“Estoy dolida pero serena”: Ángela María Robledo

Ángela María Robledo, representante a la Cámara cuya curul le fue entregada por haber obtenido el segundo lugar, en votos, como fórmula vicepresidencial de Gustavo Petro, confiesa que la ha afectado la demanda que se interpuso ante el Consejo de Estado contra su permanencia en el Congreso. La Sección Quinta de esa Corporación, que también anuló la elección de Mockus al Senado, fallará su caso esta semana. Robledo pide no ser discriminada por pertenecer a la oposición.

Ángela María Robledo
La representante Ángela María Robledo asegura que no incurrió en doble militancia.Cortesía

El Consejo de Estado debe decidir la semana entrante si usted sigue en la Cámara de Representantes o si procede la demanda en su contra por doble militancia; es decir, por pertenecer a un partido y tener curul por otro. ¿Es optimista sobre el fallo o le preocupa el caso Mockus, que se resolvió en contra de él, en la misma Sección?

Más que optimista o pesimista, estoy tranquila. En primer lugar, porque antes de aceptar ser la fórmula vicepresidencial de la Colombia Humana, consulté con un equipo de abogados y todos coincidieron en que no incurría en causal de inhabilidad. En segundo lugar, porque mi apoderado, Augusto Hernández Becerra (exconsejero de Estado), presentó todos los argumentos de orden constitucional y legal que demuestran que no existe razón para que mi designación como representante a la Cámara sea anulada.

Usted no fue elegida en las votaciones a Congreso. Llegó a la Cámara gracias a un artículo del Estatuto de la Oposición en que se establece que tendrán derecho a curul en Senado y Cámara los aspirantes a la Presidencia y Vicepresidencia de la República que obtengan la segunda votación más alta después de la fórmula ganadora. ¿Esta circunstancia la ayudará en el Consejo de Estado?

Eso espero, pero no debo presionar a los jueces con mis expectativas. Mi designación como representante a la Cámara sí obedece a la aplicación de lo dispuesto por el artículo 112 de la Constitución Política. Es decir, estoy cumpliendo, en el Congreso, con el deber que me impone el Estatuto de la Oposición, adoptado casi un cuarto de siglo después de que lo ordenara la Constitución de 1991.

Pese a todo, sí pareciera configurarse su doble militancia: usted pertenecía a la Alianza Verde, pero cuando Petro le ofreció ser su fórmula vicepresidencial se trasladó a Colombia Humana sin cumplir el tiempo reglamentario para retirarse del Verde...

Sin ser abogada, le puedo decir que la doble militancia, como causal de inhabilidad electoral, no fue establecida para quienes aspiramos a ser elegidos para los cargos de presidente y vicepresidente. Las inhabilidades para estos cargos son otras bien distintas: haber sido condenado a pena privativa de la libertad, haber perdido la investidura de congresista o tener doble nacionalidad, excepción hecha de los colombianos por nacimiento. Está absolutamente claro que no estoy incursa en esas causales. De otra parte, Colombia Humana es un movimiento significativo de ciudadanos, no un partido político. Ese movimiento inscribió, conforme a la Constitución, una fórmula presidencial con los nombres de Gustavo Petro y el mío, que obtuvo el respaldo de ocho millones de votantes en las elecciones. Dicho sea de paso, la fórmula conformada por Iván Duque y Marta Lucía Ramírez también fue resultado de una convergencia política, como la nuestra.

Precisamente, la elección de la vicepresidenta Ramírez también fue demandada por doble militancia; sin embargo, en ese caso, el Consejo conceptuó a favor de ella por ser parte de una coalición ¿Este antecedente es significativo para usted?

En los alegatos de conclusión que presentó mi apoderado, él hace un análisis de la evolución que ha tenido el tema de las inhabilidades en materia electoral, cuya interpretación, según dice, debe ser siempre restrictiva, dada la afectación que puede sufrir el derecho de elegir o ser elegido. También explica que las inhabilidades para aspirar a la Presidencia y la Vicepresidencia son exclusivamente del orden constitucional, las que acabo de señalar. El fallo en relación con la credencial de la vicepresidenta, Marta Lucía Ramírez, se produjo recientemente pero con posterioridad a la presentación de nuestros alegatos. Estoy segura de que el Consejo de Estado tendrá en cuenta ese precedente a la hora de decidir la demanda en mi contra.

Y ¿si no fuera favorable a usted? Se rumora que el magistrado ponente, curiosamente el mismo que conceptuó a favor de Marta Lucía Ramírez, opina lo contrario en su caso y propone anular su curul...

