Guerra de discursos de paz

Los excandidatos a la Vicepresidencia Aída Avella, de la Unión Patriótica, y Camilo Gómez, del Partido Conservador, presentan sus argumentos de por qué apoyan las propuestas de paz de Santos y Zuluaga, respectivamente.

Aída Avella. / Gustavo Torrijos - El Espectador Camilo Gómez. / Luis Ángel - El Espectador

“Vamos a votar por la paz”: Avella

La excandidata a la Vicepresidencia y presidenta de la Unión Patriótica, Aída Avella, sale a defender la propuesta de paz del presidente Juan Manuel Santos. Sostiene que en la actual coyuntura política es el único capaz de alcanzar un acuerdo con la insurgencia y advierte que en su propuesta económica tiene diferencia con el presidente-candidato.

Juan Manuel Santos dice que estamos ante una oportunidad única de alcanzar la paz. ¿Qué hace única esta oportunidad?

Una razón: nunca antes en la historia de Colombia un presidente ha llegado a acuerdos con la insurgencia. En este momento se han acordado tres de los cinco puntos de la agenda de diálogo. Esos acuerdos suscritos y la vinculación del Eln a la mesa de negociación nos ponen ante un hecho histórico y nos acercan definitivamente al fin del conflicto con las guerrillas.

También dice el presidente que él es el único capaz de alcanzar la paz. ¿Es cierto?

Si tenemos en cuenta que hay dos candidatos, uno que dijo que si ganaba acababa la mesa de diálogos y otro que asegura que insistirá en el proceso hasta alcanzar la paz, pues efectivamente este último es el capaz de buscar una solución negociada a este conflicto. El otro declara la guerra, ofrece una salida militarista que se ha implementado desde hace medio siglo y nunca ha tenido éxito. Santos no es el único en Colombia, pero sí el único en esta elección. Y como las mujeres no estamos de acuerdo con la guerra, porque nosotras damos vida, por eso la defendemos doblemente.

¿Estaría el uribismo en la mesa de diálogos?

En la mesa están los sectores comprometidos a acabar con el conflicto, pero no sé si los uribistas quieren hacer parte de la mesa. No se han mostrado dispuestos.

¿Por qué cree que la propuesta de paz de Zuluaga es más popular que la de Santos?

Cuando hay un conflicto, se tiene que negociar. Hay que hablar y oír al otro. La paz no es fácil, es difícil porque hay que ceder. En ese sentido, creo que es más fácil hacer la guerra: sólo se necesita continuar en el negocio que han hecho los señores de la guerra. Este conflicto ha enriquecido a muchas familias y ha dejado muchos rendimientos, las reformas agrarias se han hecho con masacres, por ejemplo en Urabá. La sangre ha sido el abono de los grandes proyectos bananeros, ganaderos o mineros. Entonces ha llegado el momento de la paz, que es la salida más difícil.

¿Alguna vez se imaginó apoyar a Santos?

No, nosotras queríamos pasar a la segunda vuelta, le trabajamos muchísimo, pero ahora la situación política es otra y ante eso tenemos que tomar una decisión. Nuestro voto entonces es por el proceso de paz. No estamos con Santos en su modelo económico, ni con los tratados de libre comercio, ni con la explotación salvaje de recursos no renovables. En eso estamos en desacuerdo con Santos, pero votamos por él por la paz.

¿Cree que va cumplir sus promesas?

Si no cumple, vamos a las manifestaciones completas y permanentes. O cumple y hace las reformas o saldremos a la calle.

 
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Nuestra visión de paz: Gómez

Uno de los argumentos más sorprendentes del candidato Santos ha sido el de que quienes no votaremos por él somos amigos de la guerra y enemigos de la paz. Es difícil encontrar un argumento menos democrático. Una contienda electoral debe tener posiciones diferentes y la regla de oro de una democracia es respetar la posición del contrario. Cuando Santos acusa de guerrerista a todos los que no lo apoyan, traspasa la línea del respeto y ofende la inteligencia del elector.

También me ha generado curiosidad cómo quien fue el ministro de Defensa de Uribe puede, sin sonrojarse, tildar de guerrerista a su colega en el Ministerio de Hacienda.

Por otro lado, afirmar que sólo con la reelección de Santos se puede lograr la firma de los acuerdos en La Habana resulta un argumento ofensivo para los electores. Cuando dice que sólo él puede lograr la paz, no es creíble, resulta “adanista” y desconoce el principio según el cual la paz se hace convocando y no excluyendo a los ciudadanos.

Bien lo decía hace años el propio Santos en una columna en El Tiempo titulada “Ojo con el adanismo” , en la que, antes de ser ministro, le decía a Uribe: “Lo conveniente, y lo que evitaría más de un contratiempo, sería no caer tanto en el adanismo y concentrarse en mirar hacia delante y manejar este alocado país con verdaderos criterios políticos y de Estado. Nunca se debe olvidar que el arte de la política es el arte de sumar para lograr lo posible”.

Otro elemento que me inquieta es el desconocimiento de lo que pasa en La Habana. Crear expectativas basadas en promesas, sin que conozcamos el fondo de los acuerdos, me parece inconveniente. Reconozco que el exceso de publicidad tampoco es bueno, pero es mejor pecar por más que por menos.

Marta Lucía Ramírez y yo somos amigos de la paz y creemos en la negociación como fórmula de terminación del conflicto. Nos diferenciamos de Santos porque creemos en un proceso de paz que convoque a los colombianos, donde sepamos qué está pasando, un proceso de paz en el que existan condiciones para las Farc y un tiempo limitado.

Después de cuatro años los ciudadanos esperan un resultado para continuar el proceso. La guerrilla debe entender que para darle credibilidad al proceso debe dar pasos. Por esto, las condiciones que hemos propuesto son mínimos humanitarios: suspender el reclutamiento de menores, empezar el desminado, parar los atentados contra la población civil y suspender el secuestro.

El candidato Óscar Iván Zuluaga oyó cuidadosamente nuestra propuesta y tuvo el valor de ajustar su posición acogiendo nuestro planteamiento. Se necesita más valor para esto que para acusar al contendor de guerrerista. Debo reconocer que en las discusiones con Zuluaga fui incisivo y hasta desconfiado. Pero encontré un hombre honesto en sus posiciones y franco en sus respuestas. Me inspiró confianza su compromiso de continuar el proceso de paz, con las condiciones que hemos acordado.

A muchos los preocupan las críticas al proceso de La Habana. A mí me asustan los cantos de sirena de paz, que suenan en épocas electorales. No soy uribista y no lo he sido antes. Por eso puedo decir que no me asustan las posiciones extremas de algunos uribistas pues la independencia, la lealtad y la palabra dada por Zuluaga son superiores.

Por eso, como muchos conservadores, voy a votar por Óscar Iván Zuluaga: porque también quiero la paz.