Ecos de la salida de Naranjo

Diferentes versiones sostienen que el ex director de la Policía tuvo fuertes diferencias con el alto comisionado para la Paz, Sergio Jaramillo.

El general Óscar Naranjo es uno de los plenipotenciarios del Gobierno en la mesa de diálogos con las Farc en La Habana (Cuba). /EFE

Hasta el viernes pasado, el exdirector nacional de la Policía, general (r) Óscar Naranjo, ocupó el cargo de ministro consejero para el Poscoflicto y la Seguridad Ciudadana. Una entidad que ni era ministerio ni era consejería. Y aunque la Casa de Nariño no ha confirmado su salida, e incluso en un primer momento lo negó, ya es una versión a voces. “Todo fue muy súbito. El lunes pasado hubo una reunión en un club entre Naranjo y su equipo de colaboradores: Aníbal Fernández, de la Dirección de Seguridad Ciudadana; Guillermo Rivera, de la Consejería para los derechos Humanos; Alexandra Guáqueta, de la Dirección de Cooperación Internacional y el general (r) Rafael Colón, quien dirige la Acción Integral contra las Minas Antipersonal.

Dicen que fue un encuentro muy tenso en el que Naranjo no ocultó su “molestia y frustración, según detalló una fuente que pidió la reserva de su nombre. Fuentes del gobierno dijeron de forma extraoficial que el exdirector de la Policía necesitaba de todo su tiempo y energía para dedicarse a la mesa de diálogos de La Habana. Se dijo incluso que era un momento oportuno para ajustar estructura de la Presidencia, tema del que también se habló el 2 de junio, a propósito de la salida del llamado ““súper ministro” Néstor Humberto Martínez. Con más timidez, algunos señalan que el Ministerio del Posconflicto es una entidad sin dientes y sin misión, y que eso aburrió a Naranjo.

Pero detrás de esas explicaciones hay otras hipótesis que aunque se dicen en voz baja, explicarían de alguna forma la repentina y sigilosa renuncia del general (r). En lo que coinciden todos los consultados es en que una de las cosas que motivó la citada dimisión fueron las “constantes diferencias” con el alto comisionado para la Paz, Sergio Jaramillo. Algunos afirman que las discrepancias son profundas y llegan a lo personal, otros creen que los problemas son más por asuntos laborales y que el diseño institucional no ha quedado bien hecho, lo que genera un choque de competencias.

Las versiones más ácidas consideran que la “frustración del general” empezó con la agitación electoral. Dicen que le propusieron ser fórmula vicepresidencial de Santos en 2014, que en las encuestas registraba como un personaje con reconocimiento público y buena imagen, y que incluso su presencia podría contribuir a aclimatar una reconciliación con el uribismo. Pero como se sabe, el primer mandatario se decidió por Germán Vargas como fórmula y a Naranjo se le dejó el Ministerio para el Posconflicto.

Otra versión concluye que las diferencias entre Naranjo y Jaramillo se dieron con ocasión de la creación del “ministerio-consejería”, ya que, según el decreto por el que fue creado, su misión es “articular la visión de conjunto del Gobierno sobre el posconflicto y asesorar al presidente de la República en la formulación, estructuración y desarrollo de las políticas y programas relacionados con el posconflicto”. Y el problema es que muchas de estas tareas las venía desarrollando la Alta Consejería para la Paz. Una entidad que además tenía asignados recursos, personal y programas.

En conclusión: a Naranjo se le dio entonces una coordinación con cuatro dependencias: la Acción contra las Minas Antipersonal, la Dirección de Derechos Humanos, la Dirección de Seguridad Ciudadana y la Coordinación de Cooperación Internacional. A pesar de eso, fue muy difícil gestionar los recursos para montar la nueva estructura. Esta variedad de funciones, según algunos, condujo a que Naranjo se viera enfrentado a Jaramillo y a distintas instituciones y ministerios. Por ejemplo, “se iba a montar una estrategia para la seguridad ciudadana, y el enfrentamiento era con el Ministro de Defensa, o con el del Interior, o con la Policía”. Valga recordar que en tiempos de la campaña electoral, la idea era que la Policía quedara en manos del Ministerio para el Posconflicto. Algo que nunca se dio.

“El nuevo ministerio nunca cogió camino ni logró estructurarse de manera plena. Porque la negociación está en proceso y aún todo es incierto. El posconflicto tiene componentes muy definidos: reinseción, víctimas, Fuerza Pública, sector público, sector privado etc. Y todo dentro del componente territorio. Vender el proceso de paz a todas esas instancias es una tarea gigantesca que requiere una articulación institucional y una armonización territorio-nación-sociedad muy compleja. Y seguramente vio que los instrumentos a la mano no eran suficientes”, le contó una alta fuente a El Espectador.

En ese contexto, Óscar Naranjo consideró que era mejor dedicarse de lleno a las funciones en la mesa de diálogos. Además, allí también tiene que convivir con Jaramillo. “Sergio quiere conducir el proceso de acuerdo con la estrategia definida con el presidente. El Ministerio debe desarrollarse manteniendo las líneas rojas que se marquen en La Habana y con una orientación hacia la reconciliación, que no está plenamente definida porque falta mucho por acordar. Entonces, seguramente se encontraba en el camino de las acciones con Naranjo pero no por diferencias propias, ni de desavenencias conceptuales, sino por lo limitado que es hoy el estado del arte de la negociación”, agregó la fuente.

Una versión más detalló que el oficial retirado buscó renunciar varias veces y que el presidente Santos siempre lo detuvo. Sin embargo, la situación con Jaramillo se hizo tan difícil que el jefe de Estado terminó aceptándole la dimisión. “Sergio es posesivo. Dice que todo es confidencial, que son funciones del alto comisionado, que esa política ya se está adelantando desde su oficina. Incluso se dice que Guáqueta es ficha suya y que tenía fuertes diferencias con Naranjo que resolvía amparándose en Jaramillo”, refirió.

Lo cierto es que el general Naranjo entregó el puesto el viernes, que no se sabe qué va a ocurrir con el Ministerio para el Posconflicto y que al interior de esa entidad se siente una gran incertidumbre en materia laboral. En este aspecto también corren rumores: que van a nombrar nuevo “supreministro”, que de pronto acaban con la figura para volver al sistema de consejerías y direcciones. Nada se sabe a ciencia cierta. Lo único claro es que Óscar Naranjo está hoy totalmente dedicado al proceso de paz como plenipotenciario, y a la vez hace parte de la subcomisión técnica para el fin del conflicto, y participa como cabeza del plan piloto de desminado humanitario, que se desarrolla conjuntamente con jefes guerrilleros. Ahora la pelota está en la cancha del presidente Santos, quien tarde o temprano, tendrá que definir qué va a pasar con el Ministerio del Posconflicto.

 

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