El Gobierno, a seis semanas del final de la legislatura: hora de balances y replantear relaciones

En el Capitolio Nacional y en la Casa de Nariño se tejen rumores sobre una reestructuración de la relación del Gobierno con las fuerzas políticas. Se dice que vendrían cambios en el gabinete, empezando por la cartera de Justicia.

El expresidente Álvaro Uribe buscó un acuerdo con los partidos alrededor de una de las objeciones a la JEP referida a la extradición. / Mauricio Alvarado - El Espectador

Quedan seis semanas de la primera legislatura del período 2018-2022. El jueves 20 de junio habrá caído el telón del primer año de Congreso en la era de Iván Duque en la Presidencia de la República y, como van las cosas, el balance gubernamental no será del todo positivo. A estas alturas, el Ejecutivo solo puede sacar pecho por la Ley de Financiamiento y el Plan Nacional de Desarrollo, ambos aprobados con mucha polémica y poco debate. Pero las reformas profundas a la justicia, al sistema político, al pensional o hasta al Acuerdo de Paz —como lo anunció desde su campaña— no han tenido el apoyo del Legislativo.

Por eso, en voz baja, se habla de la necesidad de que el gobierno Duque vuelva a barajar las cartas y, con un movimiento en el gabinete, reformule sus relaciones con la clase política, en especial con los partidos que lo respaldan. Por ahora, el único puesto disponible para cuadrar caja es la Secretaría General de la Presidencia, a la cual renunció Jorge Mario Eastman sin mayor ruido público, pero en medio de una fuerte puja con el Centro Democrático.

Al respecto, una de las posibilidades que se estudia es que quien llegue a ese cargo sea un militante activo del Partido de la U, colectividad que, a pesar de ser de Gobierno, se ha mostrado dividida entre un sector oficialista y otro santista. Este último, encabezado por los senadores Roy Barreras y Roosvelt Rodríguez, fue el que impulsó al exministro Aurelio Iragorri para su dirección. “Se rumora que Duque quiere darle un vuelco al Gobierno atrayendo a la U y acabando la disidencia. Para eso, dicen que quiere a Sergio Díaz-Granados como secretario general y que este, a su vez, exige que Iragorri salga de la presidencia del partido y sea asumida por Óscar Rueda, uno de sus alfiles de siempre”, detalló una fuente.

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Pero esta es solo una versión, pues aunque en el interior de la U todos saben que la relación de Díaz-Granados y Duque viene desde los tiempos en que el hoy presidente trabajó en el Banco Interamericano de Desarrollo, el político costeño no estaría dispuesto a asumir un cargo en el Ejecutivo, pues en este momento vive en Estados Unidos por un tratamiento médico en el que se encuentra uno de sus hijos. “Sergio es muy amigo del presidente y desde antes de posesionarse Duque le propuso que hiciera parte del Gobierno, pero a él no le entusiasma volver a la política criolla”, agregó un parlamentario de la U.

Y es que la salida de Jorge Mario Eastman de la Secretaría de Presidencia se convirtió, de hecho, en un episodio que refleja el estado de las relaciones entre el Ejecutivo y el Centro Democrático. Ser el dueño del “computador de Palacio”, como es conocido el cargo que él venía ejerciendo, da un poder absoluto frente a la denominada representación política. Tarea que, según cuentan cercanos a Eastman, no estaba dispuesto a hacer. “A Jorge Mario le pasaron dos cosas: una, que tenía una expectativa distinta dentro del Gobierno, porque se veía en otro espacio. Y dos, no se sintió cómodo porque nunca quiso asumir lo que le correspondía hacer, que era el tema de la representación política”, comentó una voz uribista.

Precisamente, sobre su reemplazo, la expectativa del Centro Democrático es que llegue alguien cercano a sus toldas, pues, para muchos, Eastman era un hombre que se subió al bus ganador después de la primera vuelta, ya que fue la fórmula vicepresidencial de Juan Carlos Pinzón. “Es que es natural esa molestia. La Secretaría General es el nodo del poder, donde se manejan los temas burocráticos, la relación con el Congreso y con las altas cortes. Era obvio que el partido de Gobierno quisiera ese cargo”, dijo una voz cercana a la Casa de Nariño que, además, narró que las relaciones entre algunos uribistas y Eastman no eran las mejores.

Uno de los nombres que más suena para reemplazar a este es María Paula Correa, quien tiene hoy esas funciones por encargo y, además, es la secretaria privada de Duque. “Seguramente llegará María Paula Correa y su liderazgo va a ser vital. Es el enlace perfecto porque es una mujer carismática, seria y muy cercana al presidente”, dice Edward Rodríguez, representante del Centro Democrático. En efecto, Correa es una de las fichas clave del Ejecutivo. Fue cónsul de Colombia en Nueva York, asesoró a la Secretaría Privada de la Presidencia y no solo acompañó a Duque desde que era candidato a la Casa de Nariño, sino que es su mano derecha y la persona de apoyo en viajes y reuniones. Esa es una de las razones por las que un futuro nombramiento no es extraño para el uribismo ni para los sectores políticos cercanos al mandatario.

