Detrás de cámaras del evento de restitución de tierras en Córdoba

Mientras la delegación de Gobierno que viajó a Córdoba hablaba de los avances en restitución de tierras, asociaciones de víctimas criticaron la falta de seguridad.

Rosa Amelia Hernández, delegada  nacional del comité de justicia transicional. / Juan Pablo Pino - La Silla Vacía
Rosa Amelia Hernández, delegada nacional del comité de justicia transicional. / Juan Pablo Pino - La Silla Vacía

En un evento sin precedentes en la historia reciente de Córdoba, el Presidente de la República entregó los títulos de propiedad a 60 familias de parceleros de la Hacienda Santa Paula, corregimiento de Leticia, en Montería (Córdoba). Se trata de una finca de cerca de 1200 hectáreas que fue el cuartel general de la 'Casa Castaño', desde donde se irrigó el terror y el paramilitarismo en el departamento. El evento se realizó el pasado miércoles. Asistió el Presidente, el ministro de Agricultura, el director de la Unidad de Restitución, el gobernador del departamento, el alcalde de Montería y todos los medios nacionales y regionales.

Fue un evento con toda la pompa. Cientos de buses de todo el departamento viajaron, uniformaron a la gente con gorras con la bandera de Colombia y camisetas de la Unidad de Tierras.

Sin embargo, en medio de los aplausos y el júbilo, entre la multitud una mujer mayor rompía en llanto. Una imagen disonante en un día en el que el gobierno aseguraba que "donde antes mandaban los asesinos ahora llegaban los campesinos". Mientras el presidente hacia sus promesas, Rosa Hernández se tapaba la cara y volvía a llorar. El evento terminó, el helicóptero presidencial tomó vuelo y unas pocas personas se quedaron viendo el chiquero que dejó la comitiva de gobierno. Entre esas Rosa y algunos líderes más.

Sus caras reflejaban preocupación y duelo. Tenían rabia por la muerte de Ever Cordero, líder del municipio de Valencia asesinado en pleno día de las víctimas, horas antes de que el Presidente jurara en este municipio que perseguiría a quienes atemorizan a los líderes y reclamantes.

A su dolor se sumaba también un sentimiento de indignación por el evento, por las palabras, por las promesas. "No hay garantías para nosotros los líderes de víctimas. No hay garantías para hacer nuestro trabajo. No hay acompañamiento del Estado. Nos sentimos solos. ¿Ustedes creen que esto son garantías? Nos trajeron para que los medios vieran que estamos participando. Pero no estamos de acuerdo y como lo iba a decir en la tarima no me dejaron hablar. A Ever lo mataron ayer y ya es noticia vieja", dijo en tono enérgico Rosa, quien es delegada nacional del comité de justicia transicional.

Era amiga íntima de Ever Cordero y su muerte la mortifica profundamente. "Ever era quizá uno de los líderes más nobles que haya existido. Si me hubieran matado a mi me lo merecía porque yo si hablo y peleo pero Ever no. Era un ser humano incomparable: el amigo, el hermano, el padre, el compañero, el líder. Tenía 58 años y ocho hijos. Ever era el delegado municipal para el comité territorial de víctimas y restitución de tierras y era el delegado departamental de prevención y protección, imagínese: el delegado de protección y prevención, que ironía", sentenció.

Pero las críticas no fueron solamente por el asesinato de Ever, sino por el evento que ellos calificaban como una pantomima donde se presentaron unos resultados insostenibles. Y no lo dice sólo Rosa, la secundan varios líderes que clavan la mirada en el piso cuando se les pregunta por el paramilitarismo en la región y se apartan disimuladamente cuando se indaga sobre el rastro de los Castaño en Córdoba.

"Tengo ganas de regresar a trabajar en la finca mía, pero necesitamos la seguridad para poder volver. Ahora que se vaya el presidente, con él se irá la seguridad. El ganado que hay por ahí es de la señora que tenía las tierras, de Gloria Inés Henao Montoya" asegura Mario Cuitiva, uno de los beneficiarios de los lotes restituidos a la asociación de parceleros desplazados de la Hacienda Santa Paula. Y lo apoya Argemiro*, un líder de Córdoba y Urabá que asistió al evento: "La idea de la restitución y reparación a las víctimas no puede ser venir a dar discursos, a mostrar las cosas bonitas, como lo hace el gobierno. Eso está calculado pero el problema es después, cuando se vaya el presidente y las autoridades, ¿qué va a pasar? porque yo veo ganado en esta finca y las están entregando hoy pero no creo que las entreguen con ganado y todo. Ese ganado tiene su dueño y segurito que él está por ahí viendo. Eso es lo preocupante. No solo por los compañeros que hoy reciben la parcela sino por los que venimos más atrás. Si ayer, en pleno día de las víctimas, mataron a uno, mañana que pasara. El presidente dijo que van con mano dura contra quienes amenazan y matan a las víctimas, ojalá que eso se cumpla. Hay mucho miedo. Hoy los parceleros no lo demuestran porque esto está lleno de ley y hay gente bastante, pero estoy seguro que esta noche nadie se queda aquí. Se va el gobierno y la gente detrás", señala con el ceño fruncido.