Como he dicho, espero un fallo en derecho. No debería producirse una decisión que pueda significar una discriminación a mi lugar como mujer de la oposición en el Congreso respecto de quien, según sugiere en su pregunta, fue tratada de modo diferente: la vicepresidenta Ramírez, otra respetable mujer que representa al Gobierno y al establecimiento. De cualquier manera, quiero recalcar que soy respetuosa del Estado de Derecho y los fallos que de este se deriven.

Suponga que el resultado en el Consejo de Estado le es desfavorable ¿Argumentaría discriminación o persecución política?

Llegué al mundo de la política de la mano de Antanas Mockus cuando trabajé como directora de Bienestar Social del Distrito en su segunda alcaldía. Después lo acompañé en la campaña de la llamada “Ola Verde”. Con lo anterior quiero decir que en mi vida cotidiana y política están presentes las prácticas de la cultura ciudadana y del respeto a las instituciones. Estoy tranquila con respecto a la decisión del Consejo de Estado.

Insisto: se dice que el mismo magistrado que salvó a la vicepresidenta, la “condena” a usted. En caso de que eso sea cierto y la Sala decida sacarla de la Cámara, ¿se sentiría perseguida?

Yo también reitero: espero que la Sección Quinta del Consejo de Estado valide los argumentos de mi abogado y tenga en cuenta la diferencia de llegar al Congreso por ganar la curul en elecciones legislativas, con el derecho de acceder directamente al Senado y a la Cámara por haber obtenido la segunda votación más alta en las presidenciales.

¿Qué haría laboralmente hablando, si debe retirarse del Congreso y desde cuáles espacios? Uno de los problemas de estar por fuera de los escenarios públicos de la política, de personajes como usted, que son figuras de referencia nacional, es que se quedan sin sitios para opinar...

Mi escenario natural es la academia, mi mundo por muchas décadas. Es en los lugares de estudio donde he pasado más años. Hace mucho tiempo, también, pertenezco a organizaciones defensoras de derechos humanos, alianzas por la niñez y plataformas de defensa de los derechos de las mujeres, entre otras. Trabajo es que lo siempre he tenido. Eso no me preocupa.

Permítame una pregunta personal: ¿la afectaría emocionalmente el retiro forzado del Congreso?

Tengo que decir que sí me afectaría porque decidí quedarme en el Congreso y usar productivamente la curul de la Cámara de Representantes en estos tiempos de temas tan críticos como el Acuerdo de Paz y otros de defensa de derechos, frente a otras propuestas que me han llegado, como por ejemplo, la de presentar mi nombre a la elección para la Alcaldía de Bogotá. Preferí permanecer en el Congreso para trabajar en las causas por las que estoy luchando hace años. No solo me ha tocado emocionalmente la demanda: me duele sentirme cuestionada como si hubiera cometido algún pecado, después de lograr reconocimiento como una de las mejores congresistas de Colombia. Claro que estoy dolida, pero serena.

¿Sabe quiénes son sus demandantes y conoce sus orígenes políticos? ¿Le preocupan las motivaciones reales?

No conozco a quienes me demandan ni sé cuáles intereses políticos o de otro orden los impulsan. Espero que no terminen por afectar un derecho que hoy hace parte fundamental de nuestro sistema democrático: el de la presencia de la oposición en los debates parlamentarios.

Detrás de quienes demandan suelen estar los verdaderos interesados, políticos que ocultan sus motivaciones: no pareciera coincidencia que hagan el esfuerzo de sacarla a usted y a Mockus, simultáneamente. Ustedes, además, parecen ser apenas la cuota inicial de un plan para modificar la composición del Congreso, pues se sabe que pedirán, además, la nulidad de los 500.000 votos de Mockus. ¿Se ha preguntado si habría gente feliz en el Legislativo con su salida y la del profesor?

No me lo he preguntado, pero ahora que lo pienso, estoy segura de que sí: hay gente que se sentiría feliz de no volverme a ver en el Congreso o en sus debates. Pero no tengo elementos de juicio ni pruebas para señalar quiénes están detrás de ese intento a pesar de que he recibido información, y esto me duele todavía más, de que hay mujeres interesadas en eliminar mi presencia del Capitolio.

Si su curul queda vacía, ¿quién la ocuparía? El caso es interesante porque su silla es especial: no debería haber sucesor...

