Entrevista con alias "Sonia"
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“En mi nombre y en el de las Farc pido perdón”: primera guerrillera extraditada a EE.UU.

Nayibe Rojas fue la primera guerrillera extraditada a Estados Unidos. Tras 13 años de prisión, regresó a Colombia hace unos meses y hace una semana quedó en libertad. Por primera vez habla de su experiencia con la justicia norteamericana y de las Farc que encontró luego de haber firmado el Acuerdo de Paz

"Sonia"
“Sonia” se dedicará a luchar por la libertad de Simón Trinidad, quien permanece en una prisión de EE. UU.Gustavo Torrijos / El Espectador

Con 54 años, de los que pasó los últimos 13 en una prisión en Estados Unidos, Anayibe Rojas Valderrama, quien en las Farc fue conocida como Sonia y fue la primera guerrillera extraditada por la justicia norteamericana, regresó al país. En la sede del partido político FARC atendió la primera entrevista que ha dado en su vida. Es una huilense de origen campesino que ingresó a la guerrilla a los 18 años, en la segunda mitad de los 80. Nació y creció en una finca entre Pitalito y Palestina, junto a sus padres y 12 hermanos. Estudió hasta segundo de primaria y en la guerrilla manejó las finanzas del frente 14 de las Farc, que operaba en Caquetá y Huila. Fue capturada en 2004 y extraditada a Estados Unidos, donde fue condenada a 15 años de prisión por narcotráfico y secuestro. El lunes pasado obtuvo la libertad condicional, producto del Acuerdo de Paz con las Farc. Es una mujer de pocas palabras, humilde, católica, que aún narra su vida con un nudo en la garganta y al borde del llanto cada vez que habla de su familia y de sus reflexiones en prisión. Por primera vez en su vida responde a una entrevista, y lo hace con nerviosismo y frases breves. La acompaña su hijo, un joven de 24 años a quien Sonia dejó siendo un niño el día en que la extraditaron.

¿Quién es “Sonia”?

En 2004, cuando me capturaron, era una guerrillera de las Farc que luchaba por el cambio de un país, por una mejor sociedad.

¿Cómo era su vida antes de entrar a las Farc?

Crecí en el campo, en un corregimiento entre Pitalito y Palestina, en Huila. Vivíamos en una finca pequeña mis papás y 12 hermanos, de los cuales quedamos nueve. Una familia pobre, trabajadora y unida. Teníamos cultivos de café, yuca, plátano y caña. En mi casa no sabíamos cuándo alguno cumplía años. Nunca celebrábamos eso. Éramos 12 hermanos, ocho mujeres y cuatro hombres. Tres ya están muertos. Uno de ellos tuvo la posibilidad de que sus padrinos le pagaran el estudio. Terminó el bachillerato y le tocó prestar servicio militar obligatorio. Lo mandaron a la Policía Militar, pero al tiempo se aburrió de esa vida y se escapó. Se fue para Santander adonde una hermana. La Policía o el Ejército, no sé cuál de los dos, empezó a preguntar por él y a decirles a mis papás que lo entregaran. Mi papá, desesperado, le pidió que se presentara. Él regresó y se entregó, y al poquito tiempo lo trajeron muerto. No se supo qué pasó, solo dijeron que él se había matado. Todo esto me lo han contado porque yo ya estaba en la guerrilla.

¿Y qué pasó con los otros dos?

A uno lo mataron un 24 de diciembre por defender a una mujer a la que un señor le estaba pegando. El tipo se fue de la fiesta en la que estaban, pero regresó y lo apuñaló por la espalda. Y el otro murió el año pasado en un accidente de tránsito.

¿Hasta qué año estudió?

Hasta segundo de primaria. Aprendí los palitos y las bolitas, y ya no más. Entré a las Farc cuando tenía como 18 años, por la situación de pobreza que vivía la familia. No había dinero para estudiar ni para ropa ni para comida. En medio de las necesidades llegaron unos muchachos de las Farc. Eran dos mujeres y dos hombres que le explicaban a la gente las razones por las que se armaron, daban orientación política y hablaban sobre la lucha de la guerrilla y su objetivo de tener un país más justo, en el que todos tuvieran derecho a educación, salud, vivienda y vida digna. Estuve de acuerdo con eso y les pedí el ingreso. Me escapé de la casa.

¿A qué unidad entró?

Al frente 13, que operaba en Caquetá y Huila. Esos primeros momentos en la guerrilla son emocionantes, pero también difíciles, porque uno llega a otro mundo. Era 1985, y llegué a cumplir las labores de cualquier guerrillero de base en el bloque Sur. Cuando me capturaron, en 2004, era financiera del frente 14.

