Lo que está en juego

Expectativa por el avance o retroceso del uribismo, la resurrección o el entierro del Polo y el futuro de los verdes.El Partido Liberal apunta a la reunificación con Cambio Radical. Y los conservadores, a ratificar su poder rural.

La suerte está echada. En una semana se sabrá quiénes serán los gobernantes locales y regionales y cómo quedarán conformados los órganos legislativos en gobernaciones y municipios. Pero, más allá de nombres de ganadores y derrotados, la expectativa está centrada en establecer cómo va a cambiar el mapa político del país, qué tan vigente está la corriente que aglutinó el expresidente Uribe y que eligió al presidente Santos, cuál es el caudal del Polo Democrático, qué tan sólidos están los verdes y cuál es el presente de los partidos tradicionales. Palabras más palabras menos, se sabrá de qué manera se distribuye hoy el poder en Colombia.

Paralelo a todo esto hay una realidad inocultable: el papel que en el juego político-electoral siempre buscan protagonizar los grupos armados ilegales, que mediante la violencia quieren imponer sus condiciones y acallar o rechazar las expresiones políticas e institucionales que se opongan o sean contrarias a sus propósitos. Por eso, el primer gran reto recae en manos del Gobierno, que deberá responderles a los colombianos en materia de seguridad, en momentos en que las voces que hablan de un retroceso han vuelto a surgir tras el cruento ataque de las Farc en Nariño, en la madrugada del viernes pasado, con saldo de 10 militares muertos.

Según la analista política Claudia López, si bien “estamos mucho mejor que en las elecciones regionales de 1997 o de 2000, hemos perdido muchas cosas con respecto a 2007”. Se refiere a que los crímenes en el actual período preelectoral “se han duplicado”. Y para López, esto se debe a la “fragmentación y competitividad” creada entre las grupos ilegales tras el proceso de desmovilización de los paramilitares en el gobierno Uribe, que acabó con las autodefensas pero creó un tenso equilibrio de poder entre el resto de fuerzas, cuyas constantes demostraciones de hegemonía explican el auge de la violencia en muchas regiones.

Un escenario que se torna aún más preocupante teniendo en cuenta que, dice Alejandra Barrios, directora de la Misión de Observación Electoral (MOE), los alcaldes y gobernadores elegidos van a ser los responsables de que la restitución de tierras que impulsa el Ejecutivo sea viable y serán los encargados de administrar la nueva reforma a las regalías: “Se van a encontrar de frente a una nueva responsabilidad. El tema de la reconstrucción de la ola invernal también está en juego y apenas salgan de la fiesta de posesión tendrán que hacer frente a grandes contrataciones. Todo un caldo de cultivo para los ilegales y los corruptos”.

Mientras tanto, candidatos y partidos hacen cuentas, analizan encuestas y se preparan para la ‘batalla final’, conscientes de que los comicios de este 30 de octubre marcarán el rumbo y el futuro. “Creo que el uribismo va a tener un retroceso, porque Uribe no ha querido ocupar el lugar que le corresponde, que es el de expresidente. Él no se ha apuntado a los mejor candidatos y eso va a llevar a que pierda fuerza electoral”, vaticina la exsenadora liberal Cecilia López Montaño.

Y sin duda que el uribismo, mayoría en las justas presidenciales y legislativas del año pasado, afronta una prueba de fuego en la que al final se verá si avanzó o dio marcha atrás, así el presidente del Partido de la U, senador Juan Lozano, abra el paraguas y diga que, independientemente de los resultados, ya ganaron un espacio territorial que no tenían: “Somos optimistas porque estamos construyendo y consolidándonos”. Ahora, es claro que el balance deberá hacerse teniendo en cuenta dos cosas: los resultados de los candidatos del partido y los que respaldó el expresidente Álvaro Uribe, que no siempre fueron los mismos.

Seguidores y detractores están pendientes para salir a cobrar o a fustigar. Y siendo realistas, el exmandatario apostó corriendo peligrosos riesgos. Dos ejemplos para mostrar: en Antioquia, que se supone es su gran fortín electoral, ya se da por hecho que sus candidatos, Carlos Mario Estrada a la Gobernación y Federico Gutiérrez a la Alcaldía de Medellín, van a perder, y si Enrique Peñalosa, por quien se la ha jugado entero en Bogotá, no gana, el resultado sería desastroso. “La explicación es fácil: acá estamos hablando de la lucha por el poder que significa el manejo de los recursos públicos y en ese sentido hay una realidad y es que quien de verdad tiene influencia sobre la destinación de ellos es el presidente Santos”, explica el politólogo Fernando Giraldo.

Un horizonte del que también está muy pendiente el Partido Liberal, antes arrumado en un rincón y hoy flamante actor en el gobierno Santos. Ya su director, Rafael Pardo, ha hablado de frente de la reunificación y hasta buscó la posibilidad de que se pudiera preguntarle al respecto al pueblo, el mismo domingo de las elecciones. La idea no cuajó en el Consejo Electoral, pero sigue dando vueltas. Y todos saben que dicha reunificación sería a costa de la misma U y de Cambio Radical. “Eso sólo es una propuesta y el único impacto que pudieran generar las elecciones en ese sentido hubiera sido si se hubiese aceptado incluir una papeleta preguntándoles a los ciudadanos”, manifiesta Carlos Fernando Galán, presidente de Cambio Radical, saliéndoles al paso a los rumores.

