Entre el dolor y la “jugarreta política”

En medio de sentidos homenajes ciudadanos a los militares asesinados en el Cauca por las Farc, el Gobierno pidió respetar el dolor de sus familiares y no buscarle réditos políticos. “La paz es de todos”, dijo Santos.

Detalle de un altar improvisado en memoria a los once soldados del ejército colombiano que murieron después de un ataque de las Farc, frente a un cantón militar de la ciudad de Cali (Colombia). / EFE
Si de sacar réditos políticos y azuzar la polarización se trata, ya ni siquiera importa el dolor de los familiares de los 11 militares asesinados por las Farc en el ataque del martes pasado en la vereda La Esperanza, municipio de Buenos Aires, norte del Cauca. Polarización que esa misma guerrilla se encarga de alimentar cuando en sus pronunciamientos desde La Habana, sede de los diálogos de paz, dice que los hechos obedecieron a una acción “totalmente defensiva”, que sus unidades “estaban siendo cercadas para ser atacadas” y que “el único responsable de las víctimas que se están generando por la persistencia de la guerra, es el Estado”.
 
Lo cierto es que mientras el expresidente Álvaro Uribe anunciaba la cancelación de un viaje que tenía previsto a Brasil para asistir a la honras fúnebres del soldado profesional Óscar David Blanco, una de las víctimas de la incursión guerrillera, en El Carmen de Bolívar –tras solicitud del padre del uniformado--, su partido, el  Centro Democrático, en cabeza del representante Edward Rodríguez, pedía la renuncia del ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón. “Aquí tienen que rodar cabezas y por eso le he pedido al Ministro que por honor renuncie. Aquí no puede quedar esto en la impunidad y hoy nuestros soldados y policías no se sienten identificados con él”, aseguró.
 
Su copartidario, el también representante Samuel Hoyos, anunció por su parte que solicitará ante la Comisión de Acusación de la Cámara una investigación en contra del presidente Juan Manuel Santos y el mismo Pinzón, por presunta omisión: “Queremos ser la voz de las personas que no tienen representación en este Gobierno, que está haciendo un proceso de paz donde el único beneficiado son las Farc. Hay que ver si el Gobierno tiene responsabilidad por omisión en esta masacre. Ellos deliberadamente decidieron dar la orden de que no se hicieran bombardeos. Hay testimonios de soldados sobrevivientes que dicen que pidieron ayuda, asistencia aérea y no se les brindó, aunque estaba a unos 10 o 15 minutos de vuelo”, señaló.
Afirmaciones que tuvieron una dura réplica por parte del Mindefensa, quien las calificó como una verdadera “canallada”. “Yo no entiendo a esta altura de quién será el interés o cuál será la pretensión de querer crear un ambiente totalmente equivocado. Yo invito a quienes están en eso a que tengan claro quiénes son los únicos enemigos de Colombia: los asesinos, los que cometen el crimen, los que están en la violencia. Yo no puedo seguir comprendiendo cómo hay sectores políticos que quieren convertir este tipo de hechos tan dolorosos y tan importantes en la vida nacional como elementos de jugarreta política”, enfatizó.
 
Postura que se encargó de reafirmar el presidente Santos, después de asistir a una ceremonia privada en la catedral castrense del Cantón Norte en Bogotá, donde se llevaron a cabo las honras fúnebres de José Wilfrido Languilavo Lavacude, otro de los militares muertos en el Cauca. “La paz no puede convertirse en una bandera política, la paz es un bien de todos y buscarla también. El dolor de las familias debemos respetarlo y lo debemos acompañar”, manifestó el primer mandatario. Y el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, también le pidió a la oposición no buscar obtener provecho  político con la tragedia.
 
En medio de ese tire y afloje no se pueden dejar por fuera las palabras del procurador general, Alejandro Ordóñez, quien ha reafirmado su postura crítica frente a las negociaciones de paz, señalando que desde un primer momento el Gobierno Nacional tenía que establecer una fecha límite para firmar los acuerdos: “Fue un error iniciar las conversaciones sin términos, fue un error no exigirle a la guerrilla una desmovilización, fue un error con colombianos secuestrados, fue un error iniciar las conversaciones con reclutamiento de niños, fue un error no exigirle a las Farc cesar de manera inmediata sus actos criminales contra la población civil y las Fuerzas Armadas”, dijo. 
 
Posiciones encontradas por aquí y por allá. “Ya uno está cansado de tanto diálogo ahí en Cuba, en cambio acá siguen matando a policías, soldados, todo el que se atraviese. Entonces, ¿dónde está ese diálogo, esas conversaciones de paz?”, se preguntó Pablo Blanco, el padre del soldado Óscar David Blanco, a cuyo sepelio asistió Uribe. Una sensación que no es sólo de quienes hoy padecen el dolor de tener a un familiar muerto en aras de la patria, sino que comparten la mayoría de colombianos, y que se ha dejado expresar, sobre todo, a través de las redes sociales. En Twitter y Facebook, por ejemplo, pululan los mensajes de rechazo a las Farc y hasta pidiendo fijar plazos para un acuerdo, como dice el Procurador, o acabar de una vez por todas con las negociaciones para buscar el aniquilamiento de la guerrilla por la vía militar.
Es por eso que en un informe de hoy, el grupo de análisis Crisis Group --organización no gubernamental dirigida a la resolución y prevención de conflictos armados internacionales, con sede en cuatro continentes--, les pidió al Gobierno y a las Farc, así como la comunidad internacional, intervenir rápidamente para evitar que la tensión que se vive en el país tras el ataque guerrillero en el norte del Cauca deteriore el proceso de paz. “La acción subversiva del pasado martes, la más letal desde que se iniciaron en noviembre de 2012 los diálogos en Cuba, probablemente no provoque el colapso de las conversaciones, pero ciertamente puede perjudicarlas”, advirtió.
 
Y en este sentido, señaló que por un lado los países garantes de los diálogos, Cuba y Noruega, pueden contribuir aclarando las circunstancias del suceso con asistencia sobre el terreno del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR). Y por el otro, los socios internacionales de Colombia, “deberían renovar públicamente su apoyo a los diálogos de paz”. De hecho, a juicio de Crisis Group, el suceso “puede evidenciar que los negociadores en La Habana tienen problemas controlando a sus tropas y previniendo que reaccionen a las continuas acciones de los militares colombianos”.
Por si fuera poco, las presiones al Gobierno para que inicie “una retaliación sin límites” y dé un “ultimátum” a las negociaciones ponen “en un serio riesgo el proceso”. Y advierte que una gran ofensiva militar pondría en peligro los logros humanitarios alcanzados por el alto al fuego de las Farc que comenzó el 20 de diciembre y, “posiblemente”, provocaría que esa tregua guerrillera se suspendiera. Así, “volver a encarrilar el proceso no será tarea fácil”, resume el grupo de análisis, que considera que este ataque “probablemente ha borrado cualquier nivel de confianza entre las Farc y los militares”. 
 
Una realidad que se refleja en el sentir de la gente del común y corriente, que hoy, a la entrada de varias bases militares en ciudades como Bogotá, Cali y Medellín, se acercó a dejar ofrendas florales en homenaje a los soldados asesinados. Y de paso, algunos dejaron carteles con mensajes de rechazo a las Farc. Una clara muestra de que si algo había ganado el Gobierno en los últimos meses con su “pedagogía de la paz”, en menos de media hora que duró el ataque de la guerrilla en la vereda La Esperanza de Buenos Aires, norte del Cauca, todo ese trabajo se echó a perder y los que cosechan ahora con este hecho de guerra son quienes se oponen a la salida negociada del conflicto.