por eso es que el Brexit es una mala noticia para todos. Es negar la historia y el futuro. Es asustarse con las dificultades que toda empresa humana genera. Es obstruir la construcción de puentes y reemplazarlos con muros; es la confrontación entre dos generaciones. Pero tal vez lo peor es que es una decisión sin perspectiva ni alternativa real. Este drama debería servir en nuestro continente como advertencia y acicate para avanzar y fortalecer la institucionalidad para la integración. Latinoamérica, que es un proyecto en progreso constante, debe seguir viendo a la Unión como inspiración y no caer en la tentación de revertir lo que con esfuerzo hemos logrado.

* Excanciller de Colombia. Director ejecutivo de la Cámara de Comercio Colombo Americana.

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