“No hay manera de ganarle al uribismo, sino juntándonos”: Gustavo Petro

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El líder de Colombia Humana dice que la apuesta para 2022 es tener una coalición fuerte en el Congreso, para hacer las grandes reformas que requiere el país. “Si gano la Presidencia, invitaré a quienes nos hicieron el feo”, asegura.

Al tiempo que se le cierra la puerta desde la centro-izquierda, Gustavo Petro lanzó, junto al Polo Democrático, la propuesta de conformar una lista al Congreso de la República en la que confluyan varios partidos de su sector político y movimientos sociales. A esa idea ya se sumó el senador Roy Barreras, quien también quiere ser candidato presidencial y parce dispuesto para medirse, en una consulta, con el líder de Colombia Humana.

En entrevista con El Espectador, Petro habla del vacío político que deja Ángela María Robledo, sin embargo, confía en que nuevos liderazgos femeninos se forjen dentro de su movimiento. También menciona la necesidad de no repetir el escenario de 2018, cuando Fajardo y él llegaron divididos a enfrentar la candidatura de Iván Duque y asegura que en un eventual gobierno suyo invitará a los sectores que hoy lo están dejando por fuera de sus cálculos. “No vetamos a nadie que quiera cambiar al país en función de la democracia y la justicia social. Aun, si gano la Presidencia, invitaremos a quienes nos hicieron el feo. No estamos en actitud excluyente”, dice.

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La apuesta es a tener una mayoría holgada en el Congreso, ¿cómo?

Hace parte de la estrategia para ganar la Presidencia. No se puede desligar el Congreso de la Presidencia en las condiciones jurídicas de Colombia. Lo que hemos visto en América Latina es que si se gana la Presidencia, pero el Congreso pertenece a fuerzas retardatarias, se da la posibilidad de un golpe parlamentario, como sucedió en Brasil, en Bolivia o podría suceder en Colombia. Eso no nos interesa. Se necesita una gobernabilidad y para eso se debe lograr tener una fuerza legislativa suficiente para volver ley de la República las grandes reformas que se necesitan, como cambiar el sistema de pensiones, el de fondos privados —al menos por uno mixto— o la salud pública.

Hay un fenómeno en los partidos y es que sus grandes electores se han ido o quieren ser presidentes, ¿con qué nombres quieren jalonar los votos para ser mayoría legislativa?

La lista puede ser cerrada y no hay que pensar tanto en individuos —que siempre son importantes—, sino con qué partes de la sociedad se puede contar para dar una lucha real. Ya no se trata de hacer un control político minoritario mientras las mayorías corruptas hacen las leyes. Tenemos que hacer las leyes si es que queremos cambiar a Colombia. Las figuras, por los ciclos políticos, surgen, pero de lo que se trata es que no surjan a codazo limpio, individual y solitariamente, sino desde una gran fuerza política. El éxito de esto dependerá de que se logre una gran coalición, de que los movimientos sociales la asuman como su lista y que la ciudadanía que está dispuesta a votar por mí también vote por esa lista.

Esa conexión que quiere hacer de su candidatura con las listas fue algo parecido a lo que hizo Fajardo en 2010, y no le salió muy bien...

Él nunca lo pudo hacer, tampoco Enrique Peñalosa. Ellos han fracasado, básicamente, porque sus movimientos no tienen raigambre popular. Son oleadas de opinión muy etéreas y temporales, que pueden crecer o disminuir. El raigambre popular es fundamental si se quiere hacer esto. Nosotros lo intentamos y lo logramos casi que sin proponérnoslo con la Lista de la Decencia. En un momento se logró con el Polo Democrático, que se ha mantenido como una bancada desde su fundación. Ahora queremos saltar hacia adelante en calidad y en cantidad. Para lograr esto es necesario que haya una base popular de trabajadores, de empleados independientes y pauperizados, de barriadas en grandes ciudades, que sientan propios este tipo de proyectos.

Su nombre genera resistencia en los verdes, en Fajardo e incluso desde los sectores que lidera Roy Barreras. ¿Por qué cree que le podrían copiar a la construcción de una lista conjunta al Congreso?

La invitación está lanzada y no puedo decirle quién va a querer o no. Lo que me parece es que toda la organización obrera y de gente asalariada debería escoger candidatos para esa lista. El campesinado de Colombia que, con excepción de Pachón o Castilla, no ha podido ver en veinte años que logre tener curules en el Senado. Los terratenientes sí, pero no los campesinos, y eso que son millones. Aquí hay una oportunidad para que eso pueda suceder, como también los pequeños empresarios, los estudiantes, las mujeres, los afros. Esta lista puede ser el instrumento para esos sectores, que son millones en Colombia y que no tienen representación para hacer las leyes.

¿Le va a hacer falta Ángela María Robledo en este camino?

Toda persona hace falta. Antes, en las fuerzas progresistas, era común escuchar que nadie era imprescindible, con una baja valoración de la individualidad humana. Eso fue en el siglo XX. Hoy yo diría que toda persona es absolutamente valiosa y todo lo que se pierde es valioso, pero la política es un fluir, como los ríos, y esos ríos se pueden volver torrentosos y cambiar la historia, o simplemente secarse. Aquí fluirán las cosas y creo que la sociedad colombiana quiere cambiar el país, porque no nos sirve lo que hay hoy: la enorme desigualdad social, ni el raquitismo económico, ni la dependencia de los combustibles fósiles, ni entregar el país al narcotráfico. Veremos, en ese fluir, si desataremos un río torrentoso y ahí llegarán muchísimas mujeres, iguales, mejores o peores que Ángela María Robledo, levantando la bandera de la igualdad para ellas.

