Partido de la U, una olla de presión

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Las renuncias de los senadores Roy Barreras y Armando Benedetti a la colectividad alborotaron el avispero y ahondaron las distancias entre quienes quieren seguir siendo gobiernistas y quienes prefieren la independencia.

En menos de cinco horas, el Partido de la U perdió más de 172 mil votos, dos curules y a su mayor elector. En la tarde del pasado jueves 15 de octubre los senadores Roy Barreras y Armando Benedetti presentaron su renuncia a la colectividad, en la que militaban desde hace más de una década. Eso sí, ambos señalaron que seguirían en sus curules, pues las habían ganado con las votaciones a nombre propio que recibieron en 2018. Aunque se conocían desde hace algún tiempo sus discrepancias con el sector mayoritario del partido, declarado gobiernista, pocos esperaban que llegaran a abandonarlo del todo, más aún cuando incluso lo presidieron en períodos distintos.

El primero en dar el batacazo fue Roy Barreras. A través de su cuenta en Twitter, el mayor elector de la U al Congreso dijo que renunciaba por “diferencias ideológicas irreconciliables” que “generaron una fractura irreparable”. La decisión implicó una dura controversia sobre el futuro de su curul, pues algunos señalaron que le pertenecía al partido, mientras que este hizo énfasis en sentencias del Consejo de Estado que señalan que podía seguir en el escaño. Horas después, Armando Benedetti tomó el mismo camino de hacerse a un lado, impulsado -y casi obligado- ante la determinación de Barreras.

La salida de ambos se habría gestado a raíz de las disputas internas por la dirección de la U. Miembros del partido le comentaron a este diario que el miércoles se difundió el rumor que desde la Casa de Nariño se había pedido que Dilian Francisca Toro, exgobernadora del Valle del Cauca, fuera la nueva directora de la colectividad. Mientras que Barreras habría reclamado por la intromisión del Ejecutivo, Benedetti se habría movido para conseguir apoyos con el fin de ser su director, posibilidad que venía barajando desde hace algún tiempo. Sobre este punto, Barreras respondió: “No importa quién esté en frente, si este es un empleado del gobierno Duque. Cuando el Gobierno toma el control de un partido, no hay garantías para quienes criticamos ese Gobierno”.

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Afines al ala gobiernista negaron que Duque estuviera pidiendo que Toro fuera la nueva cabeza de la U. Otros, como la representante Norma Hurtado, señalaron que la idea de que la exgobernadora “tome las banderas” vino de un grupo de 14 congresistas. Estos habrían dicho que el partido necesitaba la presencia de alguien en la dirección, dado que en el último tiempo quien ocupa tal dignidad, el exministro Aurelio Iragorri, ha estado ausente por causa del COVID-19. Sin embargo, todo indica que el objetivo de Toro es figurar en el listado de precandidatos presidenciales de 2022, aunque con los últimos sucesos ha dicho que podría contemplar la idea de asumir la jefatura con el objetivo de unir al partido.

Lo cierto es que la ausencia de Iragorri por cuestiones de salud ha cambiado las dinámicas de la colectividad e incluso ha imposibilitado que se lleve a cabo la convención nacional, aplazada desde marzo por cuestiones de la pandemia. La convalecencia del exministro llegó en el momento de más tensiones internas y, por ejemplo, la decisión de apoyo al ministro Carlos Holmes Trujillo en el reciente debate de moción de censura en la Cámara se tomó sin una discusión de bancada. Ahora, con la salida de Barreras y Benedetti, que se declararon independientes, se teme la salida de otros congresistas que se sentían identificados con dicha línea y que están en desacuerdo con los acercamientos cada vez más profundos con el “desprestigiado” gobierno Duque.

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La renuncia de estas dos fichas claves se venía cocinando desde septiembre de 2018, cuando la U se declaró partido de gobierno, sin importar que un sector considerable era afín a las banderas de la paz heredadas de la administración de Juan Manuel Santos. Las diferencias desde entonces solo fueron creciendo y tanto Barreras como Benedetti, en compañía de otros legisladores, mostraron su rechazo al creciente apoyo de la colectividad a las iniciativas del Gobierno. La U fue fundamental para sacar adelante propuestas como la reforma tributaria y la cadena perpetua para violadores y asesinos de menores de edad. Y el afianzamiento en el Gobierno se selló con el nombramiento, en febrero pasado, del exsenador Ángel Custodio Cabrera como ministro de Trabajo.

La pandemia también acrecentó los choques en el partido, creado en 2005 para garantizar la reelección de Uribe. La no realización de la convención nacional en marzo puso en duda la legitimidad del mandato de Aurelio Iragorri, cuyas directrices fueron puestas en duda por Benedetti, al considerar que su período ya estaba vencido. Luego las elecciones de defensor del Pueblo y de procuradora dejaron heridas incurables. En el caso de la Defensoría, hubo choques entre los partidarios de dos miembros de la colectividad, Carolina Carrillo y Elizabeth Martínez, para figurar en la terna. Al final, ninguna fue incluida y la U llegó de últimas a darle su apoyo a Carlos Camargo, quien resultó elegido con el guiño del Ejecutivo.

En la Procuraduría, buscando evitar otra debacle política similar, Benedetti fue el líder de la estrategia para adelantarse a los demás partidos y darle el apoyo a Margarita Cabello, que al final resultó elegida por el Senado como sucesora de Fernando Carrillo. Esta movida no le gustó a Barreras, un motivo más para apurar su renuncia: “Hubo otro episodio cuando el partido presionó la elección de la exministra de Justicia como procuradora, a pesar de mi rechazo a ese procedimiento en el que ni siquiera quisieron escuchar a los demás candidatos. Ese tipo de actuaciones autoritarias en respaldo a un Gobierno autoritario no permiten que podamos seguir en ese viejo partido”.

Ante esta división, Barreras propuso en septiembre la escisión. Sin embargo, según señaló un representante de la colectividad, esa figura aún no está reglamentada ni contemplada en los estatutos. Por eso, la única solución fue la renuncia, tanto para Roy Barreras como Armando Benedetti. Ambos saldrían a trabajar por la naciente bancada de la social democracia, aunque el primero tiene pensando ser candidato presidencial para 2022. Por otro lado, el ambiente en el Partido de la U no parece cambiar. Como señaló un represente consultado, “las diferencias empiezan a ser grandes y profundas” entre los independientes a favor de la paz y la mayoría gobiernista. “La capacidad de acción en el interior para los que somos minoría es muy compleja”, concluyó.

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