El presidente Duque y el escaso apoyo de la gente a su gestión

Desfavorabilidad de Duque en tiempos de la Gran Conversación Nacional

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El 15 de marzo terminan los diálogos que impulsó el primer mandatario para afrontar el paro nacional. Hay expectativa en sus conclusiones porque, por ahora, los cambios en el gabinete y las nuevas alianzas políticas no han ayudado mucho a mejorar la percepción de la gente frente a su gestión.

Suman los meses de gobierno —18 en total— y el presidente Iván Duque parece no hacer las paces con las encuestas. Las expectativas de los colombianos y la opinión pública, que le dieron el beneficio de la duda en los primeros meses de mandato, se crisparon y las últimas mediciones de Gallup volvieron a registrar una tendencia que va en crecimiento desde hace un año: el de su imagen desfavorable. Aunque de diciembre a febrero esa desfavorabilidad creció apenas un punto (pasó del 70 al 71 %), la predisposición es clara y la posibilidad de un repunte es lejana, especialmente en el escenario en el que se encuentra el país a raíz del paro nacional, aunque los ánimos estén cada vez más desgastados.

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Y es que resulta inevitable no ligar las manifestaciones con el desempeño de Duque este año, pese a que las protestas no hayan sido ininterrumpidas como las de noviembre y diciembre pasados, o pese a que no hayan tenido el mismo eco. De fondo está la Gran Conversación Nacional que planteó el primer mandatario para resolver las inquietudes de los miles de colombianos que se tomaron las calles, cuya fecha límite es el próximo 15 de marzo, un día antes de que comience el segundo período de la legislatura 2019-2020 en el Congreso de la República.

Las expectativas están puestas sobre ese día y sobre las conclusiones del Gobierno con respecto a los diálogos que sostuvo, no solamente con los miembros del Comité del Paro, sino con representantes de diversos sectores en el país. Por eso, unos prefieren ser precavidos antes de hacer conjeturas sobre los resultados de la encuesta que reveló Gallup esta semana. “Creo que nada ha cambiado con respecto a las inquietudes que provocaron el paro, pero debemos de esperar el resultado que se dará el 15 de marzo”, dijo Yann Basset, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad del Rosario, quien también atina a comentar que son más las dudas que las certezas de los logros del diálogo, pues, a su juicio, “no se vio que haya convocado a personas más allá de los círculos habituales de la gente que el Gobierno consulta”.

Pese a que aún no hay conclusiones, hay otros que creen que ese diálogo fracasó y que Duque no aprovechó ese capital político para darle una guía a su administración, como bien lo han hecho otros mandatarios con unos temas que les aseguran, por lo menos, una imagen estable. “El problema es que no tiene un norte definido y lo que el Gobierno hace no es significativo. No tienen un plan de la naturaleza de la seguridad democrática de Uribe o del Acuerdo de Paz de Santos. Mientras eso no exista, se verá reflejado en las encuestas”, señaló la politóloga Sandra Borda.

En eso coincide Carlos Andrés Arias, experto en comunicación política, etiquetando ese plan al que se refiere Borda como el eje transversal y conceptual que debe tener cualquier administración y que no se puede equiparar con la generalidad de las líneas del Plan de Desarrollo de Duque, que son equidad, emprendimiento y legalidad. Mucho menos con la economía naranja, un concepto que en otras palabras califica a las ya conocidas industrias creativas y que el primer mandatario presenta ante el mundo como la gran revolución. “La economía naranja no la entiende nadie, solo él y esta no es traducible para el ciudadano de a pie. Tener un eje es la única forma de conectarse con la gente, para que esto se vea reflejado en una buena percepción”, señala Arias.

Para Daniel Mejía, profesor adscrito a la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes y experto en temas de seguridad, ese no es el problema. “Tengo la posición de que el presidente está tratando de hacer las cosas bien, está sacando adelante la implementación del Acuerdo de Paz, temas de educación y salud, pero tiene unos enemigos dentro y pareciera que su partido es el peor”. En otras palabras, para él, hay funcionarios que controvierten ante la opinión pública sus lineamientos —un ejemplo es Nancy Patricia Gutiérrez, exministra del Interior, cuando calificó de “semifallido” el Acuerdo— y hay propuestas del uribismo dentro del Congreso que son muy impopulares y es Duque quien termina cargando con estas —como la iniciativa del voto militar del representante Ricardo Ferro—. “Eso le está haciendo mucho daño y se convierte en gasolina para la oposición. Así es muy difícil para él”.

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Le suma a la desafortunada imagen del jefe de Estado una situación compleja en el tema de las comunicaciones que, al parecer, no se ha resuelto con el nombramiento de Hassan Nassar como consejero en esas materias y más bien sigue ahondando las brechas del mandatario con la opinión pública. “Creo que el problema es que no se ve a Duque tomando las decisiones, él debe de mostrar que es él quien manda y eso significa tomar decisiones difíciles”, agregó. 

Pero lo que es para unos para otros no lo es, y Arias disiente de Mejía en cuanto a que él cree que se ha visto evidente que Duque es quien no está tomando las decisiones. “Las decisiones administrativas no pasan por él, sino por la Secretaría Privada; las políticas, por su partido de gobierno y de Uribe, que ya no tiene la misma legitimidad”, recalca. Coincide, por su parte, en que esos enemigos dentro de la Presidencia son los ministros que siguen llamando “presidente” a Álvaro Uribe, situación que, para él, es una alerta, porque genera que lo desconozcan como mandatario.

Y puede que el esfuerzo de cambiar el gabinete y darle un respiro con nuevos rostros fuera una estrategia para impactar sobre las encuestas, además de buscar gobernabilidad en el Congreso con la adhesión de Cambio Radical, conservadores y la U, pero para Basset, por ejemplo, esa decisión es netamente interna, administrativa e instrumental. A su vez, para Borda es una maniobra que solo incluyó al vargasllerismo en el Ejecutivo (haciendo énfasis, además, en la fuerza política de Germán Vargas Lleras en las pasadas presidenciales). Para Arias, es un movimiento peligroso “porque se puede encontrar a personas que van a brillar más que él”. Y para Mejía fue necesario, especialmente por la renovación en los ministerios de Defensa e Interior, que le estaban generando un desgaste en el Capitolio y, en general, frente al país.

Los dos años largos que le quedan a Duque van a ser más difíciles que los caminados hasta ahora, primero porque contrariar la percepción —según explica Arias—, en un momento en el que están proliferando los nombres presidenciables para 2022, deja entrever la crisis de gobernabilidad por la que está pasando. “Los líderes políticos están enviando desde ya un mensaje de cómo él no fue lo que prometieron, desde ya hay otras opciones que le darán rumbo al país”. Segundo, porque las inquietudes del paro siguen y el descontento en las calles, pese a que no convoque al mismo número de personas que en noviembre de 2019, se seguirá reflejando en las encuestas. 

Con esto, Basset llama a la sinceridad: “Tiene que tranquilizar a la opinión pública sobre las reformas que quiere hacer. Sabemos que las habrá, pero debe de ser claro de cuánto costarán”. Es más, Arias cree que Duque superará a Andrés Pastrana como el presidente más impopular (está a tres puntos porcentuales) de este siglo. “Pastrana tenía a cuestas un proceso de paz fallido, Duque no”. Aun así, Mejía le tiene fe, porque, como bien reza el dicho, “si le va bien, nos va bien” y eso, por lo menos, es lo que espera todo el país. 

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