El país que promete el uribismo

Definido el candidato presidencial, el Uribe Centro Democrático apunta a sacar cuatro millones de votos en las elecciones a Congreso.

El expresidente Uribe dando directrices en la convención del Centro Democrático, con la mirada atenta de Francisco Santos.

La tesis es recuperar el rumbo que creen se perdió en el gobierno del presidente Juan Manuel Santos. La meta, superar los cuatro millones de votos en las elecciones a Congreso de marzo de 2014 para que a partir de ahí se afiance la posibilidad e ganar la Presidencia. Y la plataforma programática está basada en lo que el mismo Álvaro Uribe Vélez ha llamado sus ‘huevitos’, que ya no son tres sino cinco: seguridad democrática, cohesión social, confianza inversionista, Estado austero y diálogo popular permanente. Lo cierto es que ya con candidato presidencial definido, la apuesta del Uribe Centro Democrático es por asegurar la unidad y solidez de su proyecto político, según la estrategia definida, a partir de la imagen del exmandatario y, por supuesto, de sus ideas.

El discurso de Uribe del viernes pasado, en la instalación de la convención del naciente movimiento político, da claras señales de dichos objetivos y de la Colombia que el uribismo ‘purasangre’ sueña construir. Con disculpas de por medio en respuesta a una pregunta lógica: ¿acaso ya no estuvieron ocho años en el poder? “Cuando algún compatriota me reclama por algo que faltó a nuestro gobierno, debo aceptar, faltaron muchos logros. Invoco la excusa del padre de familia que siempre quiere que los hijos sean mejores aunque él no lo haya sido tanto. De idéntica manera queremos que la patria supere lo poco bueno que dejamos, pero que recupere el rumbo marcado por los electores y que los elegidos dejaron expósito”, dijo.

Y como es de esperar, el tema de la seguridad será eje de las campañas del Uribe Centro Democrático, tanto a Presidencia como a Congreso. Más en momentos que el gobierno Santos adelanta una negociación con las Farc en La Habana (Cuba), en la que hasta ahora sólo reina la incertidumbre y la guerrilla muestra una posición desafiante.

Caldo de cultivo para que Álvaro Uribe alimente su discurso: “Los terroristas han sido promovidos al grado de actores de conflicto. El efecto jurídico es perverso y contundente: es igual que el soldado o policía, en cumplimiento del deber, cause la baja del terrorista, o que por acción de éste, sea asesinado. Asesinatos de policías y soldados de Colombia, que a diario se repiten sin conmover al Ejecutivo ni alterar el diálogo de La Habana, cuya única posibilidad de suspensión sería por razones de cálculo electoral”.

Y es que, según el exmandatario, la paz debe ser “hija de la seguridad” y “esquiva de la impunidad”, así como la seguridad se fundamenta en la motivación de soldados y policías. Por eso, la directriz es que el Centro Democrático debe apersonarse para que ciudades y municipios se saturen de cámaras de seguridad de última generación, con control estatal único y proveídas por modalidades de acuerdos con particulares que eviten altos costos fiscales. Y sobre todo —cree Uribe— “se requiere que el presidente de la República asuma el liderazgo, la construcción de la visión y el seguimiento diario de la política de seguridad”, pues “el discurso de la paz en desmedro de la seguridad desorienta”.

Las demás propuestas puntuales, entre otras, tienen que ver con la independencia y solidez de la justicia; el estímulo a la inversión; mantener el cuatro por mil para destinarlo a la revolución educativa con el incremento del Fondo Emprender, al apoyo al sector agropecuario y a la transformación de la industria; acabar con el derroche en el gasto público; mantener bajas las tasas de interés; actualizar la infraestructura y acabar con la burocracia en el sector; reglamentar las consultas con las comunidades; en conclusión, fortalecer la confianza inversionista, erosionada según Uribe en el gobierno Santos. Y también buscar verdaderos resultados en la política social, que hoy sólo “ha aumentado en publicidad y burocracia”.

“Una imagen, un mensaje, un candidato”, reza el documento conocido esta semana sobre la estrategia uribista al Congreso, cuyo objetivo fundamental es la “presidencialización de la campaña”. La imagen es la de Uribe. El mensaje, el de su discurso sobre sus ‘huevitos’, con énfasis en la seguridad. Y el candidato ya está. Los cálculos están hechos: esperan sacar en marzo 4’057.002 votos, de los cuales 2’102.882 de son de opinión y 1’954.120 de las llamadas estructuras políticas. “Por eso estamos en pie de lucha, con las convicciones inalteradas, que es lo único que podemos ofrecer a Colombia”, enfatiza el expresidente Uribe.

Ahora ya se sabe de su sintonía con una gran mayoría del pueblo colombiano, pero también que sus votos no han sido endosables, lo que obliga a pensar que no necesariamente ese apoyo irá para su nominado a la Presidencia. Un reto más a enfrentar, el cual deberá estar acompañado de un discurso político y programático sólido, que vaya más allá de las críticas al gobierno Santos y su proceso de paz. Con otro factor: hacer que la ‘gasolina’ alcance de aquí a finales de mayo, fecha de la primera vuelta presidencial, porque el desgaste será grande. Y sin duda, las elecciones a Congreso serán las que le marquen la pauta.

La respuesta de Santos a las críticas

Mientras en la convención del movimiento Centro Democrático el exmandatario Álvaro Uribe Vélez y sus tres precandidatos lanzaban fuertes críticas contra el presidente Juan Manuel Santos, este último no pudo dejar de contestar los señalamientos y, sin hacer referencia precisa a su antecesor, defendió los logros de su gobierno.

“Cuando yo estaba en la campaña hicimos 110 promesas. Los críticos dicen que yo traicioné a los electores. Nadie ha hecho la pregunta: ¿por qué dicen que traicioné a los electores?

 

Y se respondió: ¿Por qué no hacen la comparación entre lo prometido y lo que se viene haciendo? Si hicieran esa pregunta, descubrirían, por ejemplo, que de esas 110 promesas de campaña ya se ha cumplido el 67% y solamente seis no se van a poder cumplir, por razones políticas, por razones simplemente constitucionales”.