El fenómeno cristiano detrás del No

Las iglesias cristianas demostraron el pasado 2 de octubre su poder religioso-político. Un escritor intenta descifrarlo.

Según registros de la Oficina de Asuntos Religiosos del Ministerio del Interior, existen más de 6.000 iglesias cristianas en todo el país. / Óscar Pérez
Según registros de la Oficina de Asuntos Religiosos del Ministerio del Interior, existen más de 6.000 iglesias cristianas en todo el país. / Óscar Pérez

El triunfo del No en el plebiscito del pasado 2 de octubre, que ha dado en Colombia y en el exterior para toda suerte de reacciones, opiniones, reflexiones y augurios, entre tantos asuntos de suma importancia para el país, dejó a la iglesia cristiana protestante muy bien parada en materia de visibilidad política, tal vez como nunca antes en sus 150 años de historia le había acontecido a esta minoría.

El enfoque de género, que según Humberto de la Calle Lombana, jefe negociador del Gobierno en los diálogos de La Habana, corresponde a los principios constitucionales vigentes y que, según él, de manera falsa se han venido difundiendo porque lo que pretende es acentuar en la mujer el proceso de reparación, fue el detonante para que la iglesia evangélica apoyara de manera masiva el voto por el No y, de paso, obligara al país a reconocer su creciente presencia e influencia en la vida nacional. “El acuerdo no toca los temas del matrimonio, la familia, las parejas del mismo sexo ni nada de lo que uno pudiera imaginar como ingrediente de la llamada ideología de género, había insistido De la Calle.

Aún así, el despertar del fenómeno cristiano se da de manera paralela a lo que el columnista de El Espectador, Rodolfo Arango, en su columna “Una ventana de oportunidades” (domingo 16 de octubre de 2016) denomina la eclosión de la “primavera criolla”, esa mezcla espontánea de movimientos y organizaciones que exigen al unísono un acuerdo ya.

Hoy las iglesias cristianas, protestantes y evangélicas en Colombia distan mucho de ser aquellas que se conocieron hasta hace unos 15 años o más, cuyo símbolo eran discretas mujeres de falda larga y cabello extendido. El pasado 2 de octubre, Colombia sorprendió al mundo al negarle el plebiscito al presidente Juan Manuel Santos. Los cristianos fueron tan determinantes en el sorpresivo resultado, que el primer mandatario, luego de la debacle, ha venido sosteniendo reuniones de manera urgente con pastores y asociaciones de iglesias con el propósito de enclaustrar en su redil a estas ovejas descarriadas que le negaron lo acordado con las Farc en Cuba y con ello el orbe quedó asombrado.

Diez días después del plebiscito, el miércoles 12 de octubre de 2016, en la sede de la iglesia Misión Carismática Internacional en Bogotá, de los pastores César Castellanos y la exsenadora Claudia Rodríguez se llevó a cabo la primera cumbre: Pacto Cristiano por la Paz, “Somos uno por Colombia”, cita a la que llegaron más de 700 pastores de todo el país, quienes respaldaron el voto por el No. Allí se firmó el manifiesto que fue entregado a los líderes del No, en cabeza del ex presidente Álvaro Uribe Vélez.

Con un video que incluía frases como: “Ha llegado la hora... damos tus manos por esta nación... con tu poder vamos a vencer... y danos tu fuerza para conquistar”, se abrió la cumbre cristiana. Paso seguido el pastor César Castellanos exclamó: “Este es un día histórico... el liderazgo en pleno hoy está unido en Colombia”... mientras su esposa, Claudia Rodríguez, sostenía que “el 2 de octubre había ocurrido un milagro”.

En el evento, el veterano pastor de la iglesia Tabernáculo de la Fe, Héctor Pardo, destacaría que hace 50 años los evangélicos en el país se habían preparado para el “rapto” y no para vivir los quehaceres de la tierra. Y sentenció que en adelante el pueblo cristiano unido sería vencedor. El pastor John Milton Rodríguez, principal de la iglesia Misión Paz a las Naciones de Cali, subrayó que “el nuevo acuerdo debe construir un proceso donde quepamos todos”.