Una fuente del alto Gobierno confirmó que los cambios en el Ejecutivo se van a dar, pero no vendrá un “revolcón” como tal. La salida de Eastman servirá para mover algunas fichas como, por ejemplo, en la cartera de Justicia. Es un secreto a voces, tanto en la Casa de Nariño como en el Capitolio Nacional, que Gloria María Borrero saldría del cargo más pronto que tarde, entre otras cosas, porque los dos puntos de honor que debía defender no salieron avante en el Congreso: la reforma a la justicia y las objeciones a la JEP. Por eso, ante lo que sería su una inminente salida, ya se vienen barajando nombres para su reemplazo. Francisco Barbosa, actual consejero para los Derechos Humanos, podría llegar ser, e incluso se habla también del alto comisionado para la Paz, Miguel Ceballos.

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A juicio del representante Edward Rodríguez, el cambio no solo parece previsible en la cartera judicial sino que también habla de posibles cambios en el Ministerio del Interior, aunque advierte que no lo ve necesario: “De darse, creería que puede llegar Karen Abudinen, alta consejera para las Regiones”. Desde el Partido de la U, el senador José David Name, uno de los votos que faltó para negar las objeciones a la estatutaria de la JEP, no pide cambios en el gabinete de manera directa, pero considera que la enseñanza que debe quedar para el presidente Duque, después de dos semestres de mandato, es que debe haber una mejor relación con el Congreso.

Name, además, lanza fuertes críticas a los ministros: “No puede haber tanta improvisación y deben ir a defender los proyectos y la gestión del presidente. Están muy alejados de la realidad del país, que no está en Bogotá sino en las regiones. Por eso hay tanto paro y tanta protesta”, anotó. Entre otras cosas, adhiere a lo que expresó el mismo Ernesto Macías, presidente del Senado, en diciembre pasado: que los ministros no tenían manejo político.

“Son excelentes profesionales, pero sin experiencia en el Ejecutivo. No saben cómo se tramita una ley, no conocen a los congresistas y no tienen buenas relaciones con alcaldes y gobernadores. No vale solo la buena intención y haberse graduado en Harvard”, agregó Name. En ese sentido, señaló que el Gobierno sí les debe más respeto a los partidos políticos y al Congreso: “Cuando nos intentaron satanizar en el principio, diciendo que los buenos eran unos y los malos eran otros, la relación arrancó muy mal. El país se dio cuenta de que los buenos no son tan buenos y los malos no somos tan malos”.

El otro factor que inquieta al Gobierno es la relación con Cambio Radical, ya que las cosas no podrían ser más complicadas. Basta esperar a que llegue cada domingo para leer cómo, en sus columnas dominicales, el jefe natural de ese partido, Germán Vargas Lleras, se va lanza en ristre contra el presidente. Apenas la semana pasada le echó en cara su falta de gobernabilidad en el Legislativo, tras el pulso político “inútil” en el que se sumergió para intentar hacer aprobar las objeciones a la ley estatutaria de la JEP y lo acusó de caer en el “fácil expediente de la mentira”. Por eso, aunque por momentos surgieron rumores de que Cambio Radical estaría listo para anunciarse como partido de la coalición con Duque, el camino parece no ir en ese sentido

“Nosotros lo que queremos es mantener la unión con los partidos Conservador, Liberal y la U en materia de agenda legislativa. Seguimos en nuestra postura independiente, no hemos recibido llamado alguno del Gobierno y la verdad es que a los ministros tampoco se les ve dinamismo a la hora de tratar con nosotros. Son prácticamente invisibles, empezando por la ministra de Justicia, y lo que vemos es que el presidente Duque está muy mal rodeado. De hecho, con la ministra del Interior habíamos quedado de vernos para revisar las coincidencias de algunos proyectos de ley y eso nunca se logró”, contó una importante voz de Cambio Radical. Incluso, agregó que la decisión del Gobierno de hacerle coqueteos a los Char para romper la unidad del partido ha molestado mucho a Vargas Lleras.

En todo caso, cada vez son más las voces que claman por un cambio en el gabinete. Particularmente, porque son conscientes de que el “tire y afloje” con el Ejecutivo, si bien ha afectado al presidente Duque, también ha golpeado los intereses de los congresistas acostumbrados a otra forma de relacionarse con la Casa de Nariño. Hasta los más fieles a Vargas Lleras lo dicen sin sonrojo: “No hay que seguirle poniendo morbo a la representación política, porque la gente gobierna con sus aliados. Y nosotros nunca nos hemos cerrado a la banda frente a no acompañar al Gobierno. Lo que pasa es que no se ha tomado el trabajo de decirles a los colombianos que la mermelada no es lo mismo que la representación política”.

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-Redacción Política

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