Por el control legislativo

Armando Benedetti, José David Name y Óscar Mauricio Lizcano, del Partido de la U, se pelean hoy la presidencia del Senado en el primer año. A los conservadores no les darían nada.

El próximo 20 de julio, el reelecto presidente Santos instalará el Congreso para el cuatrienio 2014-2018. / Archivo - El Espectador

Surtido el debate electoral presidencial, el país político centra por estos días su atención en el arranque del nuevo Congreso de la República para el cuatrienio 2014-2018, a partir del próximo 20 de julio. Desde ya se sabe que ese será el escenario del pulso entre santismo y uribismo, que en parte significará la gobernabilidad del segundo mandato de Juan Manuel Santos. Y como es habitual, las reuniones están a la orden del día y en la llamada mesa de Unidad Nacional se plantean propuestas de cara a asegurar el control de las mesas directivas, tanto del Senado como de la Cámara de Representantes, así como también en sus respectivas comisiones.

De entrada, los tres partidos de la coalición de gobierno —la U, Liberal y Cambio Radical— han nombrado cuatro compromisarios por colectividad, quienes se encargarán de conciliar la composición de esas mesas directivas. Y según lo establecido hasta el momento, hay quienes no quieren que se le dé representación al Partido Conservador, ante la postura asumida en la campaña por su directorio nacional a favor del uribismo. Al fin y al cabo, dicen, esa fue su apuesta y perdieron. Sin embargo, otros reconocen que hubo congresistas fieles a la causa reeleccionista y no sería justo dejarlos por fuera del juego.

¿Y el Centro Democrático de Álvaro Uribe? Aunque tendrá 19 senadores, en la Cámara apenas contará con 12 escaños, lo que irremediablemente lo convierte en minoría. Hay quienes desde el conservatismo han hablado de una alianza para hacer oposición a Santos, en la que incluso meten al Polo Democrático. Pero esa es una posibilidad difícil de hacer realidad, primero, porque sin duda los grandes barones políticos de los azules, que estuvieron con Santos, no querrán perder sus cuotas de poder en el Ejecutivo, y segundo, porque ese imaginario que algunos quisieron proponer de Jorge Robledo o Alexánder López, senadores del Polo, unidos a Uribe, es un imposible ideológico, por más enemigos del Gobierno que sean.

Así las cosas, los pactos iniciales señalan que para el próximo cuatrienio el Partido de la U tendrá la presidencia del Senado, en el segundo año será para los liberales, en el tercero volverá la U, y cerrará Cambio Radical. En la Cámara de Representantes, el primer año será para los liberales, el segundo para la U, el tercero otra vez para los rojos, y Cambio Radical estará al mando en el último. Claro, las normas exigen que las minorías y la oposición tengan sus cuotas y estas estarán en las vicepresidencias. De todas maneras, a nivel de comisiones, el objetivo es que queden también en manos de los partidos de la Unidad Nacional.

Hablando con nombres propios, el pulso por la presidencia del Senado para el primer año de la entrante legislatura lo libran en la U Armando Benedetti, José David Name y Óscar Mauricio Lizcano. Al primero, aunque se cree que no tiene apoyos en el interior de la colectividad y que su elección sería muy difícil, se le reconoce su valorización en la última etapa del proceso electoral, pues le puso votos a la campaña santista en Bogotá y en el Caribe, regiones claves para el repunte final en la segunda vuelta. Además se dice que en la Casa de Nariño le tienen confianza porque ya fue presidente de la corporación, precisamente en el primer año del mandato de Santos, cuando se sacaron adelante la Ley de Víctimas y la reforma a las regalías, entre otras iniciativas.

En cuanto a Name, siendo la tercera votación del Partido de la U —detrás de Musa Besaile y Ñoño Elías, quienes declinaron cualquier aspiración a ser directivos en el Congreso—, se rumora que si es por cuestión de votos, sería el elegido, pero que en su contra juegan el bajo perfil y el poco liderazgo mostrado hasta ahora. Y en la coalición de gobierno se quiere tener a una persona que hable duro, pues los pronósticos de tormenta por la llegada de Uribe y sus fichas al Capitolio son altos. Sobre Lizcano se habla de que ha hecho una buena campaña entre los demás congresistas y tiene posibilidades por sus buenas relaciones. Además, el ser hijo del excongresista Óscar Tulio Lizcano, quien estuvo secuestrado por las Farc, le da un plus a favor, pensando en que el próximo Congreso ha sido llamado el de la paz. También ha sido presidente de las comisiones Tercera y de Paz.

Para la Cámara de Representantes, los candidatos en las toldas del Partido Liberal son Édgar Pote Gómez, Jack Housni, Fabio Amín y Diego Patiño. El primero ya fue presidente de la corporación, actualmente es senador y para las pasadas elecciones se devolvió a la Cámara para no competir con su aliado político, Horacio Serpa, en Santander, su departamento de origen. Housni, por su parte, es de San Andrés y se le considera muy cercano a Simón Gaviria, el director de la colectividad roja. Dicen que el presidente Santos lo tiene bien referenciado y lo considera un congresista serio, pues fue uno de los que más respaldaron al Gobierno luego del fallo de La Haya a favor de Nicaragua. Amín es también un congresista con buena aceptación en el partido y tiene el respaldo del grupo de la senadora Arleth Casado de López, que en Córdoba le metió fuerte el hombro a la reelección del presidente. Y Patiño, oriundo de Risaralda, no es muy conocido y sería el menos opcionado.

Es el tire y afloje que se vive en los partidos de la Unidad Nacional de cara a la conformación de las mesas directivas del Congreso, donde estarán puestas las miradas a partir del 20 de julio. No sólo por la llegada del uribismo como una fuerza que, así no sea mayoritaria, llegará con la intención de hacer estricto control político al Gobierno y presentar sus propios proyectos, sino también porque los compromisos del segundo gobierno Santos son grandes y ambiciosos. El más importante: consolidar con leyes los eventuales acuerdos que se firmen con las Farc en el proceso de paz de La Habana.