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Hacer periodismo en Colombia: entre amenazas, agresiones y bajos sueldos

Hoy se conmemora el día del periodista en Colombia, una profesión u oficio, como algunos prefieren considerarlo, de bajos salarios, pobre preparación y largas jornadas laborales. En 2017 hubo 276 casos de vulneraciones a la labor periodística, entre amenazas, agresiones físicas y obstrucciones al trabajo.

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Durante 2017 se registraron en el país 276 vulneraciones, con un total de 326 víctimas, al ejercicio del periodismo: amenazas (30,4%), agresiones físicas (10,7%) y obstrucciones al trabajo (9%), son las formas de violencia más recurrentes. Sobre los presuntos responsables de estas afectaciones, la primera posición es ocupada por particulares (83 casos), seguida por autores desconocidos (81 casos), funcionarios o servidores públicos (49 casos), la Fuerza Pública (34 casos, en su mayoría integrantes de la Policía Nacional, particularmente el ESMAD), y se registra un aumento significativo de agresiones provenientes de las guerrillas (15 casos). Las zonas de mayor dificultad para ejercer el periodismo son Bogotá, Antioquia, Cauca, Santander y Valle del Cauca.

Es el panorama que muestra el informe “Las Fórmulas del Silencio”, de la Federación Nacional de Periodistas (Fecolper), sobre las vulneraciones sistemáticas que tienen como propósito amordazar la verdad y son el resultado de las deficientes garantías con las que se ejerce el periodismo en el Colombia. La forma de violencia más recurrente es la amenaza individual y colectiva, con un registro de 99 casos, que corresponden a casi un tercio (30,4%) del total de agresiones contra el ejercicio periodístico.

En segundo lugar se ubican las agresiones físicas con un total de 35 casos (10,7%) y la obstrucción al trabajo periodístico con un total 29 casos (8,9%). La sumatoria de casos correspondientes a estos tres tipos de agresiones (163 casos) representa casi el 50% de las formas de violencia registradas durante 2017. Es importante tener en cuenta que desde 2014, Fecolper ha registrado una permanencia de estas tres formas de violencia en los primeros lugares del ranking de agresiones.

En el informe, además, se hace referencia al uso de la estigmatización y el señalamiento como formas de desprestigio de la actividad periodística y quienes la ejercen, por parte de funcionarios públicos, especialmente aquellos que ocupan cargos de elección popular. Del total de 24 casos, correspondientes al 7,4% del total de agresiones, 19 son atribuibles a funcionarios públicos, lo que representa el 76% del total de este tipo de agresiones ocurridas en 2017.

Adicionalmente, se advierte sobre el aumento de acciones legales que se interponen contra periodistas y medios de comunicación como forma de acoso judicial,  a través de denuncias por injuria, calumnia e incluso pánico económico, y se hace énfasis en un desmedido uso del derecho a la rectificación sin que esta procediera. En los casos de campañas de desprestigio o estigmatización  y obstrucciones al trabajo periodístico, son los funcionarios públicos los principales agresores.

La mayor concentración de agresiones contra periodistas se sigue registrando en Bogotá, con 71 casos reportados (25,72%), seguido de Antioquia (10,5%), Cauca (9,42%), Santander (5,43%) y Valle del Cauca (5,07%). Bogotá junto a los cuatro departamentos que encabezan el ranking, concentran más del 50% del total de agresiones a la libertad de prensa en todo el país, al tiempo que se ve un aumento significativo de estos hechos en Cauca y Santander.

El informe también se refiere a las decisiones de la justicia que afectan la libertad de prensa, mencionando el estancamiento de iniciativas estatales y planteando cinco desafíos para 2018: garantías para el cubrimiento de elecciones; la necesidad de avanzar en los procesos de política pública para la libertad de expresión y la reparación colectiva a periodistas; los retos frente  a la implementación Acuerdo de Paz en clave de libertad de expresión, el fortalecimiento del gremio y las garantías para el ejercicio periodístico.

