El pulso por Cundinamarca

El primero, exgobernador y respaldado por los principales partidos de la Unidad Nacional. El segundo, exfuncionario de Uribe y avalado por el movimiento Únete, los verdes y AICO.

‘Reconstruir el departamento’

¿Cómo se logra aglutinar el respaldo de los cuatro principales partidos de la Unidad Nacional?

Desde el momento en que decidí aspirar a la Gobernación, en noviembre del año pasado, reiteré la importancia de buscar la unidad política en Cundinamarca. Estamos en una situación de crisis, y para salir de las crisis es indispensable que se sumen fuerzas. Me di entonces a la tarea de hablar con los diferentes partidos. Fue un trabajo persistente y creo que, de una u otra manera, es un reconocimiento al trabajo que he adelantado durante mis 31 años de actividad política, en los que he sido concejal, diputado, secretario de Hacienda y Obras Públicas y gobernador del departamento.

¿Cómo garantizar que ese apoyo no esté amarrado a intereses burocráticos?

Todos conocen cuál es mi talante. Existen unos lineamientos programáticos claros de cada partido, los cuales hemos conjugado, siempre en el entendido de una libertad total en el manejo de la administración pública y buscando sólo el bienestar de los cundinamarqueses.

Con un apoyo tan contundente, ¿se siente ganador?

Hay elementos políticos que permiten pensar en una alta probabilidad de éxito, pero hay que esperar hasta el domingo. Yo sigo trabajando como si fuera de último y mi meta es obtener el 80% de los votos.

Cuando habla de crisis, ¿a qué se refiere?

El eslogan de mi campaña habla de la reconstrucción para la inversión social. He venido recorriendo el departamento por tierra y estoy sorprendido por el deterioro de la malla vial. Llevamos ocho años en donde no se ha hecho un mantenimiento rutinario de las vías de manera planificada. Además, el invierno ha hecho mucho daño. También en el tema de salud estamos en una crisis profunda. La red hospitalaria ha colapsado. El hospital de Girardot tuvo que ser liquidado y otros están ad portas de serlo. Se deben sueldos a empleados y no se les paga a los proveedores. La EPS del departamento, Convida, que yo recuperé en mi gobierno, hoy tiene deudas superiores a los $30 mil millones. Está también el sector de la educación, donde hemos caído en calidad. Tenemos que atender todos estos aspectos y sacar a Cundinamarca adelante.

¿Y en el campo, teniendo en cuenta que este es un departamento agropecuario?

No hay una política articulada. La pobreza se ha incrementado y de las cadenas productivas que dejamos funcionando en mi administración, son muy pocas las que hoy funcionan.

¿Cómo está el departamento en materia de seguridad?

En 2001, cuando llegué a la Gobernación, 66 alcaldes de los 116 elegidos popularmente no podían despachar en sus municipios. Y encontramos un indicador de 189 secuestros al año. Implementamos varias estrategias, como la red de avanteles de la Sabana y luego, en el gobierno Uribe, fuimos el departamento piloto de la política de seguridad democrática. Los logros se han mantenido, aunque preocupa el problema de la inseguridad urbana, lo cual tenemos que atender modernizando el tema de las cámaras de video y apoyando a la fuerza pública.

‘Un territorio de paz’

¿Quién es Everth Bustamante?

Soy un cundinamarqués que a lo largo de su vida ha estado preocupado por la problemática social del departamento y el país. He sido concejal, alcalde de Zipaquirá, mi ciudad natal, representante a la Cámara por la Alianza Democrática M-19, senador, firmante de los acuerdos de paz de 1990, consejero del expresidente Uribe en temas regionales y de minorías étnicas y director de Coldeportes; pero, ante todo, un militante de la política social que aspira a que se reduzcan la pobreza y el desempleo.

¿Cómo termina un exmilitante del M-19 en el uribismo, una corriente de derecha?

Esa es una equivocación. El expresidente Uribe no representa la derecha y la prueba es que nos permitió a mí y a Rosemberg Pabón asumir cargos de responsabilidad. Él es un hombre pluralista y un demócrata. Yo soy un defensor de muchas de las tesis del expresidente Uribe y busco, desde la Gobernación de Cundinamarca, consolidar la política de seguridad democrática. Hoy veo que se están presentando síntomas preocupantes en algunas provincias del departamento en cuanto al retorno de los actores de violencia.

¿Se ha retrocedido en seguridad?

A un familiar, hace unos días, entre Vianí y San Juan de Río Seco, lo hirieron en un intento de secuestro. Creo que sí ha habido un retroceso, y por eso una de mis propuestas apunta a consolidar la paz en Cundinamarca. En Colombia no podemos esperar a que todas las regiones estén liberadas de la guerra. Cuando sea gobernador le voy a solicitar al presidente de la República que declare este departamento territorio de paz, para que la comunidad internacional concurra con recursos de cooperación a la consolidación de ese propósito. Recursos que deben ser invertidos en infraestructura, educación, vivienda, salud, generación de empleo. Es que aquí hay gente en los municipios que pareciera estar viviendo todavía en el siglo XIX.

¿Se siente enfrentando a la gran maquinaria político-electoral?

Así es, aunque creo que la política ha cambiado y los ciudadanos, en elecciones locales y regionales, no votan por los partidos ni tienen en cuenta esas maquinarias, que no les han servido para nada. La gente está decepcionada y ha perdido la credibilidad y la confianza por el incumplimiento de gobernantes y políticos. Los cundinamarqueses tenemos ahora la oportunidad de definir nuestro propio destino.

¿Cree usted que detrás del apoyo de Álvaro Cruz hay intereses burocráticos?

No me cabe la menor duda y es de conocimiento público que, por lo menos en cuanto a la U, lo que hubo fue un acuerdo de intereses entre un grupo muy pequeño de dos o tres parlamentarios que impuso finalmente esa candidatura.

¿En qué consiste eso de que Cundinamarca tenga su propia capital?

Yo voy a sacar a la Gobernación de Bogotá para llevarla a los municipios. Tenemos que comenzar a generar una relación de respeto y de igualdad. Hoy Bogotá no cumple una sola responsabilidad con el departamento. Por eso hay que sacar la administración a las regiones y, por el momento, gobernar desde sus 116 municipios.

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