En los tiempos del proceso de paz con Andrés Pastrana, de la zona de despeje en San Vicente del Caguán, ¿qué funciones cumplía?

Por tres meses formé parte de la guardia de seguridad de Fabián Ramírez y de ahí me encargaron las finanzas del frente 14 hasta el día en que me capturaron.

¿Cómo fue ese día?

Estaba en una misión en Cartagena del Chairá (Caquetá), con el objetivo de hacer una llamada y conseguir unas cosas de logística. Esa era una zona donde no había mucha presencia del Ejército. Como mi hermano tenía una finca cerca, en Peñas Coloradas, nos fuimos para allá apenas terminamos. A pesar de que dormir en casas de civiles estaba prohibido, por ser él nos quedamos esa noche ahí. Como a las 2:00 de la mañana uno de los muchachos que andaba conmigo me despertó al oír unos helicópteros. Me paré, me vestí, cogí mi fusil y el equipo. Cuando abrí la puerta tenían toda la casa cercada.

¿Luego qué pasó?

Me capturan y me llevan a Larandia (Caquetá), de ahí al batallón Liborio Mejía, donde nos tuvieron unas seis horas en interrogatorios, con una presión psicológica muy angustiante. Me pedían información de los comandantes y me decían que les colaborara, que igual quien me había entregado había sido Fabián. Les dije que si había sido él que ni idea, que hacía tiempo no veía. No me torturaron físicamente, pero sí psicológicamente. Algún día contaré todos esos detalles. Luego me llevaron al búnker de la Fiscalía en Bogotá. Los que éramos de las Farc nos acogimos a sentencia anticipada y reconocimos cargos, pero los otros que capturaron ese día en la casa, trabajadores, a mi hermano, hasta una señora que estaba ese día de paso, pasaron varios años presos injustamente.

La noticia de la captura dice que usted tenía algunos kilos de coca... 

Eso es verdad, pero eran de mi hermano, quien en ese tiempo tenía una estación de gasolina. Campesinos que trabajaban con eso le pagaron ese día a él con unas bolsas, que fueron las que encontraron. 

Pero a usted la procesaron por narcotráfico...

Sí, y utilizaron eso como evidencia contra mí. En Estados Unidos me acusan por conspiración para el envío de droga, pero nunca acepté ese cargo, porque nosotros en las Farc no traficamos. No es un secreto que se cobraba un impuesto y esa era una de mis labores para sostener la organización.

Usted es una de las primeras guerrilleras en ser extraditada a EE. UU. ¿Cómo recuerda esos días?

Creo que fue algo arbitrario, porque a mí no me capturaron con fines de extradición, sino por rebelión, sentenciándome a 4 años y 6 meses. Acepté cargos y estaba lista para que me trasladaran a El Buen Pastor, pero ahí llegó gente de la DEA pidiéndome información. Como no les di nada, me hicieron el montaje judicial para extraditarme. 

¿Qué le dijeron exactamente?

Me pidieron que testificara que los comandantes de las Farc eran narcotraficantes. Me ofrecieron la libertad, dinero y garantías para mi familia. Les dije que no, porque no podía afirmar eso, pues en el frente al que pertenecí nunca había visto que mandaran droga a Estados Unidos. Además, les expliqué que no conocía a los comandantes, solo a Fabián. Me respondieron que si no iba a colaborar me meterían a un cuarto oscuro, donde iba a estar muchos años por terrorista. Cuando terminó la visita de esos señores me tomaron foto, huellas y me mandaron a El Buen Pastor. A los cuatro meses me notificaron que un juez en Estados Unidos había solicitado mi extradición.

¿Cómo fue la llegada a EE. UU.?

Todo fue muy difícil, porque es llegar a un lugar desconocido, sin saber el idioma y en un sistema penitenciario que es muy estricto. Aterricé en Washington y pasé seis meses incomunicada. Solo podía hablar con la abogada cuando ella me visitaba. Era una celda, un poco más grande que las de aquí, con una cama, inodoro y lavamanos. No tenía contacto con nadie, ni acceso a libros. Más adelante la monja María Lapasaran me encontró y tuve un alivio muy grande. Empecé a aprender algunas palabras en inglés para poderme comunicar. Me llené de valor para enfrentar la condena. Fue una persona muy especial para mí, me visitaba una hora los viernes, después de haber visitado a Simón Trinidad.

¿Al cuánto tiempo la trasladaron a una prisión de máxima seguridad? 

