Entre competencia y polarización, contexto del gobierno Santos

El reacomodamiento de los principales poderes políticos de cara a las elecciones de 2014 y sus posibles principales estrategias de campaña.

Los diálogos de paz que se adelantan en La Habana han dividido al país y ya se perciben posibles realineamientos de la clase política. En una coyuntura en la que reina la incertidumbre, los diferentes partidos y movimientos políticos deciden cuál será su estrategia electoral para el 2014 y deben definir a qué la apostarán en un contexto donde lo único que se sabe a ciencia cierta es que habrá mayor fragmentación. El creciente antagonismo entre Uribe y Santos, una clara reedición de una dicotomía típica en nuestra historia política entre sectores políticos modernizantes y tradicionales, terminará por convertirse en la división maestra sobre la cual gravitarán los principales poderes políticos en los próximos comicios, lo cual supone desafíos y retos para la estabilidad política del país.

Uribismo recargado

Si bien es cierto que el capital electoral del uribismo quedó en entredicho en las pasadas elecciones locales de 2011, las nuevas condiciones políticas nacionales y las particularidades de las elecciones de 2014 llevan a pensar que esta fuerza política, ahora amalgamada alrededor del rebautizado Centro Democrático, tiene capacidades reales para alterar el equilibrio de poder actual. Según Francisco Santos, el movimiento aspira a obtener entre el 30% y el 35% de las curules del Senado. ¿Cuál es su estrategia?
Además de recoger el creciente malestar que ha generado en varias regiones la agenda política del gobierno Santos y de explotar el carisma del expresidente Uribe, el Centro Democrático le apunta a exacerbar y capitalizar a su favor las divisiones internas de algunos partidos miembros de la coalición de gobierno.

Las disputas internas

En el caso del partido Conservador, la situación no puede ser más propicia para pensar en nuevas alianzas. Además de considerar que han recibido un tratamiento de segunda clase por parte del gobierno actual, varias decisiones del presidente Santos, entre ellas su apoyo a la marcha por la paz programada para este 9 de abril, han sido vistas por algunos miembros de esta colectividad como señales de un peligroso desplazamiento a la izquierda. En este sentido, el dilema conservador es claro: o se mantiene junto al presidente a pesar de sus diferencias con él y goza de la discreta porción de la torta burocrática que le ha merecido estar en la coalición de gobierno o salta al vacío y se la juega en la oposición buscando recuperar el caudal electoral que ha perdido en las últimas décadas.

El partido la U

Por el lado del partido de la U, las divisiones internas no han alcanzado tales niveles críticos y el escenario no parece tan fácil para Uribe. Apenas dos de sus congresistas han hecho público su interés de salirse del partido y hacer política en su nombre: el representante a la cámara por Bogotá Miguel Gómez y el senador Juan Carlos Vélez. Sin embargo, más que a una fidelidad irrestricta a Santos, la cohesión del partido tiene que ver con los cálculos políticos de sus miembros de cara al panorama institucional actual. No hay que olvidar que una de las movidas del gobierno fue precisamente hundir en el Congreso la reforma política que permitía el transfuguismo.
Así las cosas, el dilema que se presenta en la U no se percibe entre los congresistas activos, pues las divisiones se contienen por incentivos institucionales (la doble militancia impone costos prohibitivos a la salida), sino más bien a nivel de las bases, por debajo, allí donde los operadores políticos locales y la gente de a pie que votó por los candidatos del partido consideran están siendo traicionados por el gobierno de Santos.


La apuesta de Santos

Ante la arremetida de Uribe y su declaración de una “batalla de tesis” en un entorno que le ofrece oportunidades para prosperar, al presidente Santos no le ha quedado otra opción que apretar su campaña reeleccionista pues sabe que, en una eventual contienda electoral, tiene casi todo a su favor. ¿Qué podría salirle mal?

Por paradójico que parezca, precisamente su condición de presidente es el factor que le podría generar mayores inconvenientes. Su figura incita la atención constante del público y cada acción suya es observada por potenciales votantes quienes, en un eventual proceso electoral, valorarían su candidatura a partir no tanto de sus propuestas e ideas, sino de los resultados de su gestión. En este sentido, el gran reto que enfrenta el presidente es cumplir con las expectativas que ha generado una agenda política ambiciosa que todavía no ha logrado materializarse en resultados concretos y superar la imagen generalizada que tienen de él distintos sectores en varias regiones del país como un presidente enquistado Bogotá.

¿Y la izquierda qué?

Al calor de la división que experimentan las elites políticas del país y en una coyuntura de diálogo que la favorece, la izquierda enfrenta una oportunidad que no debería desaprovechar. Sin embargo, para esto debe salvar un par de inconvenientes. No solamente debe renovarse y construir una nueva imagen de cara a la sociedad, sino también superar las tendencias a la fragmentación que, de persistir, la llevarían a desaparecer del mapa político nacional. Tal y como están las cosas, se logran identificar al menos tres grupos a su interior (Polo Democrático, Progresistas y Marcha Patriótica) que, de ir por su propia cuenta a las elecciones de 2014, reducirían la posibilidad de acceder a un número de curules relevante: además de disputarse electorado entre ellos mismos, minarían la posibilidad de seducir a una población proclive al voto de opinión.

Entre la competencia y la polarización

Resultado de la división que enmarca el debate político actual, para las elecciones de 2014 se vislumbran al menos tres bloques políticos (Santos, Uribe y una izquierda fragmentada), dos de ellos con verdaderas opciones de poder y con la capacidad de jalonar a los demás partidos y candidatos. Aunque la crítica y el debate son bienvenidos, sobre todo en un régimen como el colombiano que se precia de brindar las garantías suficientes para el debate democrático, los trinos y pronunciamientos de Uribe se ubican en la delgada línea que separa la competencia de la polarización. Esperemos que Santos no siga sucumbiendo al espíritu pendenciero del ex presidente y permita que sean las instituciones las que contengan y canalicen las desavenencias con su contraparte. Por algo están ahí.


*Investigador del Cinep

 

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