El presidente Iván Duque condenó el atentado en la Escuela General Santander

hace 1 hora
Este domingo terminan las sesiones ordinarias

El amargo cierre legislativo de Iván Duque

Las encuestas muestran una desfavorabilidad cercana al 70 % y en el Congreso el resultado no puede ser peor. Ni la reforma a la justicia ni el paquete anticorrupción se lograron salvar en el primer semestre de su mandato. El mismo destino tendrá la reforma política.

El presidente Iván Duque ha sido criticado por falta de liderazgo en el Congreso. Presidencia

Las fiestas decembrinas llegan acompañadas, generalmente, de un espíritu reflexivo. Es el momento propicio para hacer un balance, reconocer aciertos y desaciertos, hacer ajustes y, en muchas ocasiones, enderezar el camino. Y para un Gobierno que se está estrenando, como el de Iván Duque, es clave para definir su rumbo.

Más aun cuando se enfrenta a un panorama tan adverso en términos de percepción ciudadana y de relación con las otras ramas del poder público. El corazón del mundo político es el Congreso de la República, que este domingo termina su primer semestre de la legislatura 2018-2022 y donde es un secreto a voces que el primer corte de cuentas del Ejecutivo es absolutamente desastroso.

Una evaluación hecha por más de una docena de congresistas y tres exministros son los insumos para trazar la bitácora del naufragio en la agenda legislativa del Gobierno de Iván Duque. El epílogo de esta cadena de fracasos en el Capitolio Nacional podría ser el hundimiento este domingo de la reforma política que el Ejecutivo abanderó con el remoquete de la lucha contra la politiquería.

Con esto quedaría definido que en su arranque de gobierno, Duque no tendrá ninguna reforma constitucional y, tal vez, su balance de final de año sean apenas dos leyes ordinarias aprobadas, con el agravante de que ninguna de ellas alcanzó la meta con la cual fue radicada.

Tan tórrido ha sido el primer corte de cuentas en el Congreso que, ninguno de los consultados -incluyendo los partidos aliados del primer mandatario-, calificó con buena nota el final de año. Groso modo, fracasó con su paquete anticorrupción, con la reforma a la justicia, con la modificación a la JEP y, a última hora, logró salvar la prórroga de la Ley de Orden Público, que le permite al Estado adelantar conversaciones con grupos armados ilegales. Eso sí, no logró introducir en ella la disposición que abanderó el Centro Democrático para dejar en manos del Gobierno Nacional la decisión de revivir las órdenes de captura contra excombatientes de las Farc.

Para el balance fueron elegidos los más destacados parlamentarios de todos los partidos y solo los que se declararon en oposición permitieron ser citados, mientras que los miembros de los partidos independientes y de Gobierno solicitaron la reserva de su identidad.

En general, la mayoría coincidió en que el mandato de Duque empezó a fallar desde la designación de su gabinete, en el cual apenas dos ministros habían tenido alguna relación con el mundo político: Nancy Patricia Gutiérrez, ministra del Interior, y Alberto Carrasquilla, ministro de Hacienda.

“El presidente eligió perfiles muy técnicos, pero sin ningún peso político, sin interlocución con los congresistas y sin la experiencia que se necesita para enfrentarse a senadores del peso de Roy Barreras, Jorge Robledo, Efraín Cepeda, Rodrigo Lara y Gustavo Petro”, señaló un exministro.

No se había posesionado Duque cuando vino el primer campanazo. Dos días antes de que se instalara el nuevo Congreso, el Partido Liberal y Cambio Radical firmaron un acuerdo para actuar unidos en materia legislativa. Este bloque, con César Gaviria y Germán Vargas Lleras a la sombra, suma 95 parlamentarios y, evidentemente, han llevado la batuta de los ritmos del Legislativo.

Además, con esta alianza quedó anunciada la derrota del Gobierno para conformar las mesas directivas de las comisiones y de las plenarias en Senado y Cámara. “Es la primera vez en los tres períodos que llevo en este Congreso que se inicia el período sin definir las presidencias de las mesas directivas. El Centro Democrático y el Gobierno no quisieron llegar a acuerdos políticos y perdieron las posiciones claves. No tienen el control de la Comisión Primera de Senado, entregaron la Presidencia de la Cámara y, al final, solo se quedaron con la Presidencia del Senado, en manos de Macías”, narró un experimentado legislador del conservatismo.

Para completar este inusual arranque legislativo, Cambio Radical se le adelantó con la presentación de los proyectos que Duque había anunciado como banderas de su mandato -como las reformas a la justicia y tributaria o el revolcón al sistema de salud-, dejando al Ejecutivo atado a que se conformara con que sus proyectos fueran adheridos a los ya radicados por el partido de Vargas Lleras, por unidad de materia.

