Hasta siempre, maestro

La llamada que le hice a Carlos Gaviria para felicitarlo por su elección como candidato de la izquierda unida en 2006, terminó en que pocos días después él me llamaría para pedirme que fuera su fórmula vicepresidencial.

En la campaña presidencial de 2006, la fórmula compuesta por Carlos Gaviria y Patricia Lara obtuvo 2’613.157 votos.
Era un honor que no merecía y una responsabilidad que me daba miedo asumir, pero significaba para mí una oportunidad que nunca volvería a presentárseme y que no podía desperdiciar: la de trabajar tan estrechamente junto a uno de los pensadores más valiosos del país; la de recorrer el territorio nacional de su mano; la de defender juntos unas ideas en las que creíamos, y la de oponernos al unísono, con todas nuestras energías, a la nefasta reelección de Álvaro Uribe y, si no lográbamos atajarla, por lo menos consolidar entre todos una fuerza que le sirviera de freno y que le recordara que Colombia no era esa finca suya que él podía manejar a su antojo.

Le dije a Carlos que para mí sería un honor acompañarlo y, venciendo el miedo a pronunciar discursos en plaza pública y a perder mi intimidad y mi posibilidad de encerrarme a escribir en silencio, me lancé a esa aventura fascinante, empecé a leer más y más sobre los problemas del país, y madrugué a diario, pues él me recogía en mi casa a las 7:30 en punto de la mañana, de modo que él pudiera iniciar la reunión del Comité Ejecutivo de la campaña en la sede del Polo Democrático Alternativo a las 8 en punto, como a él le gustaba. Entonces, a diario también, lo vi impacientarse con la impuntualidad de algunos líderes de la izquierda. Y a diario le aprendí más y más sobre sus concepciones de la igualdad y del Estado Social de Derecho. Pero además le escuché sus conceptos sobre Kant y sobre Hegel. Y me contagié de su amor por la poesía de Jorge Luis Borges. Y lo observé feliz, con la música clásica siempre de fondo, en su apartamento de Bogotá, que más que una vivienda parecía una biblioteca de libros manoseados, dividida en distintas habitaciones. Y lo escuché cantar tangos con su voz poderosa. Y lo vi conmoverse con la poesía, como una vez se conmovió hasta las lágrimas al leer en voz alta un poema de mi hija María.

Después de las primeras semanas de campaña, el Comité Ejecutivo del Polo decidió que, para duplicar en el país la presencia de las ideas de la izquierda, Carlos y yo no fuéramos juntos a todas las giras, sino que nos dividiéramos el territorio, de modo que él visitara unas regiones y yo otras. Entonces me dediqué, la mayoría de las veces acompañada por Antonio Navarro, a recorrer Nariño, donde él era el rey, y a trasegar por La Guajira, Atlántico, Huila, Cali, Cartagena, y a profundizar el trabajo en Barranquilla, donde logramos lo impensable —ganarle a Serpa—, como impensable fue ocupar el primer lugar en la votación de La Guajira.

Con Carlos Gaviria sólo volví a encontrarme en el Festival Vallenato de Valledupar; en esa imponente manifestación, en la que llenó la Plaza de la Paz en Barranquilla, y en el cierre de campaña en la Plaza de Bolívar de Bogotá, tan repleta que nos llenó de emoción y nos hizo pensar en que la izquierda, unida, tendría un brillante futuro: el resultado de más de 2’600.000 votos, la mayor votación obtenida por la izquierda en Colombia, así lo auguraba.

Sin embargo, después vinieron las rivalidades, los dogmatismos y las tonterías de siempre, y la izquierda se dividió y se subdividió, y poco a poco Carlos Gaviria comenzó a fatigarse con esa política, como desde el principio me había fatigado yo.

Y ahora, cuando adolorida le digo adiós, y les envío mi abrazo estrecho a María Cristina y a sus hijos, pienso que Carlos Gaviria Díaz, a pesar de su ausencia, siempre estará presente entre nosotros como un faro que nos ilumina el lugar donde se ubican los principios, la rectitud y, lo que es tan escaso en estos tiempos, la majestad de la justicia.
¡Hasta siempre, maestro!

“No vamos a hacer nada por el momento”

María Gómez de Gaviria, esposa de Carlos Gaviria, aseguró ayer que la familia no ha planeado ningún acto solemne para el dirigente político y que su prioridad es afrontar el duelo. “Lo único que necesitamos en este momento como familia es soledad y aislamiento. Porque llevamos más de quince días en una clínica y nos es muy difícil, así de entrada, decir que estamos dispuestos para el público”. Por su parte, el senador del Polo Democrático Jorge Enrique Robledo aseguró que el Congreso de la República ya dio su autorización para que el próximo lunes 6 de abril las cenizas de Gaviria permanezcan en el Salón Constitución, para que los colombianos “pasemos a darle nuestra última despedida".

Reacciones en twitter

@ClaraLopezObre Carlos Gaviria dio sobradas lecciones de cómo la ética tiene que ver con el derecho, la política, la sociedad, con toda actuación pública.

@JuanManSantos Lamentamos muerte de exmagistrado Carlos Gaviria. Gran jurista y colombiano. Enorme pérdida para el país. Condolencias para sus familiares.

@petrogustavo A Carlos Gaviria la parapolítica lo reemplazó por Pretelt. De la tutela de derechos de los excluidos a refrendar privilegios de poderosos.

@hectorabadf Yo no rezo, pero sí recito. Me despedí de Carlos Gaviria recitándole “Los justos” de Borges. “Un hombre que cultiva su jardín...”

@AlvaroUribeVel El doctor Carlos Gaviria Díaz fue mi profesor y mi contradictor, siempre debatí con él, siempre admiré su cultura…

@ColombiaDiversa Lamentamos muerte #CarlosGaviria su sabiduría, energía política y amor por la igualdad fueron fundamentales en lucha por nuestros derechos

#soyespectador