Los puntos que la iglesia cristiana consideró se deben revisar en La Habana incluyen temas como la reivindicación de los derechos de las víctimas, la defensa de la familia y no desligar a la mujer víctima del conflicto. Exhorta para que el acuerdo firmado en La Habana garantice el derecho a la vida, solicita que el enfoque diferencial sea retirado del texto y convalida que el termino género sólo se refiera a los dos sexos, masculino y femenino; además exige que se debe preservar el derecho de los padres a educar a sus hijos conforme a sus principios y valores.

El manifiesto cristiano cree que el acuerdo debe ser garante para ejercer libremente la libertad de cultos, reclama que se reconozca y visibilice a las víctimas de los cristianos y que no se estigmatice a la iglesia por su dogma de fe, también solicita que el acuerdo reconozca a la iglesia cristiana-evangélica como actora principal en etapa de posconflicto para la restauración del tejido social, invoca que quienes aspiren a cargos de elección popular lo deben hacer en igualdad de condiciones y pide que la renegociación del acuerdo se lleve a cabo en Colombia y no en Cuba.

No obstante, el pastor y periodista Darío Silva-Silva, líder de la iglesia Casa Sobre la Roca, quién no hizo parte de la firma del manifiesto al igual que el pastor Ricardo Rodríguez, de la Iglesia Avivamiento, admitió a El Espectador, en entrevista del 8 de octubre con la periodista Cecilia Orozco, que la iglesia cristiana llegó polarizada a la votación del plebiscito del 2 de octubre y que definitivamente las famosas cartillas de la ex ministra Gina Parody y la ideología de género afectaron el resultado.

Darío Silva cree que una alianza entre la iglesia cristiana con sectores católicos como los que simboliza el ex procurador Alejandro Ordóñez “representaría una especie de retorno a la época anterior a la del Concilio de Trento. Aunque sea por una coyuntura electoral, esa clase de acuerdos me resulta inexplicable”.

Es tal el poderío que representa el fenómeno cristiano en Colombia, que las iglesias Misión Carismática Internacional, Su Presencia, Avivamiento, Manantial de Vida, Casa Sobre la Roca y Bethestda, reúnen más de 400 mil fieles sólo en Bogotá, además de su gran presencia e influencia nacional.

La Iglesia Manantial de Vida Eterna, de Eduardo Cañas, dueña de la Cadena Radial Vida, con 40 emisoras en el país, es la tercera cadena de radio más importante después de Caracol Radio y RCN Radio. Al tiempo, la Misión Carismática Internacional, de César Castellanos, es la iglesia colombiana que más ha impactado la esfera nacional e internacional. Cientos de iglesias en todo el mundo han implementado su modelo de “los doce”, que como en un multinivel se reproduce en redes conformando una profusa comunidad, un bocado muy atractivo para un político con aspiraciones nacionales.

La Misión, MCI, o G12 como se le conoce, ha sido tarima y plataforma del hoy senador Álvaro Uribe Vélez, ex presidente de Colombia. Esta es la iglesia que lideró junto a Manantial el voto del No.

A las anteriores se suman miles de denominaciones de Asambleas de Dios, Cuadrangulares, Bautistas, Anglicanas, Pentecostales, Bautistas, Metodistas, Menonitas y Presbiterianas, entre otras, que aglutinan unas 15 millones de ovejas que vigorizan el fenómeno cristiano en el panorama político y social de Colombia.

Alberto Mottesi, decano de los líderes cristianos en este lado del mundo y llamado “el pastor de los presidentes”, en su libro: Latinoamérica Nueva (Editorial Kerygma 2008) advirtió que somos una sociedad dominada por el engaño y la mentira e indicó que la decadencia moral de los líderes es objeto de gran interés en este momento. Se pregunta: ¿cómo es que nos hemos podido dejar llevar por estos ideólogos, guías ciegos, de ciegos seguidores, dándoles tanta credibilidad cuando sus vidas demuestran claramente su falta de fundamento moral?