Una triste realidad que se hace más oscura al ver las condiciones laborales en las que se ejerce el periodismo en el país: bajos salarios, pobre preparación y largas jornadas de trabajo que, en la mayoría de los casos trascienden las horas permitidas por la ley, son las principales características. Un estudio adelantado en 2013, consignado en un texto del comunicador Felipe Ortegón y que se consultó a 185 periodistas a nivel nacional, concluye que el perfil del periodista colombiano está constituido por personas jóvenes menores de 41 años (82%), con grado profesional (77%), lo cual demuestra que el tipo de reportero, cronista o locutor empírico es cosa del pasado. Sin embargo, solo el 10% tiene estudios de posgrado.

De otra parte, los medios de comunicación, por lo menos el 70% de ellos, es decir siete de cada 10, están exigiendo actualmente el diploma profesional para ingresar a trabajar en ellos; validando, nuevamente, que el periodismo es una profesión y no un oficio. Sin embargo, los estudios de posgrado no parecen ser de interés para las empresas periodísticas, que los solicitan en apenas un 6% de las ocasiones.

Los periodistas consultados reconocieron que sus jefes muy poco les daban permisos para estudiar y que no era de su real interés especializarse y menos hacer una maestría, mucho más cuando percibían que está preparación poco y nada la valoran los medios, por lo menos desde el punto de vista salarial. 

Por otro lado, llamó la atención que, cada vez y con mayor frecuencia, se les pide a los periodistas que tengan experiencia laboral previa (54%) y que dominen las nuevas tecnologías de la información (45%). Y es frecuente que las empresas cuenten como experiencia laboral aquella que los periodistas han adquirido como parte de sus prácticas profesionales, especialmente las que han sido realizadas en la misma organización.

La constante sigue siendo salarios muy bajos: el 34% dijo recibir un salario mensual de entre $1’300.000 y $2’000.000; el 31% devenga un sueldo superior a $2’000.000 pero inferior a $4’500.000 y solo un 8% gana más de $5’000.000, lo que se podría considerar como una remuneración digna. Lo preocupante es que el 27% de los consultados se encuentra en el rango entre $770.0000 y $1’200.000, que en su mayoría son los que trabajan en cadenas de radio y otros medios regionales o locales. 

Hace unos años la televisión era el medio mejor pagado en el país, con sueldos por encima de los $3’000.000 o $4’000.000. Pero hoy, estos periodistas, por lo menos el 75% de ellos, tiene una remuneración menor a los $2’500.000, seguidos por los que están en medios impresos (entre $1’600.000 y $2’300.000) y radio ($1’200.000 y $1’500.000). Por el contrario, los periodistas mejor remunerados son los que escriben para las  revistas, que en un 50% de los casos devengan más de $4’500.000 mensuales, al igual que los periodistas de las agencias de noticias internacionales.

Con relación a los redactores y los reporteros de Internet, estos se ubican mayoritariamente (52%) en el rango salarial que supera el $1’300.000 con un tope de $2’500.000, el restante está repartido en los rangos superiores (más de $3’000.000 y $5’000.000), lo cual muestra que este medio se proyecta como uno de los mejor remunerados.

Por último, pese a que el 60% de los encuestados manifestó tener contrato a término indefinido, muchos dijeron que anhelan encontrar mejores oportunidades laborales y confesaron que tienen poco compromiso con la empresa en la que trabajan. Igualmente, se encontró que el 25% de los periodistas tiene contrato a término fijo que se renueva cada tres, seis meses o un año. Otros (10%) pertenecen al grupo de periodistas que se les paga por prestación de servicios y los demás (5%) que no son directamente empleados del medio y para devengar un sueldo deben arrendar los espacios informativos y viven de la pauta que venden.

Con relación a las jornadas laborales, éstas parecen haberse moderado con el paso del tiempo. El 57% señaló que trabaja entre ocho y diez horas diarias, seguido del 43% que confesó que lo hace entre 11 y 13 horas al día. Las largas jornadas en el trabajo, es un aspecto que se cree inherente a la profesión de los periodistas, pero que, sin duda, desmejora mucho de sus condiciones laborales y familiares. Pese a todo, concluía el estudio, los periodistas colombianos parecen sentirse satisfechos con las funciones que realizan en el cumplimiento de su labor.