“La improvisación se hizo evidente cuando un mes después de iniciadas las sesiones no llegaban los proyectos de Presidencia. La radicación de la reforma a la justicia por parte de Cambio (Radical) mató la idea de consultar y lograr consensos con las altas cortes, entonces llevaron al Congreso un texto mediocre”, comentó una voz liberal.

Sin embargo, la falta de iniciativas de hondo calado durante el primer mes no fue tan evidente, porque el mundo político se entretuvo con la elección del nuevo contralor general. Centro Democrático llegó con José Félix Lafaurie como candidato del oficialismo, pero rápidamente su candidatura se desinfló ante los guiños de César Gaviria y Germán Vargas Lleras a Felipe Córdoba.

A Duque no le quedó de otra que disimular la derrota con una premisa que ahondó su distancia con el Legislativo. El mandatario sugirió que no intervendría en la independencia del Capitolio y que la nueva relación de este con la Casa de Nariño sería “antidiabética”, es decir, sin mermelada.

En el entretanto, se vino la consulta anticorrupción, con lo cual el presidente tuvo la primera ruptura con su jefe político y su propio partido. El expresidente Álvaro Uribe y el Centro Democrático denigraron de la consulta y la consideraron una bandera de Claudia López. Duque, por su parte, tímidamente la apoyó.

Solo hasta mediados de septiembre el Gobierno llevó su agenda al Congreso, reforzando el mensaje de ruptura con el mundo parlamentario. “Ha habido una gran falla y es que el Legislativo debe sentir que forma parte del poder. El hecho de que el presidente no haya dejado subir al bus del Gobierno a los congresistas hace que ninguno se sienta comprometido con sus iniciativas. No creo que haya existido un gobierno que en el primer año haya demostrado tanta ineficiencia legislativa y eso se explica porque no hay una interlocución con los congresistas. No les dan cita, no les contestan el teléfono y han confundido la representación política con la mermelada tóxica. El corazón de la democracia es el equilibrio de las fuerzas que se da producto de la representación política, pero aquí se ha criminalizado el oficio político, calificando todo de mermelada y enrareciendo la relación Ejecutivo-Legislativo”, explicó un veterano político del Partido de la U.

La distancia no solo se marcó con los partidos independientes, sino que, poco a poco, se fue agrietando con el uribismo. Los congresistas del Centro Democrático tampoco se sintieron representados en el Gobierno fielmente, ni respaldados por los altos funcionarios en los debates dentro del Capitolio.

“Se necesita un cambio urgente en el Ejecutivo. Tiene que empezar a gobernar y dejar de intentar satisfacer a sus contradictores, porque ellos nunca van a estar contentos con lo que haga el presidente Duque. Tiene que abandonar esa intención de quedar bien con todo el mundo. Necesitamos ya que asuma el mandato que le dio la mayoría, que implica luchar contra la corrupción, modificar los acuerdos de paz con las Farc. Hay que hacerlo sin timidez, porque por eso votamos por él. Es que uno ve que quiere quedar bien con Claudia López, con los partidos de oposición, concertar con las cortes la reforma a la justicia y con las Farc el Acuerdo de Paz. Así no se puede gobernar. Tiene que hacerlo con su partido y con las tesis que lo llevaron a la Presidencia. En el Centro Democrático muchos sentimos que no tenemos representación en el Gobierno y está perdiendo (Duque) el apoyo de los que lo llevamos al poder”, dijo un miembro de la bancada uribista.

Tan difícil la ha tenido el jefe de Estado que, en la última semana, se ha visto una auténtica rebelión parlamentaria. La reforma a la justicia se quemó en la puerta del horno; a la ministra del Interior la chiflaron en la Cámara de Representantes, al tiempo que le pedían que se bajara del atril; a Susana Correa, directora del Departamento para la Prosperidad Social, la sacaron de la plenaria a gritos congresistas que la acusaban de estar presionando para votar a favor del Gobierno; la promesa de la lista cerrada y de la paridad de género naufragó sin que pudiera hacer nada; el jefe único del liberalismo, César Gaviria, retó vía Twitter a Duque a que le demostrara que su partido le estaba pidiendo burocracia.

En síntesis, la agenda reformista que el Gobierno prometió no tomó vuelo en este primer semestre y solo le queda tratar de sacar adelante en sesiones extraordinarias una poco popular reforma tributaria, llamada ley de financiamiento, y una mal vista reforma a las telecomunicaciones.