Entre hacer la guerra y el cese al fuego

Ocho uniformados murieron. El jefe negociador del Gobierno en La Habana, Humberto de la Calle, dijo que el proceso de paz es para que estos hechos no se repitan.

La ofensiva de las Farc en el Cauca y Norte de Santander dejó ocho miembros de la Fuerza Pública muertos. / AFP

“Tenemos que lamentar la muerte de varios uniformados por acciones de la guerrilla. Al enviar nuestro mensaje de condolencia a sus familiares y a los miembros de las Fuerzas Armadas, tenemos que reiterar que el propósito de las conversaciones es que esto no se repita. La razón de ser de la mesa de conversaciones es el fin de la guerra. Como ha dicho el presidente Santos, el corazón del proceso son las víctimas. Las que ya han sufrido, pero también las que tenemos el deber moral de evitar”.

Fueron las palabras del jefe negociador del Gobierno en La Habana (Cuba), Humberto de la Calle, en una declaración pública en la que inicialmente resaltó el gesto de las Farc de reconocer su responsabilidad y ofrecer disculpas por la masacre de Bojayá (Chocó), ocurrida en mayo de 2002, pero en la que necesariamente tuvo que referirse a la ofensiva subversiva de las últimas horas en el Cauca y en Norte de Santander, que ha dejado cinco miembros de la Fuerza Pública muertos y por lo menos ocho heridos.

El hecho más grave sucedió entre las veredas de San Pedro y Vilachí, municipio de Santander de Quilichao, en el norte del Cauca, donde tropas de la Tercera Brigada se enfrentaron a guerrilleros de la columna Jacobo Arenas, que tenían apoyo del Sexto Frente de las Farc, donde murieron cinco soldados, siete quedaron heridos y se habla de uno desaparecido.

“Teníamos información de que iban a atacar el puesto de mando de la Brigada Móvil 14 del Ejército, en Caloto, y el Batallón Pichincha, en Santander de Quilichao. Y que antes del inicio de la tregua unilateral iban a atentar contra la infraestructura vial entre Santander de Quilichao y Popayán y contra una maquinaria que tenemos en una carretera entre las veredas Mondomito y San Pedro”, explicó el general Wilson Chávez, comandante de la Tercera Brigada.

Este hecho se suma a la activación de una carga explosiva en la Vía Panamericana, que comunica a Popayán con Cali, que no dejó personas afectadas. A su vez, en el municipio de Convención (Norte de Santander), guerrilleros de las Farc y del Eln —según fuentes militares— dispararon ráfagas de fusil y lanzaron artefactos explosivos contra la estación de Policía, dejando un uniformado herido. Y en Toledo, en ese mismo departamento, tres policías murieron en un ataque armado de las Farc.

Por eso, mientras para unos se trata de los costos de negociar la paz en medio del conflicto, para otros no es más que la muestra de la falta de voluntad de las Farc. “Este ataque adrede y el asesinato de los soldados son una muestra más del cinismo de una guerrilla que lo que ha hecho es tenderle una trampa al Gobierno con su falsa propuesta de cese unilateral e indefinido de hostilidades, bajo la condición de que el Estado paralice a las Fuerzas Militares para poder ellos delinquir a sus anchas”, señaló el senador Alfredo Rangel, del uribista Centro Democrático.

Por su parte, el senador Iván Cepeda, del Polo Democrático, considera que el asunto fundamental es avanzar hacia que esos hechos no se repitan. “No creo que este hecho, que no dudamos en condenar, puede ser una forma de descalificar el anuncio que se ha hecho de la tregua unilateral”, dijo. Y la representante a la Cámara Ángela María Robledo, de la Alianza Verde, insistió en la necesidad de que del lado del Ejército colombiano haya gestos de paz, especialmente en los territorios donde se libra esa guerra: “Rechazo y dolor a la muerte de estos jóvenes y ratificación y urgencia de que ojalá entremos a un cese bilateral del fuego”.

Una situación compleja, sin duda, en la que las partes tratan de rodearse de argumentos para fortalecer su posición en la mesa. Por eso, para Alejo Vargas, director del Centro de Pensamiento sobre el Proceso de Paz de la Universidad Nacional, el Gobierno “debería adelantar una estrategia de información permanente y sistemática de los riesgos que significa conversar en medio del conflicto armado, pero al mismo tiempo porque es la opción de mayor viabilidad política; y la guerrilla igualmente debería entender que es su responsabilidad, si quiere que la opinión acompañe el proceso de conversaciones, tratar de minimizar sus acciones militares para contribuir de esta forma al necesario clima de opinión que las mismas requieren”.

Ahora, si bien desde hoy las Farc están en cese del fuego, falta ver qué tanto lo cumplen sus tropas en Colombia. En el reciente pasado, frente a anuncios similares, si bien han disminuido las acciones armadas, algunas estructuras no han cumplido con esa palabra, supuestamente porque la directriz de los comandantes que están en La Habana no llega tan fácilmente a las montañas y selvas del país. Por eso, como lo plantean algunos analistas, es posible que debamos estar atentos a nuevas demostraciones de fuerza de ambos bandos —Gobierno y Farc— hasta lograr el tan anhelado acuerdo de paz.