El papel de las víctimas en la mesa de negociación

En La Habana se recibieron 60 testimonios directos y más de 17.000 propuestas de personas afectadas por la guerra. Su rol fue clave para alcanzar el acuerdo final con las Farc.

Más de 17.000 propuestas recibió la mesa de diálogos de las víctimas. / AFP

Quizá las víctimas hubieran podido participar aún más. Tal vez sus reclamos y peticiones habrían podido ser gestionados de otra forma. Pero, a pesar de las críticas y los yerros, es también una verdad indiscutible que nunca en un proceso de paz con un grupo al margen de la ley las víctimas colombianas habían tenido un rol tan activo como lo tuvieron durante la mesa de negociación que el Gobierno instauró con las Farc en octubre de 2012 y que está a punto de culminar con la firma del acuerdo final de paz.

Al principio, en 2013, la inclusión de las víctimas en este complejo proceso fue más bien tímida. A través de diversas organizaciones, como Movice (Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado) o la fundación Mavi (Mujeres, Arte y Vida), se enviaron varias cartas. A través de esos canales, personas como Domingo Pérez, alcalde de San Vicente del Caguán (la localidad donde se realizó el último intento de paz con las Farc en la era Pastrana) expresaron: “Construir la paz desde las víctimas es algo fundamental. Eso garantiza el éxito de lo que viene después, porque una paz sin reconciliación es una amenaza permanente”.

Después vino una fórmula un poco más osada: seleccionar víctimas de todas las regiones del país, que representaran todo tipo de dolores -no sólo los causados por las Farc- para hablar con los negociadores. De esa manera, 60 personas fueron elegidas para viajar a La Habana, escenario de la mesa de negociación, en grupos de 12 integrantes. El 7 de junio de 2014, en un comunicado conjunto, la mesa de diálogos declaró que se habían acordado los principios para discutir el punto número cinco de la agenda: las víctimas. Quedó claro entonces que las delegaciones llegarían a Cuba a hablar en vivo y en directo con quienes negociaban la paz.

Para agosto de ese mismo año, ya la primera docena de víctimas se había presentado en La Habana y en diciembre de 2014 las 60 víctimas ya habían pasado todas por ahí también, con acompañamiento de la Conferencia Episcopal y la Universidad Nacional. Gente afectada por la guerrilla, por los paramilitares, por crímenes de Estado, incluso militares: todos se pararon frente a los delegados del Gobierno y de las Farc a detallar el costo que la guerra había tenido en ellos. Pérdida de madres, padres, hermanos, casas, partes del cuerpo, dignidad, vida; la intervención de las víctimas fue, sin duda, de los momentos más duros que se vivieron en La Habana.

Un año más se tomaron los negociadores para, por fin, revelar en público el acuerdo de justicia que derivó, entre otras, de la participación de las víctimas. Se tituló “Acuerdo sobre las víctimas del conflicto”, y en él se explicó en detalle, a lo largo de 63 páginas, el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, “tratando de dar contenidos que satisfagan las reivindicaciones de quienes han sido afectados por la larga confrontación, mediante estos nuevos consensos e importantes medidas y acuerdos de desescalamiento para la construcción de la paz estable y duradera y la finalización de una guerra de más de medio siglo que ha desangrado al país”.

En dicho acuerdo quedó claro que su propósito es darles el reconocimiento debido a las víctimas y de responsabilidades, la satisfacción de sus derechos, su reparación, su protección y el esclarecimiento de la verdad. Se estableció una Jurisdicción Especial para la Paz y la creación de una Comisión de la Verdad, entre otras medidas. El acuerdo mismo lo indica: la participación de más de 3.000 víctimas a través de foros regionales y nacionales, los testimonios en vivo y en directo que se vieron en La Habana y las más de 17.000 propuestas que se enviaron a la mesa de negociación “fueron fundamentales para el logro de los acuerdos”.

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