¿En qué van las sesiones virtuales del Congreso?

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Mientras los presidentes del Senado y la Cámara están a favor de citar presencialmente, avanza lentamente la implementación de una plataforma online que satisfaga las necesidades legislativas. Todavía no está establecido un presupuesto ni se ha contratado una empresa que brinde el servicio.

El nuevo coronavirus (SARS CoV-2) llegó a un mundo desprevenido. Ningún país estaba preparado para encarar el golpe de un virus silencioso y con alto nivel de contagio. En Colombia, el intento por mitigar la transmisión y evitar el colapso del sistema de salud ha paralizado incluso a la democracia: hoy se cumplen 15 días desde que el Congreso, el poder legislativo, suspendió sesiones. 

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En ese tiempo se han tomado dos decisiones importantes. La primera sucedió el 28 de marzo, cuando el presidente Iván Duque, en horas de la noche, firmó el decreto que avala la creación de sesiones virtuales de comisiones y plenarias. La segunda aconteció el 2 de abril, cuando los presidentes del Senado y la Cámara se pronunciaron a favor de las sesiones presenciales. Por un lado, Lidio García citó a los senadores a reunirse en el Capitolio el 13 de abril, diciendo de entrada que espera que asistan los parlamentarios que no tengan afectaciones en la salud y que lo hagan “bajo su propia responsabilidad”. Por el otro, Carlos Cuenca Chaux pidió que se modifiquen los decretos sobre movilidad y reunión para que en el caso del Congreso se habilite la reunión de más de 50 personas. 

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Las medidas del Ejecutivo y Legislativo, en conjunto con las reacciones sobre si son viables o no, creó un remolino confuso que abre la pregunta: ¿y las sesiones virtuales, qué? Según explicó Gregorio Eljach, secretario general del Senado, a pesar del llamado de las corporaciones para agrupar en un mismo espacio a varias personas (mayores de 30 años), sigue en firme el trabajo para diseñar e implementar una plataforma que satisfaga todas las acciones que requiere una sesión. Manifestó que esa labor se está realizando en paralelo. 

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Sin embargo, lo cierto es que avanzó más rápido la decisión por citar presencialmente que la definición del servicio que serviría para llevar a cabo una sesión virtual. Si bien es una tarea que se está haciendo, va a paso lento. Cámara y Senado están desarrollando este proceso por separado y aunque ese no debería ser un limitante, van a dos ritmos distintos. 

Así va el proceso en la Cámara

En la Cámara de representantes el trámite cuenta con algunos avances. Desde que se decretó la suspensión del  Congreso varios representantes presentaron ideas y posibilidades, cartas de constitucionalistas y plataformas que pudieran servir al cometido. De hecho, el pasado 30 de marzo, varios representantes se reunieron con la Red Nacional Académica de Tecnología Avanzada (Renata) -una entidad público privada del Estado colombiano, sin ánimo de lucro- que podría proveer las adaptaciones tecnológicas para sesionar, como lo son utilizar tokens para ejercer el voto privado, presentar proposiciones y registrar lo que sucede en los encuentros legislativos. 

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Así mismo, mientras eso ocurría, el presidente de esa corporación, Carlos Cuenca, le compartió la necesidad de implementar la virtualidad para reanudar el Congreso a la dirección administrativa de la Cámara, en cabeza de Carolina Carrillo. Una vez en sus manos, Carrillo hizo lo pertinente: enviar una carta al Ministerio de Hacienda para solicitar presupuesto para este proyecto y comunicarse con Colombia Compra Eficiente, el máximo órgano rector en contrataciones, para preguntar sobre cuál debía ser la modalidad de contratación en caso de encontrar una empresa que suministre el servicio. 

“El Ministerio de Hacienda aún no ha respondido la misiva, mientras Colombia Compra Eficiente nos dijo que esa entidad no es competente para darnos esa directriz, y que las entidades del Estados somos autónomas para seleccionar la modalidad de contratación que mejor nos parezca”, manifestó. De igual forma, añadió que ya hay un listado con empresas que están interesadas en dar solución a las sesiones virtuales y que, en efecto, una de esas compañías es Renata. “A todas les solicitamos cotización, pero no sobre especificaciones técnicas que nosotros tenemos, sino de puntos que ellas consideren que puede estar necesitando el congreso, toda vez que ellos mismos fueron los que se acercaron a la corporación a ofrecer el servicio. Sin embargo, no han llegado esas respuestas”, explicó. 