¿Usted cree en el centro político?

Creo que la política no es como en el siglo XX, que se dividía en derecha, izquierda y centro. Eso sucedió básicamente en Europa. En el siglo XXI, la política se divide entre la política de la vida y la política de la muerte. Yo no dividiría la política como tradicionalmente se hace en la prensa. Quienes nos han condenado a dos siglos de guerras, quienes han destruido el sistema de salud pública o los campos de producción alimenticia, todos, voluntaria o involuntariamente, han construido una política de la muerte. Quienes proponemos reverdecer los campos, equilibrarnos con la naturaleza, priorizar el agua y alimentar la población con producción colombiana, estamos construyendo una política de la vida. Son dos los campos: la muerte y la vida. ¿Cómo encuentra usted un centro entre la muerte y la vida? Hay que tomar posición, porque no hacerlo lleva al abismo. Yo me consideraba de izquierda, pero soy un militante de la vida.

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¿Por qué cree, entonces, que su candidatura genera tanto temor en los sectores de centro, que le han cerrado la puerta?

Creo que genera temor en quienes tienen privilegios. Y hay grandes y pequeños privilegios. Los han asustado con Venezuela, con el comunismo, o que creían que yo iba a quemar iglesias, pero cuando fui alcalde recuperamos varias, como la del Voto Nacional. Hay pequeños privilegiados que sienten un temor falso, como la expropiación. Hay dueños de taxis, de tiendas o de sus casas que creen que si llegamos al poder se las vamos a quitar, y en mi alcaldía no expropié a nadie. También hay grandes privilegiados, como el sector financiero. Después de un año de pandemia, los más ricos son más ricos, mientras las sociedades han estado sufriendo. Esos privilegios no son sostenibles y pueden sentir temor a tener una sociedad sostenible, porque no tendrán la misma magnitud de ganancias.

¿Mantiene abierta la puerta para una consulta con Fajardo o con los verdes?

En 2018, cuando aparecía con una intención de voto del 10 %, yo le propuse a Fajardo y a Humberto de la Calle que se hiciera una consulta. Les dije directamente que cargaba las maletas del que ganara. Todos dijeron que no, excepto Carlos Caicedo. Esa misma propuesta la mantenemos hoy, no vetamos a nadie que quiera cambiar al país en función de la democracia y la justicia social. Aun, si gano la Presidencia, invitaremos a quienes nos hicieron el feo. No estamos en actitud excluyente. Para esa época, si hemos ganado, vamos a invitar a Uribe para hablar de cómo resolver pacíficamente el problema agrario de Colombia, pasando porque el campesinado obtenga tierra y para fortalecer la producción de alimentos en el país. No tenemos razón para excluir a Fajardo, ni a De la Calle, ni a Claudia López.

A Fajardo lo han relacionado con el uribismo. ¿Usted cree que él es un tipo de derecha?

Yo he evitado los epítetos, pero también pienso que si queremos unirnos, entonces, no nos tenemos que silenciar. Si nos vamos a juntar, nos vamos a juntar diferentes y tenemos que encontrar acuerdos alrededor de programas. Un proyecto como Hidroituango demuestra en forma concentrada una serie de errores fundamentales que han tomado quienes han dirigido al país, como la idea de que hay que dominar la naturaleza para progresar. Entonces, nos tiramos el segundo río más grande de Colombia, el Cauca. Esa no puede ser la idea del desarrollo. O que una empresa pública tiene que ser manejada por grandes intereses privados. No, si es una empresa pública, su dueño es el público, la ciudadanía. En Hidroituango están los peores errores que la dirigencia política puede cometer contra el ser humano y la naturaleza.

En 2018, la centro-izquierda llegó dividida. Eso, naturalmente, le hizo el camino más fácil a Iván Duque. ¿Le preocupa que se repita ese escenario en 2022?

Claro, me preocupa que se repita la misma fotografía. Cuanta más fuerza tenga Fajardo, más fácil gana el uribismo. Esa es la experiencia de 2018, porque inflaron a Fajardo, creció —bien por él— y se fue a ver ballenas y le dejó el camino libre a Duque. Hoy no está tan fuerte como en ese momento, pero si lo vuelven a hacer crecer, vuelve y juega el uribismo. Fajardo ha tomado una decisión premeditada, que es no juntarse con nosotros. Y no hay manera de ganarle al uribismo sino juntándonos. Cuando se toma una decisión así, sabiendo que sin juntarnos gana el uribismo, entonces, lo que se quiere es que gane el uribismo. Nosotros estamos más fuertes que en 2018 y tenemos que seducir a la sociedad para que entienda que llegó el momento del cambio. Continuar con lo mismo representa el suicidio económico y social de Colombia.

¿Y con qué fortaleza ve a un candidato del uribismo, luego del gobierno de Iván Duque?

El uribismo está más débil que en 2018, indudablemente, por el desgaste del gobierno Duque. No tiene respuesta a los problemas. La única respuesta que el uribismo daba en la historia de estas dos décadas era cómo destruir a las Farc militarmente, pero ese no es el problema de Colombia. Fíjese que la pandemia, que es el problema más grande que tiene hoy el país, entre muchos otros, no han podido resolverlo. Fueron incapaces y no tuvieron la mentalidad para ayudar a la gente pobre en una cuarentena, ni para entregar dineros públicos a las pequeñas y medianas empresas, solo a los bancos. No tuvieron la mentalidad para tener un sistema preventivo de salud en el territorio nacional. Eso no apareció en sus cabezas, ni en sueños, ni en pesadillas. Uribe está tratando de construir un candidato del establecimiento, de todas las familias corruptas del país, juntado a los jefes políticos regionales para luego hacer una alianza.

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