Estoy de acuerdo. Se me ha dicho que esa curul no tiene reemplazo: no podría ser ocupada por nadie distinto a la persona que consiguió la segunda votación más alta a la Vicepresidencia, después de la fórmula que ganó. Es decir, es una curul entregada en condición de “derecho personal”, por lo que está consignado en el Estatuto de la Oposición. Lo lógico es que permaneciera vacía.

Bueno, pero entonces, ¿para qué les serviría que usted se fuera?

Por muchas décadas, en Colombia, desde la etapa del Frente Nacional, las fuerzas alternativas tuvieron ninguna o muy baja representación en el Congreso. Hoy, la llamada bancada alternativa tiene mayor peso político y tanta incidencia en la defensa de temas fundamentales para el futuro del país como el Acuerdo de Paz, la justicia de transición, la verdad del conflicto armado, los proyectos del posconflicto, la agenda internacional, etc., que nuestra presencia en el Legislativo tiene muy incómodos al Gobierno y a varios partidos cuyos orígenes no son del todo claros. Creo que, al menos parcialmente, a esto obedece la arremetida para debilitarnos.

Se sabe que quienes los demandaron a usted y a Mockus tienen estrechos nexos con Opción Ciudadana, antes PIN, antes Convergencia Ciudadana: partidos en los cuales varios congresistas fueron condenados por asociarse con paramilitares. ¿Qué opina de la afiliación de sus demandantes?

Como lo dice un amigo y especialista en estos temas, Fernando Medina, lo que pretenden es llevarnos al mismo lodazal en el que se han movido, por décadas, muchos políticos y políticas en Colombia. Afectar a personas como Antanas Mockus y yo, que hemos sido políticos ajenos a las prácticas tradicionales, les sirve para ese propósito.

Desde sus inicios en actividades políticas, usted ha ido virando hacia la izquierda, de manera notoria. Hoy está más cerca de esa corriente que del centro, en el que se ubica la Alianza Verde ¿A qué se debió su transformación? ¿Regresaría a su antiguo partido o eso es imposible?

Como feminista que soy, desde cuando era profesora universitaria y luego decana de Psicología de la Universidad Javeriana, he tenido una perspectiva crítica de la sociedad. Creo que con nuestro conocimiento y trabajo, tenemos que contribuir a transformar este que, como todos sabemos, es uno de los países más desiguales del mundo. Estas fueron mis convicciones tanto en la Alianza Verde como ahora, en Colombia Humana.

¿Consideraría reingresar a Alianza Verde?

Pretendo trabajar para los mismos fines por los que he venido luchando: la conformación de una gran convergencia de fuerzas políticas alternativas y democráticas pero desde la Colombia Humana.

¿Cómo es su relación actual con el senador Petro?, cuya imagen, por más que se quiera eludir, quedó maltrecha después del video con fajos de billetes que exhibió la senadora Valencia en el debate al fiscal general.

Trabajar por un proyecto político que materialice la Constitución en el sentido de poder vivir con dignidad y en paz fue lo que me animó a acompañar a Gustavo Petro y a continuar la tarea de hacer realidad el programa de Colombia Humana. Personas como Petro que, en el mundo político, promueven la protección de lo público, un modelo productivo afincado en el fortalecimiento del sector rural y la redistribución de la tierra, son fundamentales en Colombia a pesar de las múltiples vicisitudes jurídicas que afronta.

Reitero: ¿cómo es su relación con el senador Petro? Pregunto porque muchas personas admiten, en privado, que el trato con el senador no es fácil para nadie.

Mi relación con Gustavo Petro es política, en el marco de la Colombia Humana. Y así la he mantenido, guardando el respeto debido a una figura como él. No he tenido nexos caudillistas con nadie.

¿Usted cree en Petro?

Creo en la necesidad de un proyecto político que haga realidad nuestro anhelo de vivir en un Estado social de derecho que se desarrolle en el marco de una alianza de fuerzas políticas alternativas y democráticas. En ese escenario, Gustavo Petro es una figura fundamental.

Pero ¿confía en él? No lo digo con intención maligna, sino porque siendo Petro un personaje de la política nacional que no se puede desconocer, tampoco hay que ignorar que su imagen recibió una grave herida.

Confío en las explicaciones que ha dado sobre la existencia de esas imágenes. Él reconoció que lo que ahí se ve es un hecho grotesco; pero también ha dicho que no obedecía a un acto de corrupción. Y yo le creo.

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Cecilia Orózco Tascón

Política

“Estoy dolida pero serena”: Ángela María Robledo

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