Y vuelve a rondarlos la imagen de Cordero. "Ever era un presidente de la Mesa Municipal de Víctimas de Valencia. Lideraba los procesos de restitución. Era una persona muy querida en el pueblo. Hace tiempo había recibido amenazas porque la cosa en allá es dura. Ahí hay líderes que no se atreven a salir de sus casa por el miedo a lo que les pueda pasar. Lo más triste del asesinato de Ever es que queda una viuda con ocho niños, la más chiquita con dos años. Él no había pedido protección porque parecía que el peligro había pasado. Durante un tiempo se había retirado de sus actividades como líder pero ya había vuelto. Los líderes no podemos dejar de serlo porque uno está comprometido con la gente y eso le pasó a él. Nosotros sabemos que a él lo mataron los de las Bacrim, pero yendo más allá uno se pregunta ¿por qué existen esas bandas? Porque alguien las financia, ¿quién las sostiene? Gente bien de la ciudad: de Montería, Bogotá, Medellín, Barranquilla. Porque la gente de las Bacrim son pelaos de la región, gente sin oportunidades, muchas veces hasta conocen a las víctimas. Pero lo de fondo son los que tienen las tierras actualmente, esa gente vive en los mejores barrios de Montería y esas son las personas que sostienen a la bandas y mientras estén libres, pueden continuar metiendo preso a los supuestos mandos pero las cosas no van a cambiar. ¿Cuándo van a coger a los verdaderos testaferros, que son los que financian y sostienen a estas bandas? Esa es la gente que mandó a matar a Ever", asegura Argemiro con los puños apretados.

Y agrega otro líder: "No le podemos decir quiénes son los que lo mataron pero de que la inseguridad existe, existe. La preocupación en Urabá, por ejemplo, es que el gobierno dice que allá no hay garantía y si no la tienen ellos qué esperanza tenemos nosotros los meros reclamantes. En este momento tenemos voz pero no voto. El Gobernador y el alcalde de Montería se presentan aquí porque vino el Presidente, pero ellos no han hecho nada por las víctimas del departamento, ellos no se quieren comprometer con eso, habría que preguntarles por qué".

De acuerdo con Rosa el protocolo de participación de las víctimas no está funcionando por eso piden "que no sea una resolución firmada por Paula Gaviria sino un decreto ley firmado por el Presidente de la República. Segundo, la protección de las Víctimas: pedimos la renuncia de Andrés Villamizar porque no ha protegido a quienes estamos amenazados. ¿Protección es un conductor armado? Lo que pedimos son garantías, apoyo, pero no capacitaciones y ayudas que nos convierten en mendigos. Por eso es que nuestros hijos se van a los grupos armados y nuestras hijas se prostituyen. Yo quisiera que hubiera más interés del Estado con las víctimas. Le pido al Presidente Santos que si su programa banderas es la reparación a las víctimas que lo demuestre o ¿Cuál es la oferta institucional para la gente aquí?".

Rosa fue muy cercana a Ever. Fue su compañero de mesa, de lucha, de fiestas. El asesinato la descompuso y no pudo contener la rabia y la desilusión en pleno evento de entrega de resultados. Le pregunté quién había matado a Ever y dijo: “Le llego a contestar eso y no llego a Planeta Rica. Téngalo por seguro. Si le digo algo no llegó a Planeta Rica. Es mi vida la que está en juego. Tengo hijos y nietos y mi lucha es por las víctimas no contra las bandas criminales. Nuestra lucha es pelea de tigre con burro amarrado”.

Y así, mientras la mayoría aplaudía al Presidente o entonaba los vallenatos recordando a Yolanda Izquierdo, líder de los parceleros de Santa Paula, asesinada en 2007 por Sor Tereza Gómez, testaferra y familiar de los Castaño, Rosa contenía las lágrimas y apretaba las mandíbulas. Para ella si bien la entrega de Santa Paula era importante, se trataba sólo de un acto simbólico. Un evento montado para espantar los fantasmas del paramilitarismo que aún rondan Córdoba y que sólo un día antes habían asesinado a Ever Cordero.