Según registros de la Oficina de Asuntos Religiosos del Ministerio del Interior, existen más de 6.000 iglesias cristianas en todo el país. Es tal el debate que ha despertado la presencia de los evangélicos en el panorama político de Colombia y su incidencia en el último resultado electoral, que hasta el guerrillero de las Farc alias Iván Márquez, envió el pasado sábado 15 de octubre desde La Habana el siguiente tuiter: “El verdadero pastor de los cristianos es Jesús, no Uribe. El primero predica el amor, la paz y el perdón. El segundo, el odio y la violencia”.

La Iglesia católica, a través de monseñor Luis Augusto Castro, rechazó la confusión que se armó con la ideología de género. “Me parece muy bueno que las iglesias cristianas no católicas se hayan comprometido fuertemente en todo este asunto de la paz. Ahora, si ellos interpretaron mal el término “género”, como pura ideología, era lógico que iban a rechazar los acuerdos”, le dijo a El Tiempo el 16 de octubre.

El pastor Édgar Castaño, presidente de la Confederación de Iglesias Evangélicas de Colombia (Cedecol), aseguró que le había demandado al presidente Santos que les permitan una participación transversal en el acuerdo: “Le apostamos a la paz, pero hay que revisar los acuerdos”.

Vale recordar que antes del 2 de octubre, día del plebiscito, el cristianismo en Colombia se había apuntado un triunfo parcial, cuando el referendo de la senadora cristiana Viviane Morales terminó de recoger 2’300.000 firmas para darle trámite en el Congreso a un referendo que pretende modificar un artículo de la Constitución Política para que los niños abandonados sólo puedan ser adoptados por una familia conformada por un padre y una madre. El referendo superó el primer debate con una sobrada votación de diez contra tres en la Comisión Primera de Senado.

Ella rechazó la instrumentalización de la que están siendo objeto los cristianos y sus iglesias por parte de políticos de gran influencia en la nación. Considera que todos los cristianos, los del Sí y los del No, coinciden en que se aclare la visión de género que contienen los acuerdos de La Habana y hace hincapié en que se deben visibilizar las víctimas cristianas.

Entre las propuestas de los evangélicos del No no existe un acuerdo. “Por ejemplo, en el tema de participación política de los guerrilleros y en el tema de la justicia en donde muchos sectores reivindicamos el perdón y la reconciliación, y otros que hablan de la exigencia a no impunidad”. Por eso, la dirigente liberal Morales ha advertido que la paz no puede dividir a los cristianos y exigió al alto gobierno que: “Al igual que con las otras comisiones, somos los cristianos quienes debemos elegir a nuestros delegados y no el ministro del Interior”.

La iglesia cristiana exigió que le dieran un cupo en la mesa de La Habana y escogió al pastor Eduardo Cañas, de la Iglesia Manantial, como su portavoz.

En eso va el coletazo cristiano tras el plebiscito.

* Autor, entre otros libros, de Las siete vidas de ‘La Gata’. La historia de Enilce López (sello Debate); La multinacional del crimen. La tenebrosa Oficina de Envigado (Debate); Madame Rochy. ¿Las prepago? (sello Oveja Negra).

¿Iglesias cristianas deben pagar impuestos?

Un informe de El Espectador, del 16 de octubre, indicó que en el país en los últimos 36 meses se ha creado en promedio una iglesia por día y llama la atención en que ninguna de estas denominaciones paga impuestos. Informa, además, que el portal www.change.org reunió más de 40 mil firmas reclamando el pago de impuestos de las iglesias cristianas.
 
El estatuto tributario, en su artículo 23, aclara que estas iglesias no son contribuyentes del impuesto sobre la renta. Y añade el artículo que “la DIAN tampoco sabe a cuánto podría ascender el monto que dejan de pagar las iglesias al Estado por concepto de impuestos, pero confirma que, en los últimos tres años, se constituyeron 1.258 iglesias, más de una en promedio diario, y se calcula que alcanzan un patrimonio bruto que se aproxima a los $10 billones”. Este asunto no es de poca monta, porque de meter en cintura a las iglesias evangélicas, la propia poderosa Iglesia católica se vería avocada a cumplir con el mismo régimen.

 

En el antieditorial de El Espectador del 16 de octubre “¿Impuestos a iglesias?” se destaca que “... además de ejercer el diezmo y la ofrenda a voluntad propia, el creyente cumple con pagar sus demás responsabilidades ante el Estado, como un no practicante lo hace”.