30 años de la Séptima Papeleta

"En ese entonces no veíamos con perspectiva histórica lo que logramos": Alejandra Barrios

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La hoy directora de la Misión de Observación Electoral recuerda con mucho aprecio el movimiento estudiantil al que perteneció y lideró. Para ella, la Constitución permitió llegar al siglo XXI con un nuevo pacto por la vida y los derechos, luego de esos años tan difíciles que vivió el país por cuenta del narcotráfico y el paramilitarismo.

Yo estaba en segundo semestre en la Universidad Externado de Colombia, en la facultad de Finanzas y Relaciones Internacionales. Había recién llegado de Cali y eso es muy importante porque me tocó todo lo que fue la presencia del narcotráfico en la ciudad, cuando tipos se creían los dueños, especialmente los sueños de la noche. Eso oscureció a Cali, cambió completamente la lógica de Cali y fue perdiendo su belleza. Estando en Bogotá, conocí a personas que vivieron lo mismo que yo en Medellín y esa situación, después, llegó a Bogotá con las bombas.  

Bajo ese ambiente, sumado el asesinato selectivo de líderes, especialmente de la Unión Patriótica, y la muerte de policías a manos del narcotráfico por la oferta que hizo Pablo Escobar, desde la facultad estábamos buscando crear un consejo estudiantil para ampliar la participación de ciudadanos en la vida de la universidad. Todo eso terminó generando que desde las universidades diéramos la discusión sobre nuestro derecho a vivir y a movilizarnos al interior.

Entonces lo que hacíamos desde el Externado se empezó a conectar con otras universidades públicas y privadas, y entendimos que no teníamos posibilidad de poder tener una vida aceptable, sino volvíamos a tener un pacto entre nosotros como sociedad. Ese pacto ya no era la Constitución de 1886. Esas movilizaciones y ese pacto terminaron siendo la Constitución de 1991.

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¿Qué recuerdas de las movilizaciones que hacían en las calles?

Teníamos acuerdos la universidad pública y privada frente a lo que queríamos y salíamos a marchar de manera conjunta. Eso permitió vernos en las diferencias y había mucho respeto y mucho trabajo conjunto. Por ejemplo, en ocasiones no nos permitían llegar hasta la Plaza de Bolívar y la cerraban. Entonces los de las privadas íbamos adelante porque era más improbables que nos pusieran las tanquetas. En otros casos íbamos en la cola para que no hubiera posibilidad de que estas tanquetas generaran desorden. Además, hacíamos las asambleas conjuntas. Tanto en el Externado como en la Nacional nos reuníamos. Cabe recordar, todo esto sin celular, teníamos muchísima capacidad de comunicación, de coordinación conjunta y diálogo entre las diferentes universidades. 

¿Quién recuerdas que fue la persona que dio la idea de introducir una séptima papeleta?

Eran dos movimientos, el estudiantil, en el que estaba yo, que era una confluencia de las asambleas de muchas universidades y que estábamos más centrados en la movilización social y ciudadana por el derecho a la vida, por el derecho a disentir. Un grupo muy juicioso de la Universidad Javeriana y el Rosario estaban pensando cómo hacían posible ese nuevo pacto y ahí fue dónde nació la propuesta de incluir una séptima papeleta que pudiera ser contada, depositada en las elecciones y fuera entendido como un mensaje a tener que revisar nuestra Constitución y hacer ese nuevo pacto social.

¿Qué ocurrió antes de este movimiento estudiantil? ¿No se había hablado de una renovación a la Constitución de 1886?

Eso tiene unos antecedentes. Se había intentado hacer unas reformas constitucionales que no habían sido posibles. Siendo así, nos encontrábamos anclados en la Constitución del 86, sabiendo que se debía de modificar. Sin embargo, las reglas establecidas para tocar esa constitución no nos permitían hacerlo. No podíamos avanzar en el Congreso ni en la Corte Suprema de Justicia. Debíamos de derrumbar las bases para poder avanzar hacia un nuevo pacto.

¿Cómo era el tema de las papeletas?

En esa época se votaba por papeleta y no por tarjeta electoral. Estábamos en las elecciones de carácter nacional, donde se votaban por diferentes cargos, para esos comicios eran seis papeletas. Entonces lo que uno tenía era un papelito donde aparecía el nombre del candidato, del partido y se metían en un sobrecito. Eran seis sobres. La séptima papeleta fue precisamente la de llamar a una Asamblea Nacional Constituyente.

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¿Qué pasó luego de esas elecciones?

Hubo un debate grandísimo sobre si eso era legal o no, si se iban a contar o no. La primera vez que se hizo (11 de marzo de 1990) no se contó, pero el hecho político estaba. La gente salió, los medios de comunicación imprimieron las boletas, la gente las depositaba y lo que tú tenías eran aproximaciones frente a cuánta gente se podía haber movilizado para incluir la séptima papeleta. Ese hecho simbólico, en principio, fue suficiente para legitimar la acción que venía después, que fue la contabilización de dicha papeleta.

¿Cómo celebraron cuando se aprobó la validez jurídica de la séptima papeleta?

Fue una fiesta increíble. Me acuerdo de que estaba con un grupo de amigos en la Corte Suprema esperando por la aprobación del decreto que permitía contabilizar las papeletas. Recuerdo que llegaron unas monjas con una vela, esa es la imagen viva que tengo. Nos dieron esas velas e hicimos un círculo y empezamos a cantar. Esas velas, para mí, fueron un símbolo de que estábamos alumbrando a la Corte. Y esa canción, que fue la primera que la oí, hablaba del pájaro enjaulado, del hombre maltratado… Era una canción que daba lugar a lo que estaba pasando allí.

En retrospectiva, ¿la Alejandra de 1990 se vio proyectada a lo que estás haciendo hoy?

Si tú me preguntas por el movimiento estudiantil, mi referente no es que no estábamos cambiando el país. Lo que yo pienso es que nos estábamos divirtiendo muchísimo porque nos encontrábamos desde muchos lugares y compartíamos sueños comunes y sentíamos que todo era posible, pero nunca pensamos en los impactos que tenía. Creo no había una perspectiva histórica.

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Han pasado 29 años desde la promulgación de la Constitución del 91. Con las reformas, ¿crees que la han desnaturalizado o la han mejorado?

Creo que hay una reforma que fue absolutamente nefasta para el equilibrio de poderes en el país que fue el tema de la reelección presidencial. Hay otras reformas que se han venido haciendo y los temas, por lo menos que yo sigo, que son los temas políticos, electorales, que lo que han permitido es ir ajustando nuestro sistema electoral, impactando positivamente la calidad de nuestra democracia. La Constitución de 91 es la reforma política y electoral más importante que se ha hecho en este país, pero con el tiempo, esos cambios, han venido ajustando la calidad de la democracia, generando más mecanismos de control político, más mecanismos para la financiación de las campañas políticas, les hemos impuesto más obligaciones a los partidos y a los candidatos. Hemos venido ajustando para ver cómo cabemos nosotros en la democracia que, en Colombia, es muy nueva. Hay que tener en cuenta, también, que la Corte Constitucional ha hecho muy buen trabajo. La ha logrado cuidar.

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