“No he anunciado ninguna candidatura, ni he estado en ese plan”: Óscar Iván Zuluaga

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Excandidato presidencial y exministro, habla de la crisis por la fallida reforma tributaria de Duque.

En medio de la crisis política que desató la fallida reforma tributaria del gobierno Duque, el exministro de Hacienda y excandidato presidencial Óscar Iván Zuluaga rompió su silencio y sorprendió con una carta en la que aboga por el diálogo y el consenso en búsqueda de un acuerdo con diferentes fuerzas políticas para promover otra iniciativa para la recuperación fiscal.

En diálogo con El Espectador, el exministro abre la puerta a un eventual revolcón ministerial, advierte que el vandalismo durante las protestas está escalando hasta desarrollar “una estructura criminal” y responde a quienes lo perfilan hoy como uno de los posibles precandidatos del Centro Democrático en pro de conservar el poder en 2022.

¿Cuál es su lectura de la situación y de este ambiente de crispación social por cuenta de una reforma tributaria en medio de la pandemia?

La pandemia es la crisis más profunda y grave que ha tenido la humanidad en los últimos cien años y en Colombia no teníamos antecedente de una crisis de esta magnitud, con un problema de salud que ha derivado en una crisis social, económica y política. Por otro lado, llevamos 14 meses de pandemia y es obvio que la psicología de todos está muy afectada. Hay angustia y preocupación, y aún falta un camino por recorrer grande.

Por eso he dicho que la principal prioridad hoy de cualquier ciudadano es ‘¿cuándo me van a vacunar?’, porque de eso depende su supervivencia. Y esta pandemia ha generado una crisis social muy fuerte: se han perdido cuatro millones de empleos, se aumenta la pobreza (como lo rectifica el DANE), ha crecido la desnutrición y se han afectado las finanzas públicas de una manera impresionante. En año y medio hemos tenido que aumentar 15 puntos porcentuales la deuda pública, que ya llega a unos niveles en los que no es sostenible.

Toda esa confluencia de factores explotó la semana pasada, porque la mayoría de la ciudadanía, como reflejaban las encuestas, decía que la reforma iba en el sentido contrario. Y si un ciudadano tiene preocupación por la vacuna, el empleo, la seguridad y, aparte de eso, le dicen que le van a poner más impuestos, se crea una reacción como la que vimos y es correcto que el presidente de la República, interpretando a la gente, hubiera retirado la reforma. Fue un hecho que apoyé desde el principio.

¿Ese descontento social es genuino o, como sugirió en la carta al presidente Duque, también hay “actores al margen de la ley” que están aprovechando la situación, justo en un año preelectoral?

Claro, es muy delicado. Si uno mira la historia de las crisis en problemas de salud, siempre posterior a la crisis o cuando se están encontrando soluciones, aumentan las tensiones sociales. Hubo una reacción natural y lógica, porque se deterioran los indicadores sociales: aumenta la pobreza, el desempleo o la desnutrición, y eso lleva a un estado de reacción social. Eso es parte de un proceso cuando estamos en una crisis como la que vivimos.

Pero la protesta pacífica, que es un derecho y todos respetamos, no puede prestarse para que se desarrolle una estructura criminal de vandalismo como estamos viendo hoy en el país. Lo que ocurrió en Cali es muy patético: el día del paro se desarrollaron 80 actuaciones de vandalismo a la vez y eso no es espontáneo, tiene que obedecer a una estructura organizada y criminal, financiada con propósitos y actores claros. Ese desafío no lo puede permitir el Estado, por eso es necesario fortalecer el apoyo a las Fuerzas Militares y de Policía. Para poder enfrentarlo, con toda la autoridad y la ley (como corresponde), pero para darles a los ciudadanos la tranquilidad y que los protejan en su integridad. Por ejemplo, un comerciante que le saquean por completo su almacén o que se lo incendian, y que puede sentir expuesto todo su patrimonio y su vida. Para eso no es una marcha pacífica. Hay que establecer unos límites muy claros en ese sentido y por ello el desafío de los vándalos, que hoy corresponde a estructuras criminales organizadas y financiadas. Eso lo dice el ministro de Defensa, Diego Molano, con mucha autoridad.

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En su carta aboga por un acuerdo político para superar esta crisis y habla de un “gabinete de unidad nacional”. ¿A qué se refiere con ello? ¿Será necesario un remezón en el gabinete Duque?

Una crisis de esta magnitud requiere un acuerdo de unidad con los sectores políticos, sociales y productivos para construir unas propuestas viables que se aprueben en el Congreso y permitan dar respuesta a esos problemas de los ciudadanos. Construir un acuerdo político tiene que implicar también poner sobre la mesa la posibilidad de que, si es necesario y así lo considera el presidente, se les pueda dar participación política a esos sectores.

Eso garantiza que las reformas van a ser aprobadas, pero sobre la base de que hay un compromiso en los programas y en las propuestas. Eso es lo natural de la política. Un gobierno tiene que rodear y reflejar realidades nacionales. Hoy la crisis es de tal magnitud que se requiere la mayor cantidad de sectores políticos que sientan identidad con estas propuestas para poderlas llevar a cabo y dar respuesta a la ciudadanía. Lo que está en juego es Colombia. Lo que está en juego es nuestra tranquilidad democrática. No es el momento de pensar de manera individual, ni en un determinado partido. Hay que convocar a los mejores para sentarse y trabajar con ellos para encontrar las soluciones.

Si se llega a ese escenario, ¿en qué carteras se requerirían ajustes? Hay quienes hablan no solo de remplazar al ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, sino incluso al ministro del Interior, Daniel Palacios...

