El sabor agridulce de los diálogos

Tras el bombardeo en que murieron 26 guerrilleros, las Farc suspendieron la tregua unilateral decretada desde diciembre. Al tiempo el Gobierno le mete diplomacia a la mesa de diálogos.

Delegación de paz de las Farc anunció la suspensión de la tregua unilateral a causa de la muerte de 26 guerrilleros tras el bombardeo del jueves. EFE
Pocas horas duró el optimismo frente al ciclo 37° de diálogos entre el Gobierno y las Farc. El jueves, en horas de la mañana, como es costumbre, los delegados de las partes dieron comienzo a una nueva ronda de negociación de 11 días. La expectativa era positiva tras el anuncio de que a la mesa llegarían dos nuevos delegados del presidente Santos: la canciller María Ángela Holguín y el empresario Gonzalo Restrepo. Se rumoraba la posibilidad de materializar un nuevo acuerdo. Sin embargo, el panorama cambió luego de que la Fuerza Pública realizara una operación aérea en Guapi (Cauca), en la que murieron 26 guerrilleros. De inmediato, las Farc anunciaron la suspensión del cese del fuego unilateral, decretado desde diciembre pasado.
 
Antes de lo sucedido, el optimismo no era fortuito. Hace una semana el país se enteró de que el máximo comandante de las Farc, Timoleón Jiménez, había estado en La Habana reunido con Nicolás Rodríguez Bautista, jefe del Eln, intercambiando ideas sobre la paz y buscando caminos de unidad guerrillera. El propio jefe de Estado confirmó la noticia. Además, el miércoles, antes de que los negociadores del Gobierno viajaran a La Habana, Santos convocó a la Comisión Asesora de Paz por tercera vez. Al término de la reunión, dio a conocer sus nuevas cartas en la mesa e hizo un llamado para acelerar el ritmo de los diálogos. 
 
Horas después se supo que el ministro Juan Carlos Pinzón, duro crítico de las Farc, saldría de la cartera de Defensa para irse de embajador a Washington y que en su reemplazo llegaría Luis Carlos Villegas, quien ya estuvo como plenipotenciario del Gobierno al comienzo del proceso. Para reforzar el panorama, el Ejecutivo profirió un decreto para materializar jurídicamente el acuerdo de desminado humanitario alcanzado en marzo pasado.
 
No obstante, en poco tiempo las cosas empezaron a cambiar. Los delegados del Gobierno llegaron a la entrada del Palacio de Convenciones con una manga del pantalón arremangada, en rechazo a la muerte de una niña de siete años ocurrida en Cauca, tras pisar una mina antipersonal. “Llegó la hora de que las Farc asuman el compromiso de no sembrar una mina más. Es una paradoja que cuando comienza el programa piloto ocurra este hecho que conmueve a los colombianos y merece condena vehemente. Estamos en La Habana no para justificar estos actos, sino para lograr que no vuelvan a ocurrir”, señaló Humberto de la Calle. 
 
Por su parte, las Farc hablaron de claves para agilizar los diálogos y soltaron información novedosa: “Estando tan cerca el acuerdo para la creación de la comisión de esclarecimiento de la verdad y no repetición, es preciso no dejar pasar este ciclo sin anunciarle al país la puesta en marcha de este transcendental instrumento de paz”. Mensajes optimistas que cambiaron el viernes, sobre todo después de la alocución presidencial en la que Santos informó de la operación militar en Cauca.
 
La reacción se dio en cuestión de minutos. “No estaba en nuestra perspectiva la suspensión de la determinación del cese al fuego unilateral e indefinido proclamado el 20 de diciembre de 2014 como gesto humanitario y de desescalamiento del conflicto, pero la incoherencia del gobierno Santos lo ha logrado, luego de cinco meses de ofensivas terrestres y aéreas”, señalaron las Farc en un comunicado y pusieron sobre la mesa su derrotero: “Aunque Santos anuncia que mantendrá la ofensiva, insistiremos en la necesidad de acordar cuanto antes, para la salud del proceso de paz y evitar nuevas victimizaciones, el cese bilateral de fuegos”. 
 
Las organizaciones sociales expresaron su frustración y advirtieron que en cinco meses de cese unilateral se registró una disminución del 85% en las acciones violentas asociadas con el conflicto armado. “El sistema de las Naciones Unidas en Colombia manifiesta su profunda preocupación por el actual escalamiento del conflicto armado. Nos alarma la cadena de hechos desatada a partir del ataque de las Farc contra un batallón del Ejército el 14 de abril, en el cual fallecieron 11 soldados, pasando por los bombardeos realizados por las Fuerzas Militares contra las Farc, que resultó en la muerte de 26 de sus miembros, y que culminó con la decisión de las Farc de suspender su cese al fuego unilateral”.
 
“Detrás de cada muerte en el conflicto armado hay una familia llena de dolor por la pérdida de sus seres queridos. El escalamiento de las acciones violentas es especialmente inquietante en un momento en el que lo que el proceso de paz más necesita son hechos de paz que nutran la confianza pública en que la salida negociada del conflicto es posible. Llamamos a las partes a reflexionar sobre las consecuencias de este escalamiento y a resistir una lógica de represalias, y a que continúen enfocando sus esfuerzos en concluir exitosamente el proceso de negociación que representa la única esperanza para construir la paz”, puntualizó el comunicado de la ONU.
 
La tensión condujo a que las sesiones del viernes y del sábado se suspendieran mientras las Farc definían si solicitaban la cancelación del ciclo. Una crisis que ya deja lecciones. Por ejemplo, lo frágiles que resultan las medidas unilaterales de desescalamiento del conflicto, como la tregua de las Farc o la suspensión de los bombardeos, reactivados por el Gobierno a raíz de la muerte de 11 uniformados en abril. Sin embargo, de la misma manera, el plan de desminado humanitario, consenso de las partes, puede ser un escenario propicio para recuperar confianza tras los recientes hechos de guerra.
 Probablemente la tensión no mine la voluntad de paz del Gobierno y las Farc, quienes tendrán que trabajar para recomponer el rumbo de los diálogos, pero salta a la vista que el cese bilateral y definitivo de fuegos será el próximo pulso. Un asunto que requiere el liderazgo de la comunidad internacional, pues tendría que fungir como garante y verificador de la medida. Eso lo tiene claro el Gobierno y por eso ha enfilado baterías en esa dirección.
 
Y es que los dos temas restantes, la satisfacción de los derechos de las víctimas, que incluyen una solución en términos de justicia; y el fin del conflicto, que alberga asuntos como la desmovilización y dejación de armas, no se podrán dar por saldados sin suficiente respaldo internacional. En lo primero, por las obligaciones de Colombia como signatario del Estatuto de Roma, y en lo segundo, por ejercer como una entidad neutral que verifique su cumplimiento. Es por esto que Santos ha movido sus fichas para imprimirle alto nivel de diplomacia al asunto. 
 
Una movida a tres bandas. El exministro de Defensa Juan Carlos Pinzón a Estados Unidos, donde tendrá la misión de conseguir respaldo al modelo de justicia transicional que se adopte en el acuerdo. Lo apoyará la canciller María Ángela Holguín, con vocería en materia de relaciones internacionales. Y dos empresarios que les dan tranquilidad a los inversionistas: Luis Carlos Villegas, quien participó de la mesa y ahora estará al frente del Ministerio de Defensa; y Gonzalo Restrepo, quien llega como plenipotenciario. Fichas que se mueven justo en el momento en que se necesita blindaje para que la guerra no quiebre una pata más a la mesa de diálogo.
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