A los seis meses. La monja me ayudó a hacerle una carta al juez para que me mejoraran las condiciones. Entonces me llevaron a otro edificio donde podía estar con más mujeres. Allí estuve como ocho meses, hasta que me pidieron que me declarara culpable, pero me negué. Entonces me devolvieron a mi antigua celda, en la que estuve 23 meses y enfrenté el juicio que duró un mes. Todos los días me llevaban a la Corte a escuchar las pruebas, los testimonios de los falsos testigos. Cuando terminó, esperé como cuatro meses hasta que me mandaron a una prisión federal en Fort Worth (Texas).

¿Allí cómo eran las condiciones de reclusión?

Era como un hospital a donde llevan a las reclusas que están enfermas. Estuve allí porque era la única cárcel federal de máxima seguridad para mujeres. La comida era mejor, la ropa, las celdas. Compartí celda solo por un corto tiempo con Andy Johnson. Ella estaba condenada a pena de muerte, pero apelaron y le dieron cadena perpetua. En ese lugar pasé todo el tiempo de mi sentencia y me dediqué a leer, estudiar inglés, hacer ejercicio y ayudar con las labores de la cocina. Teníamos televisión y veíamos las noticias en CNN en español.

¿Qué opina de la justicia americana?

Tratan con mucho respeto, pero los casos como el mío los fundamentan en montajes. Tienen leyes muy duras, incluso injustas, que lo hacen a uno culpable con base en mentiras.

¿Cómo era un día a día suyo?

Me levantaba a las 5:00 de la mañana, me bañaba, hacía mi cama y, después de conocer a Dios, oraba. Luego me iba a la cocina a ayudar con el desayuno. Leía, hacía mis ejercicios y todo tipo de actividades que se podían hacer allá, como estudiar inglés. Me gradué del programa de estudios, con toga y birrete, me dieron 25 dólares y una torta.

¿Cómo se comunicó con su familia durante esos años?

Por teléfono y por correo electrónico. Nunca pudieron visitarme. Y ahora todavía no los he podido ver, solo a mi hijo, que tiene 24 años.

¿Y alguna vez pudo hablar con Simón Trinidad?

Nos cruzamos dos veces en la entrada a la corte. Lo vi cuando lo iban a meter a un elevador y a mí en otro. Me gritó: Sonia. No lo reconocí y dijo: “Soy Simón. ¿Cómo está? Yo estoy bien”.

¿Cómo vivió el proceso de paz?

Por las noticias y con mucha ilusión. Era lo que anhelábamos todos: encontrar una salida negociada al conflicto. Y lo seguí con mucha atención por las noticias. El día de la firma fue emocionante y las chicas de la prisión le hacían barra a Timochenko. 

¿Qué sintió al regresar a Colombia?

Estuve muy feliz hasta que me volvieron a capturar. Me imaginé que eso iba a pasar porque la sentencia que me dieron en Colombia era más larga que la de Estados Unidos.

¿Qué piensa de la extradición después de estar 13 años presa en Estados Unidos?

Fue injusta e ilegal, porque no me capturaron con fines de extradición, sino que hacen un montaje. La figura fue creada para que el Gobierno colombiano se congraciara con Estados Unidos y así recibir apoyo militar. Es un mecanismo más de la guerra. Mire el caso de Simón, quien sigue preso a partir de montajes y a pesar de que ya firmamos la paz y dejamos las armas. Es el primer incumplimiento del Gobierno al Acuerdo. Pero seguiremos luchando por su libertad y la de los compañeros que aún están presos.

¿Qué enseñanzas le dejaron tantos años en prisión?

Pienso que fue una experiencia que, a pesar de las circunstancias difíciles que enfrenté, fue un aprendizaje muy grande. Conocí otras culturas y gente bella, aprendí otro idioma. Regresé a Colombia en un momento en el que el Acuerdo de Paz pasa momentos difíciles y en el partido de la FARC hay unas discusiones muy duras 

¿Cómo ve a sus compañeros? 
A Santrich le quiero mandar un mensaje de solidaridad, de amor y esperanza. Que no pierda la fe y que muy pronto podremos tenerlo en libertad. A Iván y al Paisa, que espero que tengan todas las garantías para que puedan regresar a la primera línea para luchar políticamente. Y decirles a todos los colombianos que en mi nombre y en el de las Farc pido perdón desde lo más profundo de mi corazón por el daño causado.

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Alfredo Molano Jimeno - @AlfredoMolanoJi

Política

“En mi nombre y en el de las Farc pido perdón”: primera guerrillera extraditada a EE.UU.

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