No me corresponde a mí señalar esos casos específicos. Mi idea es que es el presidente de la República, en su fuero y autonomía, quien debe determinar cómo su gobierno y los ministros que son sus más cercanos colaboradores pueden garantizar el cumplimiento de ese acuerdo y sacar adelante esas propuestas en el Congreso. Es el presidente, en su leal saber y entender, quien determinará cuál es el equipo y cómo corresponde seguir adelante. Lo importante es estar abiertos, creo yo, a poder garantizar que sectores políticos puedan tener un compromiso para participar en el gobierno y sacar adelante la reforma. En un momento de crisis hay que actuar así, porque los retos que enfrentamos son muy grandes y requieren el concurso de todos: un solo partido, una sola fuerza política, no saca adelante las propuestas que hoy implica solucionar los problemas que esta crisis nos está planteando.

¿Cómo evitar que ese acuerdo político termine en un chantaje de esos partidos que, fortalecidos después de esta crisis y en tiempo preelectoral, reclamarán puestos y mermelada?

Tiene que haber una sensatez política. No es el momento de pequeñeces, ni intereses particulares. Lo esencial serán esas propuestas que constituirán ese acuerdo político y hacia dónde queremos ir. He planteado un plan de generación de empleo de un millón de trabajos, preferencialmente para mujeres y jóvenes, que son los que más han sufrido esta pandemia. También un plan inmediato de choque de pequeñas obras intensivas en todo el país. Cómo reducir los gastos de funcionamiento del Estado y reducir el sueldo de los congresistas, así como de altos dignatarios del Estado. Eso hay que materializarlo para poder recuperar confianza y credibilidad de la ciudadanía. Eso es una forma de darles respuestas claras a la ciudadanía.

Usted fue ministro de Hacienda, también en época de crisis económica, ¿desde su experiencia en qué se equivocó el gobierno con esta reforma tributaria?

La reforma como se planteó políticamente no era viable, porque afectaba el ingreso de sectores muy afectados. Hablar de IVA al estrato 4 en servicios públicos, IVA a la gasolina o ampliar la base de declarantes de renta. Aquí se necesita entender muy bien el momento, las angustias de la ciudadanía, y por eso una reforma fiscal que se necesita es priorizar, y Colombia lo requiere, mayores ingresos para poder pagar los programas sociales de quienes más han sufrido con la pandemia. Sobre esa base hay que estructurar una reforma que sea viable económicamente y genere ingresos a la Nación, pero que sea políticamente adecuada para interpretar el sentir y los problemas de los ciudadanos. A su vez que envíe señales claras a los mercados y a las calificadoras de que hay la voluntad política de la sociedad colombiana y avanzar para tener equilibrios económicos para poder pagar la deuda. Que todo eso nos permita poder seguir adelante en el proceso de recuperación.

En la reforma fiscal que propone, fruto de un acuerdo político y con énfasis en generar empleo, ¿hay espacio para gravar más productos con IVA?

Creo que la propuesta que ha hecho el Consejo Gremial tiene muchos puntos sensatos. Ellos abren una puerta que puede ser crucial para encontrar esos acuerdos. Están dando una dirección de qué impuestos se pueden preservar, por ejemplo, limitar el descuento del ICA a la renta; el impuesto al patrimonio, o postergar la reducción de la tarifa de renta. Hay unas bases interesantes que hay que explorar. Hay otros sectores que han hecho propuestas muy importantes en materia de evasión. Hay que ser muy ingeniosos. La solución en este momento no es preocupar y afectar los intereses de los ciudadanos y sus ingresos, sino explorar otros campos que den más tranquilidad.

Seguramente hay sectores muy pudientes, de altos ingresos, que pueden contribuir de una manera mucho más amplia. Eso es lo que hay que construir y en eso consiste un acuerdo nacional con todos estos sectores, para poder garantizar una propuesta que tenga esa aceptación ciudadana, que tenga las posibilidades de poder generar esos nuevos ingresos mínimos que se necesitan, pero que sea políticamente viable.

Le ha hecho el quite a hablar de una precandidatura presidencial, pero en la encuesta Invamer ya figura con una intención de voto de 4,7 %. ¿Qué responderles a quienes hoy le piden que se lance para 2022?

Yo no he anunciado ninguna candidatura, ni he estado en ese plan. Hoy los ciudadanos no se están preguntando quién va a ser el candidato, hoy lo que se están preguntando es el tema de la vacuna, el empleo y la seguridad. Las decisiones políticas vendrán en su momento. La preocupación es que Colombia salga bien y acompañar al gobierno para que pueda lograr el mayor consenso para poder sacar adelante estas propuestas y en eso estoy dispuesto a contribuir. Mi preocupación hoy no son ni las encuestas, ni una candidatura, porque creo que no es el tiempo. La crisis que tenemos es muy grande y uno no puede desviarse de las prioridades y de lo que los ciudadanos están necesitando.

¿Qué responderles a los críticos que dicen que, justo en medio de esta crisis, usted rompió su silencio y estuvo en ronda de medios socializando propuestas?

Me respondo a mí mismo. Llevo 30 años haciendo política. Fui candidato presidencial en 2014 y logré siete millones de votos. Fui ministro de Hacienda exitoso en la crisis de 2009. Fui senador de la República. He actuado siempre en función de los intereses del país y siento una responsabilidad: la obligación de aportar. Nunca es tarde para que un ciudadano de bien pueda aportar y contribuir en la solución de problemas. Lo hago con todo el respeto, algunos estarán de acuerdo o no, pero en eso consiste el debate democrático. Pero ni más faltaba que para definir una posición tenga que pedirles permiso a mis críticos.

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