El embrollo de la constituyente

Gobierno y guerrilla presentaron el primer informe conjunto sobre los avances en la mesa. Las Farc insisten en que para sentar las bases de la paz, se requiere un nuevo contrato social, legitimado por la constituyente.

El embajador venezolano ante la OEA, Roy Chaderton, reapareció como acompañante a la mesa de diálogos de La Habana, después de los inconvenientes por la visita de Henrique Capriles al presidente Juan Manuel Santos. / EFE
El embajador venezolano ante la OEA, Roy Chaderton, reapareció como acompañante a la mesa de diálogos de La Habana, después de los inconvenientes por la visita de Henrique Capriles al presidente Juan Manuel Santos. / EFE

Ya se sabe que para las Farc la realización de una constituyente como mecanismo de refrendación de los eventuales acuerdos que se alcancen con el Gobierno en La Habana es un inamovible. Pero si en la Casa de Nariño, desde el presidente Juan Manuel Santos para abajo, se ha dicho que el principal objetivo del proceso de paz es que la guerrilla cambie las balas por los votos, otra cosa piensan los negociadores del grupo subversivo que ayer, en un nuevo comunicado ampliando sus diez “propuestas mínimas” sobre participación política, le agregó a los objetivos finales de los diálogos un nuevo ingrediente: darle viabilidad jurídica y política a la convocatoria constituyente.

En concreto, para las Farc, la mesa de negociación en Cuba debe definir la formación de dicha constituyente, “incluida de manera especial la participación de las fuerzas insurgentes, así como el temario, el cual debe perfeccionar diseños actuales inconclusos, incorporar nuevos y contener en todo caso cláusulas pétreas en materia de derechos fundamentales”. Mejor dicho, la guerrilla quiere una nueva constitución como “verdadero tratado de paz, justo y vinculante, que funde nuestra reconciliación, rija el destino de la Nación colombiana y la encauce hacia la mayor democratización política, económica, social y cultural”.

De hecho, en el comunicado, leído por el jefe de la Delegación de las Farc en los diálogos con el Gobierno en La Habana, Iván Márquez, se dan también puntadas sobre quiénes, en su concepto, deberían tener asiento en esa asamblea constituyente: los partidos políticos; los movimientos políticos y sociales; las comunidades campesinas, indígenas y afro descendientes; las víctimas del conflicto; las mujeres y los jóvenes; la comunidad LGTBI; los militares retirados, así como a las organizaciones guerrilleras alzadas en armas contra el Estado. En esencia, las Farc plantean un “gran acuerdo política nacional” que comprometa a todos los poderes públicos del país.

Una postura inflexible que por ahora muestra la guerrilla, que el gobierno Santos —también por ahora— no está dispuesto a considerar, pues según el ministro del Interior, Fernando Carrillo, la Constitución de 1991 es el documento más progresista en América Latina, pues ofrece todas las garantías para el desarrollo de lo que se pacte en Cuba, y, además, meterse en la incertidumbre de una nueva constituyente, podría llevar a una Constitución contrarrevolucionaria, que eche atrás muchas de las conquistas sociales alcanzadas desde hace 22 años. Incluso, si bien las Farc consideran que en los acuerdos se debe garantizar su participación en la constituyente, Carrillo no cree que la sociedad colombiana esté dispuesta a elegir a muchos de sus miembros para ella.

Una sin salida que seguramente llevará a arduos debates en la mesa de diálogos, donde después de 10 ciclos de conversaciones y en la antesala de iniciar de lleno las discusiones, a partir del próximo 1° de julio, se respira un ambiente de optimismo. ¿La razón? Gobierno y Farc dieron a conocer ayer su primer informe conjunto sobre lo que se ha hecho hasta el momento en La Habana. Un documento de 13 páginas, en el que se explica más a fondo algunos de los consensos alcanzado ya en torno al primer punto de la agenda, el de política agraria, y se insiste en que “nada está acordado hasta que todo esté acordado”, y que lo construido hasta el momento está condicionado a que se llegue al acuerdo final sobre la totalidad de los puntos.

En este corte de cuentas, se explica la metodología utilizada en la mesa de negociación y se revela que la página www.mesadeconversaciones.com.co, habilitada desde enero para la recepción de propuestas de la sociedad civil, ha recibido 34.101 visitas. Adicionalmente, la página ha recibido 3.620 propuestas, de las cuales se ha determinado que 858 corresponden a propuestas reales y el restante a spam, lo que obligó recientemente a implementar filtros de seguridad. Así mismo, la mesa ha recibido 500 propuestas sobre el tema de participación política y participación ciudadana, presentadas en el foro que sobre el asunto se realizó en Bogotá en abril pasado.

Sobre los acuerdos alcanzados en el tema agrario, el comunicado conjunto reconoce la necesidad de implementar en el país una reforma rural integral, que debe ser “el inicio de transformaciones estructurales de la realidad rural y agraria de Colombia con equidad y democracia, contribuyendo así a la no repetición del conflicto y a la construcción de una paz estable y duradera”. En este sentido, se advierte que lo acordado se centra en el papel fundamental de la economía campesina, familiar y comunitaria en el desarrollo del campo; la promoción de diferentes formas de asociación y cooperativismo; la generación de ingresos y empleo; la dignificación y formalización del trabajo; la producción de alimentos, y la preservación del medio ambiente.

Igualmente, se explica más lo del Fondo de Tierras; la formalización de la propiedad rural; los subsidios; la creación de una jurisdicción agraria; los planes de actualización del catastro rural, y los beneficios en salud, educación, vivienda, agua y saneamiento básico para los campesinos. Para terminar, aclarando también que pese a los acuerdos sobre el primer punto, todavía hay temas pendientes, que se discutirán más adelante. Y todo indica que uno de ellos es el de constituyente, que para las Farc —según un comunicado posterior divulgado en horas de la tarde de ayer— “no se trata de una refundación del Estado, como sugieren algunos para descalificar la iniciativa, sino la reestructuración urgente que requiere Colombia de sus necrosadas instituciones”. Eso sí, lo que les falta aclarar es si quieren ir a esa constituyente sin entregar las armas.