La eterna pelea entre Samper y Pastrana

Una pelea que, sin treguas ni aplazamientos, mantienen los dos exmandatarios desde hace dos décadas, desde cuando ambos se enfrentaron por la Presidencia de Colombia.

Los expresidentes Ernesto Samper y Andrés Pastrana. /Archivo

A instancias de la negativa del gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela para que tres expresidentes de América Latina visiten en su sitio de reclusión al dirigente de la oposición Leopoldo López, revivió el viejo enfrentamiento público que sostienen en Colombia los expresidentes Andrés Pastrana y Ernesto Samper. Una pelea que, sin treguas ni aplazamientos, mantienen los dos exmandatarios desde hace dos décadas, desde cuando ambos se enfrentaron por la Presidencia de Colombia.

"¿Para Ernesto Samper y la Secretaría General de Unasur, las violaciones a los Derechos Humanos en Venezuela también son a sus espaldas?", preguntó públicamente desde Caracas el expresidente Pastrana, no solo recordando la explicación que hace 20 años dio Samper cuando manifestó que si habían entrado dineros del narcotráfico a su campaña había sido a sus espaldas, sino criticando su silencio ante la arremetida del presidente Maduro a la presencia en Venezuela de Pastrana y sus acompañantes.

 

En el fondo del reclamo público, persiste el protagonismo de dos expresidentes colombianos que situados en orillas distintas, siguen siendo eternos contradictores. Una pugna que comenzó en 1994 cuando ambos disputaron la presidencia de Colombia, y que no ha parado a pesar de los giros políticos que ambos han tenido a lo largo de dos décadas. Son discrepancias que también afloran posturas de sus partidos políticos de origen.

Como se recordará, en junio de 1994, cuando en la segunda vuelta electoral, Samper derrotó a Pastrana por un escaso margen de votos, no habían pasado 48 horas cuando el candidato perdedor había puesto la primera piedra para que se abriera paso el escándalo que caracterizó esa época. Los famosos narcocasetes que Andrés Pastrana hizo públicos y entregó a la justicia, en los cuales quedaron claros los acercamientos del Cartel de Cali con la campaña política que llevó a la Presidencia a Ernesto Samper.

Esa denuncia terminó en el que se conoció como el narco escándalo del proceso 8.000, que hace 20 años estremeció a la sociedad colombiana. Aunque Samper logró sostenerse en el poder, y la propia Cámara de Representantes lo absolvió de responsabilidades en la narcofinanciación de su campaña, su disputa aparte con Andrés Pastrana fue también el telón de fondo de la campaña política de 1998, que le permitió a Pastrana ser el sucesor de quien desde siempre fue su contradictor específico.

Esa discrepancia pública entre Samper y Pastrana también fue el detonante de la dispersión política en el Partido Liberal, entonces en el Gobierno, y de la victoria de Pastrana sobre Horacio Serpa en las elecciones de 1998. Sin el apoyo de varios liberales que se apartaron de Samper y se sumaron a su rival, difícilmente Pastrana habría alcanzado la jefatura del Estado. Varios de esos políticos terminaron siendo ministros del dirigente conservador, lo cual amplió la crisis coyuntural vivida por el liberalismo.

Es el caso, por ejemplo, de Rafael Pardo, Humberto de La Calle o Alfonso Valdivieso, liberales de origen pero que en la pelea Samper - Pastrana y ante la perspectiva de que Horacio Serpa fuera presidente de Colombia en 1998, se fueron del lado de Pastrana. Ya en el curso del Gobierno 1998-2002, cuando la experiencia de los diálogos de paz del Caguán se había convertido en una crisis permanente, al Gobierno llegó otro de los liberales que más resistencia había hecho a Samper en el poder: el exdesignado Juan Manuel Santos.

Cuando concluyó el gobierno Pastrana, la rivalidad entre éste y Samper tenía un sello distintivo. Serpa volvió a ser derrotado en 2002 y al ganador Álvaro Uribe terminaron apoyándolo muchos de los mismos liberales que primero habían incursionado en el oficialismo cuando Samper era el elegido, y después estuvieron cerca a Pastrana, cuando éste fue el dueño del poder. Estas afinidades y discrepancias fueron cambiando en la medida en que avanzó el denominado gobierno de la Seguridad Democrática.

Cuando arrancó el gobierno Uribe y tuvo el apoyo de las mayorías en el Congreso, hasta sus opositores en las urnas terminaron en su administración. Es así como, por ejemplo, Horacio Serpa fue su embajador ante la OEA entre el año 2002 y 2004, o el propio Andrés Pastrana lo fue ante el gobierno de Estados Unidos entre agosto de 2005 y julio de 2006. Sin embargo, cuando todo apuntaba a que Ernesto Samper también iba a desfilar por el gobierno, Pastrana salió del mismo haciendo ruido político.

En el momento en que cobraba forma la embajada de Francia para el expresidente Samper, su archienemigo político, Andrés Pastrana, abandonó la embajada en Washington. Hubo careo político entre ambos dirigentes, Pastrana volvió a enrostrarle la narcofinanciación de su campaña y el lastre del proceso 8.000; y éste le devolvió las críticas repasándole los errores en la época de los diálogos de paz en el Caguán y de paso dejando entrever que se había guardado sus propios pasos en falso en el escándalo 8.000.

