El efecto María del Pilar Hurtado

La entrega de la exdirectora del DAS alborotó el avispero. El uribismo prepara una ofensiva internacional, no sólo contra el proceso de paz sino también para denunciar persecución.

El expresidente Álvaro Uribe. / Gustavo Torrijos

“Yo soy un combatiente de frente”, fue lo que dijo el expresidente y hoy senador del Centro Democrático Álvaro Uribe esta semana, en entrevista para Noticias Caracol, respondiendo a quienes quieren echarle el agua sucia de las chuzadas del DAS tras la entrega de su exdirectora María del Pilar Hurtado, hoy detenida en el búnker de la Fiscalía. Un hecho judicial con incalculables implicaciones políticas y que acabó definitivamente con las remotas esperanzas que algunos tenían de que se diera un desescalamiento de la confrontación entre uribismo y santismo, como en algún momento lo llegó a plantear el excomisionado de Paz Luis Carlos Restrepo.

Hoy, el exmandatario, quienes han sido sus alfiles y su bancada se encuentran a la defensiva jurídica y a la ofensiva política. No sólo por el caso de las chuzadas sino también por el que enfrenta el excandidato presidencial Óscar Iván Zuluaga por cuenta de las interceptaciones que supuestamente habría hecho para su campaña el hacker Andrés Sepúlveda a los negociadores del Gobierno en el proceso de paz con las Farc en La Habana. Y también por la reciente decisión de la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Medellín de compulsar copias para que Uribe sea investigado por su presunta responsabilidad en la masacre de El Aro, ocurrida en 1997.

Por eso, más allá de Twitter, la red social convertida en su principal trinchera, Uribe busca pasar ahora a la ofensiva internacional, así la mesa directiva del Senado se haya negado a autorizar su ausencia en las sesiones extraordinarias iniciadas el pasado viernes con el fin de discutir el Plan Nacional de Desarrollo. Con o sin permiso, irá a Washington a reunirse con legisladores republicanos para exponerles las razones de su acérrima oposición al proceso de paz. Y ya se dice que en la Casa de Nariño hay preocupación por la ascendencia que aún tiene en algunos círculos de la política estadounidense y las prevenciones que podría generar frente a los diálogos con la guerrilla; al fin y al cabo el Partido Republicano es ahora mayoría en su Congreso.

Encuentros que, sin duda, servirán igualmente para hablar sobre lo que el uribismo considera es la “persecución política” de la que es víctima por parte de la Fiscalía y el gobierno del presidente Santos. Un tire y afloje que —quiérase o no— tiene como trasfondo las elecciones locales y regionales de octubre próximo, donde la lucha por ese poder bien podría marcar el futuro respaldo ciudadano a los acuerdos que eventualmente se concreten en La Habana. Por algo esta semana, una vez se conoció una encuesta que mostraba el estancamiento del exvicepresidente Francisco Santos en su aspiración a la Alcaldía de Bogotá a nombre del Centro Democrático, Uribe hizo una visita a su sede de campaña, se tomó una foto con él y trinó: “El doctor Santos quiere a Bogotá, la estudia con fervor, desea servirla”.

Como quien dice, para el uribismo la pelea es peleando. Lo cierto es que la confrontación política se agudiza y ya hay quienes hablan de la “judicialización de la oposición”, como cuando el uribismo gobernaba, hablaba de “guerrilleros vestidos de civil” y la izquierda reclamaba. La disputa es tal que el ciclo 32 de las negociaciones de paz en Cuba pasó a un segundo plano. Son muchos los interrogantes que aún están sin respuesta y que giran alrededor de procesos que protagonizan más en los medios de comunicación que en los mismos estrados judiciales. Por eso las suspicacias, los rumores y las incertidumbres. Y por eso se hace necesario que la justicia actúe, con toda la transparencia y dando todas las garantías, lo más pronto posible, para que Colombia salga de este embrollo que para lo único que sirve es para agudizar la tan dañina polarización. Escenario que, lo saben bien en la Casa de Nariño, juega en contra de los anhelos de paz y de la reconciliación nacional.