El Yarí, una región estratégica para las Farc

Allí se llevará a cabo la Décima Conferencia, entre el 13 y el 19 de septiembre, para que la guerrilla refrende los acuerdos de paz de La Habana. Desde los años 60, la zona fue refugio de “Tirofijo” y varios de los fundadores de la organización.

La región de los Llanos del Yarí, donde las Farc realizarán entre el 13 y el 19 de septiembre su décima conferencia para refrendar entre sus tropas los acuerdos de paz de La Habana y dar el primer paso hacia su constitución como partido político legal, es una de las zonas históricamente estratégicas para esa guerrilla. A seis horas vía terrestre del municipio de San Vicente del Caguán, fue hacia allí donde Manuel Marulanda, alias “Tirofijo”, tuvo que refugiarse tras la ofensiva militar de 1964 a  Marquetalia.

La zona comprendida entre el río Duda, la Serranía de La Macarena y el río Guayabero, entre los departamentos del Meta, Guaviare y Caquetá, ha sido reconocida militarmente como área de retaguardia de las Farc. A finales de 1965, con la presencia de representantes de las regiones de Marquetalia (sur del Tolima), Riochiquito (Cauca), El Pato (Caquetá y Huila) y Guayabero (Meta), se constituyó el movimiento Bloque Sur, antesala de las Farc. Estas zonas geográficas, en su momento, fueron conocidas como “repúblicas independientes” y resultaron ser epicentro de la ofensiva de las Fuerzas Armadas para contrarrestar el movimiento guerrillero.

Un año después, en la región del río Duda (Meta), tuvo lugar precisamente la segunda conferencia de la organización  subversiva, que en ese entonces era conocida como Autodefensas Campesinas de Colombia, que constituyó y además le dio nombre al movimiento alzado en armas: Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Toda la región siguió siendo baluarte geográfico de las Farc y, de hecho, en las montañas de La Uribe (Meta), el Secretariado constituyó su cuartel general. De hecho, allí se firmaron los acuerdos de cese al fuego con el gobierno de Belisario Betancur.

A la región acudieron muchas veces los consejeros de paz del gobierno de Virgilio Barco en busca de continuar los diálogos. Luego, en 1990, durante el gobierno de César Gaviria, se desarrolló la operación “Centauro”, a través de la cual el Ejército intentó tomar por asalto los campamentos del Estado Mayor del Bloque Oriental, objetivo que no se alcanzó. Un año después fue lanzada la Operación “Casa Verde”, nombre de la residencia de “Tirofijo”, en inmediaciones de La Uribe, en pleno desarrollo de la Asamblea Constituyente.

Luego vino el gobierno Samper, donde en 1997 se pusieron en marcha las operaciones “Destructor 1” y “Destructor 2”, para sacar a las Farc de su retaguardia geográfica. La reacción militar de la guerrilla, con incontables golpes al Ejército, demostró su poderío en la zona. Fue la época de los ataques a  bases y cuarteles de las Fuerzas Armadas, con cientos de uniformados tomados como rehenes, muchos de los cuales que después fueron canjeados por guerrilleros presos.

Después vino el gobierno Pastrana y buena parte de la región se convirtió en zona desmilitarizada para adelantar diálogos de paz. San Vicente del Caguán fue la sede principal de las negociaciones y los colombianos aún tienen grabada en su memoria la imagen del 7 de enero de 1999, en el acto formal de instalación de la mesa de conversaciones, con Pastrana solo y a su lado la silla vacía, donde debería haberse sentado Manuel Marulanda.

A partir de 2002, con el apoyo de asesores norteamericanos, la región fue epicentro, inicialmente del Plan Patriota y luego del Plan Consolidación, a través de la denominada Fuerza de Tarea Conjunta Omega que, en desarrollo de la política de seguridad democrática del gobierno de Álvaro Uribe, pretendió neutralizar de una vez por todas la posibilidad de la guerrilla de acceder a los centros de poder. Desde siempre, las Fuerzas Militares tuvieron claro que, como alguna vez lo dijera el general retirado Manuel José Bonett, entre Meta, Caquetá y Guaviare habría de librarse “la madre de las batallas”.

Ahora, el que fue un escenario de la guerra se prepara para recibir a unos 200 delegados de las Farc, incluyendo su Estado Mayor, comandantes de bloques y de frentes, y lo que se conoce como “la guerrillerada”, con el fin de avalar el acuerdo de paz alcanzado tras cuatro años de negociación en La Habana con el gobierno de Juan Manuel Santos. Esta vez, la gran diferencia es que no se trata de establecer los lineamientos de lucha militar. Se tratará de un acto netamente político que contará con la facilitación del Gobierno, incluyendo la protección de quienes en el pasado fueron su mayor contrincante: las Fuerzas Militares.