El día trágico para el uribismo

Los seguidores del Centro Democrático tuvieron el miércoles su jornada más funesta, luego de decisiones en contra de sus alfiles y el esperado anuncio del cierre de negociaciones en La Habana.

Referencia / Cristian Garavito - El Espectador.

El expresidente Álvaro Uribe y su guardia pretoriana recordarán el 24 de agosto de 2016 como una fecha en la que todo les salió mal. A primeras horas, el exministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias, quien se encontraba en Estado Unidos tramitando una solicitud de asilo, fue capturado por las autoridades de este país. (Lea: Próximo viernes se definirá situación jurídica de Andrés Felipe Arias en EE.UU.)

Después, se impusieron las mayorías en el Congreso y en contradicción con la bancada del Centro Democrático, el magistrado Jorge Pretelt fue suspendido y ahora tendrá que afrontar un proceso jurídico ante la Corte Suprema de Justicia. (Lea: Senado suspendió del cargo a Pretelt y lo dejó en manos de la Corte Suprema)

Pero el golpe fulminante se dio al finalizar la tarde cuando, desde La Habana (Cuba), los equipos negociadores del Gobierno y de las Farc, anunciaron que habían culminado el acuerdo con el que se pone fin al conflicto de más de 50 años. (Lea: Este es el texto completo de los acuerdos firmados en La Habana)

Así fue el funesto día del uribismo. Muy temprano, a eso de las 8:00 a.m., el propio Uribe se encargó de hacer pública la detención en el estado de Florida (EE.UU.) de Andrés Felipe Arias, ministro de Agricultura entre 2005 y 2009. La Policía Migratoria de EE.UU. llegó hasta la casa de Arias y lo arrestó, indicándole que en su contra existía una orden de captura con fines de extradición emitida por la Corte Suprema de Justicia de Colombia desde 2014, debido al escándalo de Agro Ingreso Seguro. La captura de Arias nubló el cielo del uribismo y le hizo presagiar que no sería el mejor de sus días, pues desde el miércoles se conocía que el cierre de los acuerdos en La Habana era una realidad, que se iba a ratificar en cualquier momento del día.

La tarde transcurría. Los uribistas se deshacían en teorías conspirativas y agravios. En redes sociales, los seguidores del Centro Democrático afirmaban que la captura de Arias fue ordenada por Santos. O por Timochenko. O que hacía parte de los acuerdos firmados en La Habana. Incluso se alcanzó a leer que la justicia estadounidense recibió “mermelada” para hacer efectiva la captura del exministro de Agricultura. Y mientras el uribismo se lamentaba por la posible extradición a Colombia de Arias para que defina su situación judicial (condena de 17 años y 4 meses de prisión y una multa de más de $30.000 millones), la segunda lanza del día atravesaba el orgullo uribista.

Hacia las 2:30 p.m., tras una intensa sesión en el Senado, la plenaria decidió suspender al magistrado Jorge Ignacio Pretelt de su cargo, para que continúe la investigación penal que hay en su contra por el delito de concusión, pues es señalado de haber pedido $500 millones a la liquidada compañía Fidupetrol en el trámite de una tutela ante la Corte Constitucional. La votación: 55 votos a favor, 5 en contra, y el abandono de la bancada de un Centro Democrático que presagiaba la que tal vez sería su peor jornada en la corta historia de la colectividad, a la vez que lamentaba la decisión contra uno de sus grandes aliados.

El twitter de Álvaro Uribe, habitualmente dinámico y polémico, permanecía quieto. Luego de haber expuesto la detención de Arias no volvió a moverse como de costumbre, más allá de un par de trinos sobre uno de sus temas de debate: las Farc. Uribe, consciente de lo que estaba a punto de pasar, no habló más de Arias ni de Pretelt, y envió un par de mensajes sobre el acuerdo que en horas iban a anunciar los plenipotenciarios del Gobierno y la guerrilla. Para no perder la costumbre, hizo un par de denuncias antes de enfrentarse a las horas menos afortunadas en su vida pública.

Pasadas las 6:00 p.m., la mesa de diálogos de La Habana se aprestaba a recibir a Rodolfo Benítez (garante de Cuba en la mesa de conversaciones), Humberto de la Calle, Iván Márquez y Bruno Rodríguez (ministro de Exteriores de Cuba). Los discursos, el apretón de manos entre De la Calle y Márquez, la alocución de Santos celebrando el cierre de las negociaciones, desataron en Colombia un júbilo por la esperanza de poder acabar con la guerrilla más antigua del continente. El uribismo, taciturno, como era de esperarse arremetió contra el acuerdo, recurriendo a las frases con las que ha logrado atrapar a miles.

El silencio de Uribe contrastaba con las manifestaciones de rechazo de los más connotados miembros del uribismo. “La entrega del país a las Farc”, “La llegada del comunismo a Colombia”, “Proceso de impunidad”, entre otras, fueron las citas a las que recurrieron los congresistas, alcaldes y demás miembros del Centro Democrático, luego de concluidas las negociaciones en La Habana, gritando lo más alto que pudieron su “No” al proceso, mientras su líder, pasmado, permaneció silente hasta el final del día.