'Las Farc necesitan la venia de EE.UU.'

El profesor y analista político Francisco Leal teme que si el presidente Santos no se apropia de las banderas del proceso de paz, la polarización logre que no pasen las refrendaciones de los eventuales acuerdos.

El profesor Francisco Leal abre hoy con una conferencia académica el foro de participación política. / David Campuzano
El profesor Francisco Leal abre hoy con una conferencia académica el foro de participación política. / David Campuzano

Desde hoy y durante tres días, el Centro de Convenciones Gonzalo Jiménez de Quesada, en Bogotá, será nuevamente el recinto en donde se escuchen las voces, diversas, de la ciudadanía, esta vez sobre cómo debería ser la participación en política de las Farc, a propósito de los diálogos que adelantan con el Gobierno en La Habana, Cuba.

Este escenario —al que el Centro Democrático, el único movimiento político que se opone férreamente al proceso de paz dijo que no iría— se abre con una conferencia académica a cargo del experimentado docente y analista político Francisco Leal Buitrago.

En diálogo con El Espectador, Leal da sus puntadas sobre las negociaciones y los opositores a la paz, que no duda en calificar como faltos de ética. Asimismo, piensa que si al final no se llegan a reformas del sistema electoral y de justicia, con una Asamblea Nacional Constituyente, se habrá perdido el tiempo.

En la presentación que hace hoy en el foro de participación política dice que el proceso de paz se convirtió en un caballito de batalla para la actual coyuntura preelectoral, ¿a qué se refiere?
Creo que ese caballito de batalla es posible gracias a la polarización de la política aguda, que se estimuló durante el largo gobierno anterior de ocho años. Durante éste, el expresidente Álvaro Uribe y todas sus huestes acrecentaron estas críticas, una vez se conoció que había un proceso de discusión y conversaciones con las Farc.

¿Prefiere un ‘Timochenko’ en el Congreso que dando bala en la clandestinidad?

Claro, de eso no me cabe duda. Porque aquí de lo que se trata es de sustituir acciones de violencia por acciones políticas.

Hablando de violencia, el viernes se cumplieron 23 años del asesinato de Carlos Pizarro, candidato presidencial tras la desmovilización del M-19, ¿cree que los tiempos han cambiado y que hoy hay más garantías para hacer política?

No hay ningún período de la historia del país en donde la política no haya tenido como intermediación a la violencia. La política no puede ser la continuación de la guerra. En estos momentos la función de la política es institucionalizar los conflictos y negociar los intereses para evitar que éstos se desborden en violencia. Por esa razón la guerra es el fracaso de la política.

¿Cree que una eventual participación en política de las Farc se podría hacer con las actuales reglas electorales?

De ninguna manera. El problema no es llegar a unos acuerdos y a unas negociaciones simplemente, es necesario cambiar las reglas del juego democrático. Mientras no se incorpore un estatuto de oposición para participar de manera democrática y crítica en política, la situación es incierta y puede repetir la historia de violencia.

Hace poco la exsenadora Piedad Córdoba dijo que la filtración de coordenadas que hizo pública el expresidente Uribe hablaba de un malestar de la Fuerza Pública y llegó a hablar de ruido de sables. ¿Usted cómo ve ese pulso?

El juego sucio que ha utilizado el expresidente Uribe para lograr sus objetivos está fuera de cualquier discusión, porque quiere minar la unidad del Estado, ubicando a la Fuerza Pública como un factor que no apoya al Gobierno. Y aunque esa tensión no se va a presentar de manera abierta, porque los golpes de Estado ya pasaron a la historia, siguen existiendo otros mecanismos por debajo de cuerda para bloquear. La polarización radical que dejó el gobierno Uribe quiere situar al Ejército en la extrema derecha, como elemento desestabilizador. Pero no creo que esto sea posible, entre otras cosas, porque las fuerzas más radicales están retiradas y aunque tienen credibilidad dentro de los mandos activos, no tienen la fuerza para inducir un sabotaje. Es posible que haya estos impulsos en términos individuales. Ahora, Uribe está haciendo todo el esfuerzo para lograr desestabilizar el proceso, no me cabe la menor duda, porque él no tiene ética ninguna para lograr sus objetivos y parte de esa falta de ética es intentar minar la Fuerza Pública con estos episodios.

Esta semana las Farc apoyaron la asistencia y respaldo de Estados Unidos al proceso de paz, ¿cree que este país sigue siendo un tema ineludible en La Habana?

Las Farc están convencidas, así nunca lo expresen, de que no pueden obtener el poder por medio de las armas porque no tienen la capacidad de confrontar a la Fuerza Pública como antes. Además, los jefes guerrilleros que están en La Habana saben que si no cuentan por lo menos con la venia de Estados Unidos las negociaciones serían débiles. Las Farc están buscando incorporar a Estados Unidos para que no sea una piedra en el zapato. De esa manera previenen extradiciones en el futuro por su participación en el narcotráfico.

¿Cómo cree usted que se debería refrendar un eventual acuerdo de paz?

Antes que nada, creo que el presidente Juan Manuel Santos no ha tenido la capacidad política necesaria para poder frenar la radicalización en la opinión pública. Incluso por controlar toda la agresividad del expresidente Uribe, ha permitido que el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, vocifere contra las guerrillas. Un efecto, a mi juicio, contraproducente, que pesa porque con ese ambiente polarizado se corre el riesgo de que la refrendación de los acuerdos de La Habana fracasen.

¿Pero cuál cree que debería ser la forma de refrendación?

Pienso que lo mejor sería una Asamblea Nacional Constituyente limitada, porque una amplia, como se dio en 1991, podría desbocarse con cambios constitucionales que desbarajusten aún más este país. Por eso, lo mejor es que haya un referendo o consulta popular, y después una asamblea limitada que haga reformas fundamentales: un nuevo sistema electoral, a la justicia y un estatuto de oposición. Sin esos cambios que fortalezcan al Estado perdemos el tiempo.

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@Natal1aH

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