El ajedrez político sin la mesa

Mientras se resuelve si se hace una pausa en los diálogos de La Habana para darle curso al proceso electoral de 2014, el Gobierno y las Farc ajustan sus estrategias políticas para seguir moviéndose en sus contextos y sectores de influencia

El eventual regreso de Íngrid Betancourt a la actividad pública no sólo es opción electoral: es apoyo a la paz. / Archivo - El Espectador

La idea de suspender el proceso de paz mientras se adelanta el debate electoral de 2014 no tiene una negativa absoluta ni del gobierno Santos ni de las Farc. Aunque de aceptarse esta alternativa la controversia de fondo es si el receso puede estar acompañado de una tregua y si ésta sería bilateral o no, más allá de la opción de la pausa en los diálogos, las partes siguen desarrollando su propia estrategia política. El Ejecutivo, ampliando su radio de acción en el terreno del apoyo político, y las Farc consolidando el suyo en el escenario de la protesta.

Del lado del Gobierno, a pesar de que el propio presidente Santos de labios para afuera se muestra dispuesto a que las Fuerzas Militares intensifiquen sus operativos contra los jefes guerrilleros en Colombia, en su decisión de llegar a la paz por la vía negociada, el objetivo es ampliar el círculo de respaldo político al proceso de diálogo. La iniciativa es que, más allá de la propia coyuntura del Gobierno respecto al espinoso asunto de la reelección, se consolide una especie de frente popular por la paz con liderazgos de distintos matices.

Hasta el momento, esa bandera de respaldo crítico al proceso de paz en La Habana la han enarbolado especialmente sectores como la Marcha Patriótica y otras expresiones de izquierda democrática. Los demás movimientos políticos, más cautos frente a los diálogos con las Farc, se han venido sumando con diversos reparos. La idea ahora es que esos apoyos sean manifiestos y que cada día crezca el número de dirigentes públicos con arraigo político o internacional que se la jueguen abiertamente por el proceso de paz con la guerrilla.

El eventual regreso de la excandidata presidencial Íngrid Betancourt a la arena política constituye una de esas alternativas de apoyo franco y decidido por la salida negociada al conflicto armado. Esta semana trascendió que el Partido Verde planteó su nombre como posible cabeza de lista al Senado en las elecciones de marzo de 2014. Lo que poco se conoce es que su posible regreso a la política colombiana tiene un escenario paralelo: apoyar el proceso de paz de La Habana, más allá de si ello significa retornar al terreno de medirse en las urnas.

“El tema con el que sí estoy obsesionada es que no vayamos a perder la oportunidad de esta generación de hacer la paz, porque se nos puede resbalar de las manos como un jabón”, admitió Íngrid Betancourt en entrevistas radiales. Es más, su respaldo al proceso de paz lo hizo extensivo a la posible reelección del presidente Santos, de quien destacó sus condiciones para hacer la guerra sin renunciar a la búsqueda de la paz. Su ascendente político, a pesar de sus habituales críticos, representa una carta política favorable a los diálogos de La Habana.

Sin embargo, no es la única ficha del ajedrez político. El propósito es que otras voces con credibilidad ciudadana también se sumen al frente por la paz. Por ejemplo, que el vicepresidente Angelino Garzón lo haga y que de paso recorte las distancias hoy abismales con el Centro Democrático. O que líderes tales como Antonio Navarro Wolf o Clara López, sin declinar sus posturas de oposición o sus plataformas de cara a enfrentar al presidente Santos en las urnas, refrenden igualmente su respaldo a la continuidad de los diálogos.

Se trata de ampliar la franja política de apoyo al proceso de paz, sin que ello constituya unanimismo político o adhesión a la reelección presidencial. Un tema que no riñe con la idea de las Farc de no levantarse de la mesa de negociación, así su escenario político sea otro, siempre desde su perspectiva insurgente. Por eso le juega más a ampliar su influencia en el terreno regional, alentando desde el discurso la protesta pública, como una demostración de que el descontento social es real y que la paz es mucho más que la dejación de las armas.

Un terreno movedizo donde la teoría de la guerra popular prolongada posibilita una especie de ensayos de insurrección, en los que los bloqueos o las manifestaciones pueden ser aprovechados en su beneficio. Es decir, en ciertos momentos, alentar la provocación o filtrarse en las protestas legítimas hasta crear un ambiente de confrontación que demuestre la necesidad del diálogo permanente con los sectores populares. Más allá de su habitual guerra de guerrillas, insistir en otras formas de lucha, con frentes políticos alternos.

Lo demás se salda en la guerra. Por eso, el tema de las armas es el aspecto neurálgico. Como es lógico, el Gobierno busca que tarde o temprano las Farc las cambien por los votos, el dilema es encontrar la fórmula. Alrededor de la mesa se habla de una guardia indígena rural que transforme la estructura armada de la guerrilla en apoyo a la seguridad regional. A las Farc les preocupan más los comandos élites de las Fuerzas Armadas y extraoficialmente piden su eliminación. Un contrapunteo que de antemano prueba los apremios logísticos.

Una eventual tregua atraviesa por todos estos obstáculos, pero se pacte o no y sea ésta bilateral o de una sola vía, pasa necesariamente por el avispero político. El debate electoral ya está en marcha y más protestas públicas se avecinan. Por eso, más allá de si convenga hacer una pausa en los diálogos de La Habana para darle curso a la justa en las urnas, tanto el Gobierno como las Farc preparan sus fórmulas adicionales para seguir en el juego de la guerra y la paz. En el fondo, ambas partes siguen moviendo sus fichas ante el reloj de la historia.

Sigue el curso del referendo de paz

El próximo martes concluirá en la plenaria de la Cámara la discusión del referendo que permitiría que los eventuales acuerdos a los que se lleguen en La Habana, entre el Gobierno y las Farc, los vote la ciudadanía el día de los comicios presidenciales o de Congreso. 

 

Se espera, además, que la plenaria del Senado apruebe esta semana la misma iniciativa para que pase a estudio de la Corte Constitucional antes de las elecciones de 2014. Más allá de los riesgos propios de la mesa de negociaciones, sigue el tiempo jugando en contra de lo que allí se pueda concretar y de su viabilidad. En este ciclo, el XV ciclo de conversaciones, que empezó el 3 de octubre y deberá culminar el próximo 16 de octubre, ambas partes discuten lo referente a la participación política. Se espera que después se aborde el tema referente al narcotráfico, que se adelantó al debate.

Arremetida militar contra las Farc

“Uno no entiende cómo hablando de diálogos, hablando de paz, todo el aparato represivo, todas las fuerzas armadas de Colombia, todo el aparataje de muerte se incrementa”, dijo el viernes a la prensa Rodrigo Granda, uno de los delegados de las Farc en las negociaciones de paz con el Gobierno. La decisión que Granda calificó de “desafortunada” responde a la directriz que el miércoles pasado dio el presidente Juan Manuel Santos cuando anunció la creación de un Comando Conjunto para combatir los bloques Sur y Oriental de las Farc. En su declaración, Santos también declaró como “objetivo de alto valor” a los jefes guerrilleros Carlos Antonio Lozada, Romaña, Fabián Ramírez, El Paisa y Joaquín Gómez, quienes operan en el sur del país. “Ya no habrá más espacios donde ellos aprovechan falta de lindero claros para hacer sus operaciones”, precisó Santos al indicar que son cerca de 50.000 uniformados que tendrán que cumplir esa orden.