El reto de los acuerdos bilaterales

El coordinador de la ONU en Colombia cree que ante prolongación de diálogos y aumento de escepticismo urge buscar pactos con un sistema robusto de verificación para desescalar el conflicto.

Fabrizio Hochschild, coordinador residente de la ONU en Colombia. / Gustavo Torrijos
La crisis desatada en el proceso de paz tras la incursión armada de las Farc, que cobró la vida de 10 soldados en Cauca, le dejó grandes lecciones al país: la debilidad de las medidas unilaterales de desescalamiento del conflicto y la consecuente urgencia de buscar mecanismos bilaterales para aliviar la tragedia humanitaria y blindar el proceso son las principales.

Además, volvió a poner en evidencia las falencias de las comunicaciones respecto a los logros del proceso de paz y puso de relieve que la iniciativa de reconciliación no resiste otro ataque como el que el grupo guerrillero perpetró la semana pasada contra los uniformados. Ese es el balance del coordinador residente de Naciones Unidas, Fabrizio Hochschild, quien en diálogo con El Espectador celebró que Gobierno y guerrilla, en declaraciones públicas separadas, hayan reconocido ayer la necesidad de trabajar para recuperar la confianza perdida.

¿Qué lección deja la crisis del proceso de paz?

La debilidad de las medidas unilaterales. Se necesita acordar medidas conjuntas de desescalamiento, donde haya una clara y muy bien definida responsabilidad de cada parte y algún mecanismo conjunto de monitoreo.

Pero el Gobierno ratificó que no se dejará presionar por un cese bilateral y que esas propuestas desvían la atención de la mesa…

Es un reto. Lo que se argumenta es que no estamos para ponernos de acuerdo sobre medidas intermedias, sino sobre el fin del conflicto definitivo. Lo entiendo. Pero esa lógica funciona cuando no hay una negociación prolongada. Cuando es prolongada, en medio de un conflicto y con un público escéptico, si el público no ve resultados sino hechos de guerra, nadie va a tener confianza en el proceso. Dado que la negociación, por la complejidad de los temas, se ha alejado más allá de lo esperado, es muy importante tener medidas que nutran la confianza en el proceso, que muestren que la mesa puede llegar a acuerdos en el camino hacia el fin del conflicto.

Buscar la paz por partes…

En muy pocos casos el fin del conflicto llega con una firma de un día para otro. Normalmente se llega al fin del conflicto a través de medidas de construcción de paz, progresivas, muchos intentos de cese al fuego fallados, muchas medidas de construcción de confianza que se van acumulando hacia un cese definitivo. Pensar que se puede tener un tren del conflicto a 200 km y que de un momento a otro ese tren va a parar es muy difícil.

Verificar un hipotético cese bilateral sería un nuevo desafío...

Más en el caso colombiano, en donde todo el tema del conflicto está mezclado con el de operaciones puramente criminales ligadas a narcotráfico, minería ilegal, etc. Tener un sistema muy sofisticado y robusto de verificación es fundamental para que un eventual acuerdo de cese al fuego tenga chances de ser sostenido. ¿Quién lo va a hacer? Depende de lo que se acuerde en La Habana.

¿Qué tan tranquilo lo dejan las declaraciones que este lunes dieron por separado los negociadores de Gobierno y Farc?

Vi en los dos pronunciamientos mucha madurez sobre el daño que el ataque del 14 de abril produjo, pero vi también un compromiso de seguir adelante con esfuerzos para llegar a un acuerdo que va a asegurar que ese tipo de ataques no se repitan. Quizá lo que faltaba era un indicio de las medidas que se van a tomar en la mesa para evitar que se repitan estos hechos. Porque creo que el proceso, dados los niveles de escepticismo que hay, no puede sobrevivir a más ataques de este estilo. Por eso es importante blindarlo con medidas virtuosos, como las que se habían producido antes del ataque.

¿Está errada la estrategia de comunicación?

No tanto errada. Ha habido una falta en la comunicación sobre lo que el proceso ya ha alcanzado. El escepticismo se debe a muchos factores, pero también a un desconocimiento sobre el pasado. Un desconocimiento de ciertos actores sociales sobre el impacto del conflicto y cómo el proceso ha aliviado ese impacto. Un colombiano afectado es demasiado, pero hay tendencias positivas que no han sido destacadas lo suficiente y por eso oscurece muy fácilmente cuando hay una crisis de este tipo.

¿Y de dónde saca usted que hay fallas en la difusión de estos temas?

El llamado por mejor comunicación es algo que he escuchado de todos los dirigentes de muchos sectores políticos, de grupos de mujeres en Cauca, afrocolombianos en Tumaco y gobernadores desde Antioquia hasta Norte de Santander y Nariño. Hay necesidad de tener más comunicación y más diálogo. Pero no va a ser fácil. El problema es cuando el conflicto está muy alejado de los centros urbanos, donde las personas lo conocen más a través de los medios que en carne propia. Entonces la urgencia de resolverlo no se conoce.

¿Está lo suficientemente sólido el proceso para superar esta crisis?

No hay proceso de paz sin estas crisis. En Sudáfrica, opositores al proceso armaron a parte de la población para atacar al partido de Nelson Mandela y hubo cientos de muertos, pero el proceso logró superarlo. En Irlanda del Norte, un año antes de la firma de la paz, después de que el Ira anunciara cese al fuego, se produjeron nuevos ataques con muertos. El proceso logró superar esta crisis. El proceso no es lineal, pero cuando se producen esos ataques hay que apoyar a los afectados y, al mismo tiempo, redoblar esfuerzos para que no se repitan dichas acciones.

¿Qué deben hacer las partes para no dejarse llevar por el fatalismo de las voces incautas?

Es necesario que se acuerden medidas para blindar el proceso de negociación en un ámbito en donde hay mucho escepticismo. Y, sobre todo, que se tomen medidas para reducir el sufrimiento del conflicto, que es la realidad para cientos de miles de colombianos. En ambos casos, las medidas deben tomarse lo antes posible. La prioridad es llegar a donde estaba el proceso antes. Había una promesa de cambio en la lógica de ataques y contraataques, que se inició con el cese al fuego unilateral el 20 de diciembre.

¿Y qué tan cierto será que los opositores políticos del gobierno Santos están tratando de sacar provecho de la crisis?

Hay una contradicción entre el apoyo total internacional al proceso y el escepticismo en la población nacional. Muchos de los escépticos se ven apoyados por el ataque del 14 de abril y es allí donde toca explicar mejor, comunicar mejor y seguir adelante, y no perder de vista que lo que se está intentando es un cambio histórico en Colombia. Si se responde a este ataque con una intensificación del conflicto no habrá menos Fuerzas Armadas muertas. Sólo más guerrilleros muertos.
 

 

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