Eso sí, el liberalismo sabe que el acercamiento al gobierno Santos le da un margen de maniobra y por eso apuesta por ocupar el primer lugar histórico en las elecciones, el cual le fue arrebatado por el Partido Conservador en los pasados comicios. Los azules, a su vez, juegan a mantener ese poder rural que les ha dado oxígeno durante los últimos años, así padezcan continuos reproches por los escándalos de corrupción en que se han visto envueltos algunos de sus congresistas y su ‘maquinaria burocrática’ ya no esté siendo aceitada desde la Casa de Nariño. Como quien dice, entre los partidos tradicionales, liberales apuntan a consolidar su ‘santismo’ y conservadores a recuperar algo de lo perdido.

Otro actor principal en la actual coyuntura electoral es un partido que fue la sensación en las presidenciales: los verdes. A partir de la ‘ola verde’ surgida con la candidatura de Antanas Mockus, iniciaron un proceso frágil pero firme de construcción institucional. Sin embargo, la uribización del debate a nivel interno y la obsesión por ganar la Alcaldía de Bogotá terminaron por fracturarlo y desestabilizarlo. Las bases regionales pasaron a un segundo plano —incluida una de sus figuras visibles, Sergio Fajardo— hasta que Mockus dijo “no más” y se fue. Un hecho que golpeó el corazón del partido, aunque sus actuales directivos no lo reconozcan.

Inmersos hoy en la Unidad Nacional, su presidente, Lucho Garzón, insiste en que los equipos regionales trabajan a fondo: “Los que piensan que al Partido Verde no le va a ir bien, están equivocados. Nosotros somos un partido joven que va a continuar creciendo. Hay una meta que nos hemos trazado y que esperamos superar y es 1.000 concejales, 25 diputados y 80 alcaldías. Para la apuesta Verde-Verde vamos a ganar en Boyacá, Antioquia, Bogotá, Tunja, Mocoa, Cúcuta y San José del Guaviare. En coalición, nuestro aporte es clave en Barranquilla, Cali y Atlántico. Nos vamos a consolidar como una opción fuerte y verdadera”, expresa sin titubeos. Pero no habla del daño por la salida de Mockus y el haber aceptado la compañía de Uribe, lo cual muchos electores quieren cobrarle.

¿Y el Polo? Sin duda merece un capítulo aparte (ver nota página 10). Para el analista político Fernando Giraldo, todo anuncia una debacle: “El simple hecho de que su candidato para la Alcaldía de Bogotá, Aurelio Suárez, tenga el 1% de favorabilidad, demuestra el resultado que va a tener. Claro, se va a mantener como partido porque de estas elecciones no depende la personería jurídica, pero como van las cosas les va a quedar muy duro conservarla en las elecciones al Congreso de 2014.

Y aquí es necesario tener en cuenta que si el Polo desaparece, la izquierda no. Y ésta ha sido históricamente la tercera fuerza política del país, que en el futuro podría estar encabezada por Gustavo Petro o por Angelino Garzón, o una suma de estas dos fuerzas”. Suena a futurología de una realidad que comenzará a develarse en la misma noche del próximo domingo, no sólo para el Polo sino para todos.

Juan Manuel Santos, ¿el gran ganador?

Lo dijo Rafael Pardo a comienzos de septiembre pasado: pasadas las elecciones del 30 de octubre, necesariamente tendrá que comenzarse a hablar de las presidenciales de 2014 y los partidos que hoy hacen parte de la Unidad Nacional tendrán que definir su posición, teniendo en perspectiva la posibilidad de reelección del presidente Juan Manuel Santos.

Por eso, con una coalición hasta ahora sólida, hay quienes creen que después del próximo domingo, pase lo que pase, el gran ganador va a ser el jefe de Estado, que se podría decir juega a dos bandas con la U y el Partido Liberal”.

“Él va a lograr una gran capacidad de maniobra regional y si quiere la reelección, esa es una base muy sólida electoralmente hablando. Además, sería el verdadero portador de las llaves de la reunificación liberal en torno a su campaña”, señala Fernando Giraldo, politólogo de la Universidad Javeriana.

El último gran debate en Bogotá
Hoy, a las 7:00 de la noche, los candidatos a la Alcaldía de Bogotá Gina Parody (independiente), Enrique Peñalosa (Partido Verde y de la U) y Gustavo Petro (Progresistas) medirán fuerzas en el último gran debate de El Espectador y Caracol Noticias.
A tan sólo siete días de la cita en las urnas, los tres marchan punteando en las encuestas con escasa diferencia. Por eso, teniendo en cuenta que a partir de mañana la campaña deja de protagonizarse en las plazas públicas y ya no pueden publicarse más estudios de opinión, este debate constituye la gran oportunidad para tratar de cautivar electores, acentuar sus propuestas. Claro, en una campaña tan caliente, es de esperar que se saquen, otra vez, los cueros al sol.

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