Al final, ambos expresidentes se quedaron sin opción en el gobierno Uribe, lo que en el fondo los benefició, toda vez que se abrió paso la reelección de Uribe en 2006, y con ella la sucesión de escándalos que caracterizó su segundo gobierno. La parapolítica, las chuzadas del DAS, la Yidispolítica, entre otros huracanes políticos que, paradójicamente, pusieron a Samper y Pastrana del mismo lado, es decir, opositores de Uribe. Eso sí, como reza el proverbio popular, juntos pero no revueltos.

En la medida en que Uribe iba perdiendo aliados de los antiguos liberales que lo apoyaron o de los conservadores que se mantuvieron a su lado hasta 2010, los expresidentes Samper y Pastrana fueron ganando espacios de legitimación. El primero en la ola de colombianos buscando diálogo con las Farc para facilitar un acuerdo humanitario que permitiera la libertad de políticos y militares secuestrados. El segundo, buscando voz propia en el conservatismo para apartarse de la idea de Uribe de un tercer mandato.

Al final, cuando la Corte Constitucional dijo no a ese tercer mandato de Uribe y emergió la opción de Juan Manuel Santos, los expresidentes Samper y Pastrana volvieron a moverse en el vaivén de las circunstancias políticas. A pesar de que Santos había sido el ministro de Hacienda de Pastrana y uno de sus adalides en toda la aventura del Caguán, poco a poco tomaron distancia, sobre todo en el momento en que Santos dio un giro hacia la paz, incluyendo su reelección en 2014.

Por el contrario, Ernesto Samper, viejo contradictor de Santos, al punto de que en su gobierno lo había acusado de estar armando una conspiración para tumbarlo del poder, terminó como uno de los principales aliados de la actual administración. En la ruta de los amigos del proceso de paz en La Habana, Samper fue recobrando su espacio político, ganando aliados en diferentes instancias del Estado y abriéndose camino para volver por una puerta grande, la Secretaría General de Unasur.

En agosto de 2014, Ernesto Samper llegó a esta importante instancia política internacional. Y el primero en reaccionar fue Pastrana, cuando dijo que ese anuncio, “cocinado en las trastiendas diplomáticas por la canciller colombiana, de la mano de su amigo Nicolás Maduro”, marcaba un nuevo hito en el gobierno que, según él, “abanderaba” la corrupción abiertamente en unos casos y eufemísticamente mermelada en otros. Maduro salió a defender a Samper y resaltó de él su “profunda vocación latinoamericanista”.

Desde ese mismo momento, quedó claro que la eterna pelea entre Samper y Pastrana tenía ahora un nuevo estrado: la geopolítica latinoamericana. El gobierno Santos enfrascado en sostener una relación sin confrontaciones con su homólogo de Venezuela, pero soportando la crítica incisiva de los sectores contrarios a su proceso de paz. Es decir, el uribismo en pleno y algunos sectores del conservatismo, entre ellos la corriente liderada por el expresidente Pastrana, ahora en la otra orilla de Santos.

En medio del nuevo territorio de enfrentamientos, se dio otro rifirrafe. A finales de 2013, el expresidente Andrés Pastrana dio a conocer su libro ‘Memorias olvidadas’, y como era de esperarse, salió a relucir Samper, los narcocasetes y el 8.000. En esta rencilla personal salió a flote también el expresidente César Gaviria, todo porque Pastrana sostuvo que aquel había guardado los narcocasetes. Pero antes de que Gaviria y Pastrana se enfrascaran en otra pelea, a punta de mensajes de Twitter, Pastrana y Samper recobraron su lance.

El expresidente liberal alcanzó a decirle a su antagonista que manejaba una narco-obsesión a lo que Pastrana replicó diciéndole que si lo suyo era una narco-obsesión lo de Samper era una narco-pasión. En otras palabras se sacaron los trapitos al sol. Lo mismo que sucedió recientemente, cuando Pastrana publicó una carta enviada al presidente Juan Manuel Santos para pedirle respuestas a varios interrogantes sobre el proceso de paz de La Habana. El fantasma del 8.000 volvió a aparecer.

Sin embargo, en esta ocasión el que llevó del bulto fue el ministro de Gobierno Juan Fernando Cristo que, por defender al presidente Santos, se chocó con las cuentas pendientes de Pastrana. "Cristo es la persona menos calificada para acusarme de mentiroso porque, como el país conoce, él es el hombre a quien se le paró el elefante. Jugó con el elefante, fue testigo de cómo en el proceso 8.000 rompió la cristalería y entró a la sala, siendo el adalid del gobierno de Ernesto Samper", atacó en ese momento Pastrana.

Y no habían pasado muchos días cuando recobró su ofensiva. Esta vez por su malogrado intento de visitar en la cárcel de Ramo Verde en Venezuela, al dirigente de la oposición Leopoldo López. En medio de sus reclamos al gobierno de Maduro, que previamente manifestó en un acto público que tanto Pastrana como los expresidentes Sebastián Piñera y Felipe Calderón estaban promoviendo un golpe de Estado en el vecino país, el expresidente colombiano volvió a aplicarle su puyazo a Ernesto Samper.

En síntesis, más allá de los postulados políticos que hoy defienden, Pastrana como crítico del proceso de La Habana y Samper como Secretario de Unasur, esta será una pelea eterna. Paradójicamente, este 2015 se cumplen 20 años del terremoto político-judicial del Proceso 8.000 y seguramente, en medio de los recuentos y recuerdos de esta época tormentosa del país, regresarán los dos expresidentes a ventilar en público sus irreconciliables discrepancias de ayer, de hoy y, al parecer, de siempre.