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Las organizaciones que por ahora han manifestado interés de lograr ese contrato son: Teseract S.A.S, Ground Support Equipement (o GSE Colombia S.A.S), Red Nacional Académica de Tecnología Avanzada (Renata), Claro Colombia, y Grupo Active S.A.S. En manos de Carrillo está revisar las respuesta de estas empresas, comparar valores, verificar si el Ministerio de Hacienda puede aportar algo, y examinar cuánto presupuesto propio tiene la Cámara para contratar ese servicio. 

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Sin embargo, todo es aún incierto. No solo el costo del posible contrato, sino también el tiempo que tardaría en ajustarse y ponerse en práctica la plataforma. Ese último punto obedece a que es la secretaría general la que debe recoger los requerimientos de los congresistas que consideren que debe incluir el software y especificaciones técnicas para dar luego inicio al contrato. Mientras esto ocurre al interior de la dirección administrativa, el presidente Cuenca insiste en que el decreto presidencial que avala las sesiones virtuales debe también pasar por revisión de la Corte Constitucional. A la par de todo esto, los congresistas se han reunido virtualmente a discutir temas informalmente. 

El Senado va un paso más atrás

Mientras que en la Cámara están a la espera de que se pronuncie la Corte Constitucional y está cotizando con diferentes empresas, en el Senado están trabajando en dos frentes frente a las sesiones virtuales: el jurídico y las pruebas de la viabilidad de las aplicaciones que actualmente están en el mercado. Sobre este tema, Gregorio Eljach, secretario del Senado, aseguró que se está “tratando de definir la viabilidad legal de aplicar las sesiones virtuales formales e informales”. 

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“Se busca entender la forma en que tengan efectos vinculantes para eso se han venido adelantando sesiones informales. De igual manera se están haciendo estudios de derecho comparado para saber cómo se está llevando a cabo en otros países”, señaló Eljach sobre las labores que se han adelantado para determinar si se puede proceder o no a este tipo de sesiones en ámbitos virtuales. 

Estas reuniones también han servido para realizar las pruebas de las aplicaciones que podrían usarse para llevar a cabo las reuniones virtuales. “Se optó por adelantar en Zoom Enterprise varias reuniones virtuales con algunas formalidades”, comentó Eljach, que incluso reveló que ya se había hecho la prueba de cómo funcionaría una sesión formal con la participación de varios congresistas y funcionarios de la mesa directiva.  

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Las especificaciones son varias y casi ninguna de ellas es conocido por los senadores, estos solo esperan que la aplicación usada sea lo más similar al procedimiento de las sesiones físicas. Por ejemplo, estos han pedido que puedan hacer un seguimiento voto a voto, como se hace en el tablero informativo en el capitolio. Además, reconocen que la comprobación de la identidad debe ser 100% fiable, pues no puede quedar dudas del que esté presenciando la sesión virtual y vote es el congresista que dice ser. 

Las principales labores técnicas las están desarrollando los ingenieros de planeación del sector administrativo del Senado. “La parte de administrativa está esperando que los senadores hagan las pruebas y sean ellos los que escojan cual es la aplicación que mejor se ajusta, después saldremos al mercado”, dijo a este diario Astrid Salamanca, directora general administrativa del Senado. 

La labor del sector administrativo del Senado ha sido acompañada en los últimos días por asesores del Ministerio de las Tecnologías de la Información, son ellos los que darían un último concepto sobre este tema para evitar que se compre una aplicación que no cumpla con las necesidades del Congreso. Mientras tanto, se tiene en la baraja cerca de 8 aplicaciones, entre las que están Zoom, Hangouts de Google, Webex de Cisco, entre otras. 

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Todas estas aplicaciones tienen que cumplir con requisitos técnicos que incluye mínimo 150 conexiones de video conferencia, compatibilidad con celulares y computadores, la posibilidad de encuestas tipo Sí o No en tiempo real, la posibilidad de tener 3 moderadores, un alto grado de seguridad, grabación de las sesiones y un repositorio de las votaciones y documentos. 

A pesar de que está claros estos elementos, en el Senado se dice que para salir a comprar el programa aún falta tiempo, pues todavía hay que hacer las pruebas y conocerse si es viable o no que se lleven a cabo las sesiones virtuales. Con todo, el poder legislativo en época del nuevo coronavirus funciona como una rueda suelta: los representantes y senadores realizan sus propias sesiones virtuales informales y se reúnen en las comisiones, sin que los frene las inquietudes de los presidentes de sus corporaciones por los aparentes vacíos legales que argumentan. Y mientras buscan legislar a distancia, citan a sesión presencial en medio de la etapa de mitigación decretada por el Gobierno (que es la fase en la que el país busca disminuir drásticamente la transmisión del virus). Al final, la democracia también tambalea ante el peligro de un virus sin vacuna a la vista. 

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