El rompecabezas del segundo gobierno Santos

Mientras toma relevancia el futuro de la estructura de las Fuerzas Militares y el Mindefensa, las estrategias para acelerar la paz se consolidan.

Los electos presidente Juan Manuel Santos y vicepresidente Germán Vargas Lleras. / Luis Ángel

Hace una semana todo fue euforia por la paz, ahora es ajedrez político para armar el gobierno del segundo tiempo de Juan Manuel Santos en el poder. Algunos sectores políticos que estuvieron en la plataforma victoriosa ya se deslindaron de la posibilidad de integrar el gabinete presidencial. Por ejemplo, sectores del Partido Verde y del Polo Democrático. Otros, en cambio, no descartan sumarse a la Unidad Nacional, como es el caso de los progresistas. Los que ya estaban, pujan por conservar sus cuotas o ampliar su participación en el Ejecutivo. Con seguridad, esta semana que comienza será de anuncios y relevos.

Como sucede cada vez que un gobierno se apresta a su hora cero, así se trate de uno reelecto, la primera ecuación por resolver es la cúpula militar. Hace cuatro años, el mandato de Santos arrancó con el Ministerio de Defensa para un uribista declarado, Rodrigo Rivera. Sin embargo, a los doce meses hubo relevo y fue designado Juan Carlos Pinzón, un hombre de la absoluta confianza del presidente desde sus tiempos como ministro de Hacienda del gobierno Pastrana. El dilema, ahora, según fuentes consultadas, es que se da por hecho que habrá cambio en este ministerio.

El sonajero es amplio todavía, aunque el nombre que más suena es el del general (r) Óscar Naranjo, de quien en un momento se dijo iba a liderar la creación de un ministerio de Seguridad Ciudadana. No obstante, hoy no existe total certeza de que el exoficial sea el elegido. En medio de los ajustes, ha sonado entre los opcionados el actual ministro del Interior, Aurelio Iragorri, también de la plena confianza del primer mandatario. Tampoco se descarta que sea Sergio Jaramillo, el cerebro de las conversaciones de paz con las Farc y el compañero de Santos durante su paso por el Mindefensa en el segundo gobierno de la era Uribe.

De todos modos, esta primera decisión, crucial para hacer viable la principal promesa de campaña del presidente, la paz, está asociada a necesarios cambios en la estructura de las Fuerzas Armadas. No solo porque así lo exigen los habituales relevos para iniciar cuatrienio, sino porque durante las últimas semanas de la campaña política fueron evidentes las fisuras dentro de la Fuerza Pública frente a las negociaciones con las guerrillas. “Con filigrana se están estudiando esas modificaciones”, comentó una fuente a El Espectador. Sin embargo, son determinaciones necesarias para garantizar unidad en torno a las decisiones de gobierno que, como es previsible, estarán enmarcadas en la paz.

Precisamente, pocas horas después de haber conseguido la victoria electoral, el presidente Santos le dio preeminencia en la planificación de su segundo período al asunto de la paz. Por un lado, la estrategia estará concentrada en comunicar mejor los avances y la naturaleza de las conversaciones con la insurgencia. Y, por el otro, en acelerar tanto como sea posible la discusión de los dos puntos que quedan en la agenda con las Farc (víctimas y fin del conflicto) mientras se estudian los cambios normativos que exigiría la firma de un acuerdo que dé fin a la violencia asociada al conflicto.

En ese sentido, en la Casa de Nariño está claro que es una necesidad conformar una mayoría robusta en el Congreso que, si los plazos de las conversaciones coinciden con los legislativos, garantice que las reformas y normas necesarias para consolidar los pactos con las guerrillas sean aprobadas. Para ello, además de convencer a sectores ajenos a la Unidad Nacional para que respalden las iniciativas de gobierno, está asegurado que las mesas directivas serán afectas al Ejecutivo. En el Partido de la U, al que corresponde la presidencia del Senado en el primer año de la entrante legislatura, la puja está hoy entre Armando Benedetti, José David Name y Mauricio Lizcano. En los liberales, que tendrán la cabeza de la Cámara de Representantes, ya suenan los nombres de Édgar Pote Gómez, Jack Housni y Fabio Amín.

Resuelto el tema crítico de la seguridad, que podría incluir también cambios en la Agencia de Inteligencia, y los de las ‘locomotoras’ de la paz y legislativa, entrarían a resolverse tres ministerios claves: Interior, Cancillería y Hacienda. Y ahí es donde empieza el baile. En los mentideros políticos se afirma que la victoria de Santos fortaleció, más allá de los componentes de la Unidad Nacional que lo acompañaron en el cuatrienio 2010-2014, a los bloques políticos liderados por los expresidentes César Gaviria y Ernesto Samper, así como al recién electo vicepresidente Germán Vargas Lleras.

El trabajo de Gaviria como jefe de debate en campaña, además de catapultarlo como opcionado a dirigir el Partido Liberal, le dio mayor visibilidad a su hijo Simón Gaviria como candidato a la cartera de Hacienda. Otro miembro del sonajero es el exsenador liberal Juan Fernando Cristo quien, después de erigirse como abanderado de las víctimas en el Parlamento, es un aspirante al Ministerio del Interior o a la misma Cancillería, que también podría ser el destino del exgeneral Naranjo. Y una discusión que hoy se surte al interior del Gobierno es si se le da o no participación a los conservadores.

Así como los liberales parecen tener posiciones aseguradas en el gabinete, Cambio Radical estaría al frente de las obras de infraestructura y la ejecución de políticas sociales coordinadas desde la Vicepresidencia. Gina Parody, la exdirectora del Sena, quien fue clave en la victoria en la capital, suena para el Ministerio de Educación. De la misma manera en que sería posible que el progresismo, afecto al alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, se quede con dos ministerios, que podrían ser los de Cultura y Salud. Lo claro es que cada uno de los sectores que hicieron parte de la campaña reeleccionista quieren ser tenidos en cuenta en viceministerios, altas consejerías y otro tipo de dependencias.

Por ahora, el gobierno de Juan Manuel Santos, enfocado en acabar con el conflicto armado, está buscando la manera de despolarizar un país que quedó fracturado políticamente tras las elecciones del pasado domingo. La mayoría de políticos, unos con más y otros con menos éxito en su trabajo de conseguir votos a favor de la reelección, no quieren perder la posibilidad de participar del próximo gobierno. La designación de alfiles políticos y ejecutores de promesas es un juego que, en la coyuntura, no admite ensayo y error.