Honras fúnebres en Roma y Bogotá

Despedida a Guillermo León Escobar y al poder colombiano en el Vaticano

En la catedral primada, en Bogotá, y en la capital italiana hubo misas por el fallecido embajador de Colombia. Se cierra época de gran influencia nacional en la Santa Sede.

El embajador Guillermo León Escobar y el presidente Juan Manuel Santos, el día que recibieron al papa Francisco en Bogotá, el pasado 6 de septiembre. / Cortesía Presidencia de la República

Con misas en la iglesia de San Ignacio de Loyola en Roma y en la catedral primada, en Bogotá, con presencia del presidente Juan Manuel Santos, la curia y el cuerpo diplomático, se realizaron las honras fúnebres de Guillermo León Escobar Herrán, embajador de Colombia ante el Vaticano. Además de las condolencias de la propia Santa Sede, de la prensa vaticana, de los cardenales y de los círculos políticos e intelectuales que lo conocieron, también se dijo en la capital italiana que con su muerte, ocurrida el domingo pasado en Roma por un cáncer contra el que luchó al menos dos años, se cierra la época en la que Colombia tuvo mayor influencia en el corazón del mundo católico.

Escobar Herrán fue embajador allí durante tres periodos (gobiernos de Andrés Pastrana, Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos), además fue profesor y amigo de papas y cardenales durante más de 30 años. Siendo joven hizo parte de la delegación que recibió en Bogotá al papa Pablo VI, luego realizó sus estudios en Roma a través de los que conoció al sacrificado italiano Juan Pablo I, enseguida al cardenal polaco Karol Wojtyla, quien sería Juan Pablo II, ante quien fue embajador, como lo fue ante el alemán Joseph Ratzinger, Benedicto XVI, y ante el obispo argentino Jorge Bergoglio, otro de sus amigos cercanos desde las conferencias del Consejo Episcopal Latinoamericano, hoy el papa Francisco.

El diplomático y profesor de teología, literatura y sociología política, con doctorado en Alemania, fue conferencista invitado por los pontífices a los sínodos de obispos, a las grandes conferencias católicas, por ejemplo, Aparecida, Brasil, y consultor pontificio. Además, era miembro del Consejo Pontificio para los Laicos.

Él mismo le dijo a El Espectador que Colombia tuvo dos cardenales realmente papables, pero no pasaron de influyentes ministros del sumo pontífice. Ese declive se dio luego de la muerte del cardenal Alfonso López Trujillo, presidente del Pontificio Consejo para la Familia, y el retiro forzoso, por edad, de Darío Castrillón Hoyos. Hasta la muerte de Juan Pablo II y la entronización de Benedicto XVI, Colombia llegó a ser uno de los países latinoamericanos con mayor influencia ante el Papa. Hoy los países latinoamericanos más influyentes son Argentina, por Francisco, y Brasil y México, por el perfil de sus cardenales y el tamaño de sus iglesias que representan la mayoría de los más de mil millones de católicos del mundo.

Tanto López Trujillo como Castrillón llegaron a ser ministros del Sumo Pontífice, incluso López sonó como papable durante el cónclave en el que se eligió al alemán Joseph Ratzinguer. El colombiano fue “determinante” en la elección de Benedicto XVI, según The Washington Post. Y si no hubiera muerto habría sido, por derecho y mérito el decano de los cardenales, es decir el segundo obispo con mayor poder en el cónclave que eligió a Francisco. Sin embargo, Colombia se quedó sin alfiles tras su repentino fallecimiento en abril de 2008 en Roma y la caída en desgracia de Castrillón, ministro de la Congregación del Clero, es decir, jefe de todos los sacerdotes del mundo y tesorero de los bienes de la Iglesia; declarado “papable” en un reportaje personal que le hizo Gabriel García Márquez y quien fue relevado de sus funciones luego de que no pudiera contener el escándalo del movimiento lefreviano, uno de cuyos obispos negó el Holocausto nazi y causó una crisis entre Roma y el pueblo judío.

Se suponía que quien iba a tomar el relevo de los dos era Pedro Rubiano, pero una vez cumplió los 75 años renunció ante el Papa y éste no le encomendó misiones nuevas. Luego fue anunciado cardenal Rubén Salazar, arzobispo de Bogotá y presidente del Episcopado de Colombia, también muy cercano al embajador Escobar Herrán pero lejano de las influencias en la capital italiana.

Allí se mantienen obispos colombianos con posibilidades como monseñor Octavio Ruiz Arenas, quien era amigo personal de Benedicto XVI -dicen que desde la renuncia de éste al papado perdió muchas posibilidades de ascenso-. Ha sido vicepresidente de la Comisión Pontificia para América Latina y secretario del Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización y se cree será el siguiente cardenal colombiano, pues su vida religiosa ha estado ligada a los círculos romanos: estudió teología dogmática en la Universidad Gregoriana, habla italiano, y llegó allí “recomendado” por el entonces máximo purpurado colombiano, Aníbal Muñoz Duque. Trabajó once años y medio como oficial de la Congregación para la Doctrina de la Fe, siempre como una especie de secretario privado y de canciller de Joseph Ratzinger, que ya Benedicto XVI le impuso el palio arzobispal, el paso previo al cardenalato. También fue obispo auxiliar de Bogotá y de Villavicencio. Después sigue el eterno candidato a cardenal es el arzobispo de Cartagena, Jorge Enrique Jiménez Carvajal, quien ha sido secretario general y presidente del Celam, como cosa rara el único latinoamericano que ha llegado a tales cargos y después no ha accedido al cardenalato. El otro al que se le ven posibilidades futuras es a monseñor Mauricio Rueda Beltz, nombrado por el papa Francisco como el jefe de sus viajes internacionales.

Guillermo León Escobar Herrán sonreía cuando le hacían comentarios de su poder en el Vaticano -en privado reconoció que ayudó a las anulaciones matrimoniales de las uniones católicas de los ex presidentes de Colombia Julio César Turbay (quien fue embajador ante la Santa Sede) y Belisario Betancur -quien fue asesor pontificio en temas culturales-. Fue él quien convenció al papa Francisco de venir a Colombia y formalizó su reciente visita, la útima gestión diplomática que hizo en medio de la enfermedad. A El Espectador le reconoció hace dos años: “Colombia ha perdido mucho de su nombre en el Vaticano, pero ello no debe ser óbice para que se reconozca que en la iglesia ministerial colombiana hay clérigos, pastores e intelectuales que han marcado caminos muy importantes no solo de la Iglesia nacional sino de la latinoamericana”.

Los cardenales colombianos

Crisanto Luque Sánchez (1889-1959)

Luis Concha Córdoba (1891-1975)

Aníbal Muñoz Duque (1908-1987)

Mario Revollo Bravo (1919-1995)

Alfonso López Trujillo (1935-2008)

Pedro Rubiano Sáenz  (1932- )

Rubén Sazalar (1942- )

Los candidatos a cardenales

Arzobispo Octavio Ruiz

Arzobispo de Cartagena, Jorge Jiménez

Monseñor Fabio Suescún Mutis, Obispo Castrense

Arzobispo de Popayán, monseñor Iván Antonio Marín López