ELN sigue marcando distancia del proceso de paz con las Farc

Un comunicado fechado el pasado 5 de agosto y firmado por la Dirección Nacional y el Comando Central de esa guerrilla dice que la comandancia de Farc busca convertirse en una organización legal, aceptando acuerdos que exculpan al Estado de su responsabilidad en el desarrollo de la guerra.

En el escrito, los jefes del ELN señalan que si bien mantienen su respeto por la mesa de negociaciones de La Habana, ante el congelamiento impuesto por el Gobierno a los diálogos con ellos y la inminente firma de un acuerdo definitivo de dejación de armas de las Farc, se ven en la obligación de expresar que no comparten la esencia de dichos acuerdos.

“Se evidencia que el objetivo principal de la comandancia de Farc es convertirse en una organización legal, aceptando unos acuerdos que exculpan al Estado de su responsabilidad en el desarrollo de la guerra sucia y el terrorismo de Estado, a la vez que deforman los fundamentos esenciales del derecho a la rebelión. Así, el Gobierno niega la naturaleza política del alzamiento armado y mantiene intacto el régimen oprobioso de violencia, exclusión, desigualdad, injusticia y depredación”, dice el comunicado.

Ya a comienzos de agosto, en otro escrito, el ELN se había referido sobre el plebiscito, el mecanismo acordado para refrendar los acuerdos de La Habana, calificándolo como una “artimaña publicitaria” que intenta ser presentado como sinónimo de la paz: “Así, se pretende polarizar a los colombianos a favor de una u otra fracción de la oligarquía. Lo preciso es que mediante el plebiscito se refrendará sólo el desarme de las Farc, pero aún estamos muy lejos de alcanzar la paz, ya que se mantienen todas las causas que originaron el conflicto”.

En ese momento, el grupo subversivo señaló que “la polarización mediática entre Santos y Uribe en torno al plebiscito se evapora cuando se plantea que la paz sólo será posible cuando se hagan las transformaciones estructurales de la sociedad y el Estado (…)  Tal polarización lleva a que no quede bien hecha la paz, a que el conflicto sane en falso y a que rebrote, más temprano que tarde. En nuestro caso, respetamos el camino que han tomado los compañeros de las Farc, así no lo compartamos”.

Ahora, en este nuevo comunicado, tras señalar que uno de los logros de la gestión del presidente Santos en sus seis años de mandato fue el acuerdo sobre cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo y dejación de armas por parte de las Farc, el ELN cuestiona también la poca participación que ha tenido la sociedad en las negociaciones en Cuba.

“Compartimos las inquietudes de diversos sectores de la sociedad, del movimiento social y político, frente a varias de las temáticas acordadas, ya que no interpretan sus expectativas, como la limitada participación de la sociedad; la negociación de asuntos sociales sin tener en cuenta a los sectores afectados; la justicia transicional que evita el enjuiciamiento al Estado por su culpabilidad en el genocidio; y la poca incidencia de lo acordado para modificar la realidad del país”, dice.

Para esta guerrilla, el Estado colombiano, el presidente Santos y las Fuerzas Armadas no tienen convicción de la paz que están tramitando y lo que hacen es por puro cálculo económico: “Les resulta más barato llevar la insurgencia a la legalidad sin comprometerse con las transformaciones que la sociedad necesita, y evitar la prolongación de una lucha de resistencia, que los viene desgastando y no podrán controlar”.

Y en cuanto al proceso de conversación ELN-Gobierno, dice la Dirección Nacional y el Comando Central del grupo subversivo que pasados cuatro meses, las conversaciones están congeladas por decisión unilateral del Ejecutivo, “quien pretende imponer condiciones por fuera de la formalidad de la mesa, haciendo exigencias que jamás fueron acordadas, aunque son asuntos que están contemplados para ser discutidos. Al parecer el Gobierno le tiene miedo a la participación de la sociedad”.

Y concluye el comunicado: “La paz no es el desarme de la guerrilla sino una construcción multicolor, donde la participación popular cobra vida y se concreta en las transformaciones de la nueva nación. Si la sociedad plantea la democratización del poder, es la oligarquía la que debe definir si permite los cambios o continúa manteniendo la guerra y haciendo política mediante la violencia. En la actualidad, lo que está en el orden del día no es un Plebiscito para desarmar a una organización guerrillera, sino la necesidad de construir una paz verdadera, pues de poco servirán unos acuerdos parciales si continúa el conflicto social y armado”.