"Del uribismo popular al santismo elitista"

El uribismo y el santismo difieren claramente en la visión de su proyecto de país. Mientras el discurso de Álvaro Uribe Vélez es monotemático y estático, el del presidente Juan Manuel Santos evoluciona y es acción.

El expresidente Álvaro Uribe Vélez y el mandatario Juan Manuel Santos. / Presidencia

Ad portas del debate electoral, resulta oportuno conocer cuáles son los fundamentos ideológicos del santismo, ¿es realmente Santos un traidor? ¿El programa de la prosperidad democrática tiene bajo la manga un proyecto castro-chavista como lo recalca enfáticamente el expresidente Álvaro Uribe? ¿Cómo puede definirse entonces el santismo frente al uribismo?

A partir de un análisis de estadística textual, conteniendo más de 500 discursos, se evidencia que el uribismo y el santismo difieren claramente en la visión de su proyecto de país. Mientras el discurso de Álvaro Uribe es monotemático y estático, el santismo evoluciona y es acción. El primero niega la existencia de un conflicto armado, recurre a la lucha frontal contra el terrorismo, no cree en las ideologías, aboga por el pragmatismo y da rienda suelta al chauvinismo. Los valores tradicionales de la derecha europea como la patria, la nación, la familia, la disciplina y la autoridad son el corazón de su proyecto.

El discurso de Juan Manuel Santos es, en buena medida, camaleónico, puede ser catalogado como revolucionario, pero también elitista. Como ministro de Defensa recalcó su lucha contra los terroristas de las Farc y el rescate de los secuestrados. También centró sus discursos en la lucha contra las drogas, así como los logros y el coraje de las Fuerzas Armadas.

En campaña su discurso cambió, dejó de lado la seguridad, habló de violencia, pero no de conflicto armado, y optó prioritariamente por un discurso social: el desarrollo, el acceso a la educación, la prevención en salud, la creación de viviendas o la atención a desplazados.

Luego de una agitada campaña, en los pueblos más pobres y los municipios más apartados, se dio paso a otro discurso en el Palacio de Nariño. El corazón del discurso santista se basa en la inserción de Colombia en el mundo, en la importancia de la tecnología, la lucha contra la extrema pobreza, el apoyo a las víctimas, el reconocimiento político de la guerrilla de las Farc y la consecución de la paz.

El análisis revela que la paz ha sido un tema constante en el discurso político de Santos. Si se comparan sus discursos entre 2006 y 2012, se encuentra que la probabilidad de hablar de paz fue más importante como ministro de Defensa que durante los primeros dos años de mandato.

Pero, ¿cómo nos habla de la paz el Santos ministro de Defensa? La búsqueda de la paz está asociada con estándares de justicia. Aseguraba en aquel entonces que su anhelo y el del expresidente Uribe siempre fueron los de buscar la paz: “Antes de ser ministro de Defensa siempre busqué la paz en gestiones abiertas” y (…) “el objetivo del presidente Uribe no es ganar la guerra sino conquistar la paz”.

Como presidente, el concepto de la paz evoluciona, ya no estará regido sólo por el concepto de justicia. En el tercer año de mandato asegura que habrá que sacrificar algo de justicia para conseguir la paz. Pero la paz también se transforma en “una obligación constitucional”. La paz no será un fin, el programa de la Prosperidad Democrática “hace paz”.

La paz del santismo a hoy es la restitución de 13 mil hectáreas de tierras, la reparación de 263 mil de las víctimas con $6 millones cada una, la entrega de más de 200.000 viviendas gratis, el crecimiento promedio de la economía con un 4,9 % desde 2010, la creación de más de 2 millones de empleos, la tasa de homicidios más baja en cuatro años, la disminución de atentados terroristas o la conexión de 1.078 municipios con banda ancha y fibra óptica, entre otros.

¿El discurso de Santos puede ser calificado castro-chavista? Ciertamente no. Aunque sí progresista. Después de dos mandatos uribistas, donde se negó el conflicto y se definió a las Farc como terroristas, Santos habla de insurgentes y asegura que la negociación se hace entre hijos de una nación. Frente al acuerdo de desarrollo rural constata que se logró porque se tiene una guerrilla con un origen y reivindicaciones rurales. Insiste en que la paz debe ser real y sostenible: “no se trata de ofrecer como única opción un sometimiento humillante o una guerra perpetua”.

Santos va más allá cuando afirma que el pensamiento de las Farc no difiere de los programas de su gobierno: “El propósito, el objetivo final no difería mucho, de lo que yo quería hacer en mi gobierno y lo que ha venido planteando desde hace muchos años la guerrilla de las Farc”. Por este motivo, insiste, “se llegaron a acuerdos obvios como la inversión en el campo, en bienes públicos, en educación, infraestructura y salud”.

Si el santismo es de avanzada por cambiar el registro político es, sin embargo, elitista. El discurso de Uribe rural expone los logros en infraestructura de las zonas apartadas del país. Habla sobre la pavimentación de la carretera de Cuatro Vientos a El Banco, de El Burro a Tamalameque, entre Simití y San Pablo, o la pavimentación de Buesaco a la Unión. Santos destaca la pavimentación de 300 kilómetros de dobles calzadas y se compara con la España del apogeo.

Los referentes regionales del uribismo como Arauca, Cupica, Tame, Envigado o el Orinoco han sido desplazados por París, Tokio, Estados Unidos, Francia o Italia. Los referentes nacionales se han transformado en la entrada de Colombia en la Unasur o la OCDE.

Para Santos la construcción de un país moderno pasa por acuerdos con firmas internacionales: Doing Business, Business Process Outsourcing, la promoción de proyectos de fique con firmas de alta gama como Tous o la implantación de proyectos de tecnología como los de Nicolás Negroponte, regalando computadores en Estados Unidos. Los valores de modernidad en el discurso santista pasan por la incorporación del modelo coreano para mejorar la calidad de la educación básica, regalar tabletas en Chocó para que los niños del Pacífico colombiano tengan las condiciones de los de Japón.

¿Es el santismo verdaderamente revolucionario? Ciertamente si pusiera al frente el derecho a una educación superior para todos los jóvenes, erradicara la falta de agua potable, diera un verdadero vuelco a la estancada política minera o creara políticas públicas masivas y no solamente de pequeños nichos de empresarios que buscan entrar en la era de la globalización.

El equipo de la aspiración reeleccionista

 

Por encima de la Unidad Nacional, hoy es casi innegable que la Fundación Buen Gobierno es la trinchera reeleccionista del presidente Juan Manuel Santos y su mayor músculo político, desde que se reactivó con el nombramiento del exministro de Vivienda Germán Vargas Lleras como presidente de la Fundación. Ese voto de confianza ha sido criticado en la Unidad Nacional, que se siente desplazada al asegurar que la Fundación se va a convertir en el respaldo político de Cambio Radical y de algunos de sus coequiperos como Alejandro Char, Alfonso Prada, Augusto Posada y Carlos Ramiro Chavarro. De cualquier modo, la Fundación Buen Gobierno cuenta con un equipo de primer nivel para la reelección, entre los que se encuentran también el general (r) Óscar Naranjo, el excodirector del Banco de la República Juan José Echavarría, el exministro Gabriel Silva, el exsecretario de Presidencia Juan Mesa, el exrepresentante de Colombia ante el BID Roberto Prieto y el exembajador en Venezuela José Fernando Bautista.

* Autora del libro Hugo Chávez y Álvaro Uribe. La Fuerza de las palabras. Dos discursos para gobernar.

PHD EN CIENCIA POLÍTICA UNIVERSIDAD DE LA SORBONA (PARÍS)