¿Hay que seguir en los acercamientos con el Eln?

Tras la exhibición de la pierna de un militar perdida en un campo minado como 'trofeo de guerra', unos piden parar los diálogos exploratorios pues la violencia no puede ser el origen de las conversaciones.

EFE
“El Gobierno no puede dialogar con aquellos cuyo lenguaje es mutilar a los soldados de la patria y exhiben las partes de sus cuerpos (…) Este no es un tema entre guerra o paz, este es un tema entre el respeto al país o el maltrato al país”. 
 
Las palabras son del expresidente y hoy senador del Centro Democrático Álvaro Uribe, refiriéndose a la indignante acción cometida por el Eln en inmediaciones del municipio de Concepción, en la región del Catatumbo, en Norte de Santander. Allí, miembros de esa guerrilla exhibieron como ‘trofeo de guerra’ los restos de una de las piernas del cabo del Ejército Edward Ávila Ramírez, en la malla de un colegio.
 
Un hecho de barbarie que ha generado la justa indignación nacional, con reacciones de todo tipo. Pero más allá de todos los pronunciamientos, lo que Colombia se pregunta hoy es si vale la pena seguir en las conversaciones exploratorias que hoy se adelantan con el Eln, buscando concretar la instalación de una mesa de negociaciones para buscarle una salida negociada al conflicto.
 
Es claro que para el uribismo, no. Y es que para el expresidente Uribe, es necesario que se dé un cese de actividades criminales de esa guerrilla antes de empezar cualquier diálogo de paz. “¿Qué les decimos a las nuevas generaciones de colombianos? ¿Cuál es el ejemplo al país y el mensaje de autoridad y democracia?”, preguntó.
 
Pero para el presidente Juan Manuel Santos, si bien es cierto que la acción del Eln es un “acto de salvajismo y barbarie que raya con lo demencial” y “viola todas las reglas del Derecho Internacional Humanitario”, de lo que se trata al buscar acercamientos es de acabar con esta guerra que parece no tocar fondo en su degradación.
 
“Es un retroceso en la búsqueda de la paz. Pero esa es la guerra que quiero acabar. Lo ideal es que lleguemos a un acuerdo también con el Eln, aunque entiendo que los colombianos desconfíen de la voluntad de la guerrilla con actos como este”, manifestó el jefe de Estado desde México, donde se encuentra de visita oficial. De paso, aclaró que la orden la orden impartida al Ministro de Defensa y a los comandantes militares es “arreciar” contra esa organización subversiva.
 
El mismo ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, aseguró que con esos hechos “se duda mucho de la voluntad de paz del Eln”. Y Humberto de la Calle, jefe del equipo negociador del Gobierno en el proceso de paz con las Farc de La Habana, consideró que se trata de un “un acto de sevicia que rechazamos y que debe ser repudiado por la comunidad nacional e internacional”. 
 
Como quien dice, si en algo se había avanzado en esas exploraciones con el Eln, lo sucedido en norte de Santander implica un retroceso en la confianza.  De hecho, para el procurador Alejandro Ordóñez, este tipo de acciones “deslegitima” los acercamientos que se han hecho en los últimos meses entre el Gobierno y esa guerrilla.
 
“El país no se puede quedar postrada frente a esos hechos cometidos por el Eln y otros grupos armados ilegal. No nos podemos arrodillar ante la violencia, debemos actuar con prontitud y claridad (…) la violencia no puede ser el origen de las conversaciones, las víctimas están hastiadas de esta actitud concesiva ante estos actos de violencia”, precisó el jefe del Ministerio Público. 
 
¿Qué hacer entonces, seguir en los acercamientos o parar y asumir una postura dura? Lo que se sabe hasta el momento es que desde cerca de un año avanzan reservadamente ese diálogo exploratorio en el exterior (se dice que en Ecuador) y que ya hay acuerdo en lo concerniente a víctimas, participación política, democracia y reformas para la paz.
 
Estarían pendientes los temas relativos a implementación de acuerdos y unos procedimientos de negociación dentro de los cuales los escenarios y el alcance de participación de la sociedad —especialmente la regional— son fundamentales. También es de primer orden el punto al que se quiere llegar, que no puede ser sino el fin del conflicto y la transformación de la insurgencia en un movimiento social y político.
 
Como se lo dijo hace poco el mismo presidente Santos a las Farc, todo indica que el “balón” quedará ahora en terreno del Eln”. En un reciente análisis de Alejo Vargas, director del Centro de Pensamiento y Seguimiento al Diálogo de Paz de la Universidad Nacional, éste plantea que esa guerrilla no se puede quedar al margen de este importante momento político en el país, que busca cerrar el conflicto armado para siempre.
 
“Este grupo insurgente cuenta en este periodo de su historia con un liderazgo encarnado en Nicolás Rodríguez Bautista (alias ‘Gabino’), quien tiene la máxima legitimidad, porque representa no solo la historia de esta organización insurgente, sino que es reconocido por todos sus miembros como el líder indiscutible. Eso es fundamental para una etapa tan compleja como la que implica pasar de una dinámica del enfrentamiento político-militar a otra en la cual se dejan las armas y se prioriza lo político y lo social. Adicionalmente, esta organización salió fortalecida en su cohesión interna y en su dirigencia con la realización del V Congreso, a finales del año anterior”.
 
En este sentido, señala que “persistir en una lucha armada sin futuro, así sea de resistencia como algunos tienden a denominarla, es ir en contravía de la historia, porque el contexto internacional dejó de ser favorable hace rato, política y militarmente, a las revoluciones armadas que son vistas casi como un fantasma del pasado, que ya no es viable en el mundo de hoy. Los movimientos de cambio en Latinoamérica están andando a pasos agigantados, más allá de si se comparten o no, liderados por partidos y movimientos políticos y sociales que utilizan la democracia como vía electoral para acceder al Gobierno”.
 
Y concluye Vargas: “Persistir en el uso de la violencia por razones políticas no tiene ninguna justificación y la estrategia de ‘resistir’ es un sinsentido, cuando podrían sumarse a una actividad política dinamizadora de sus propuestas desde la civilidad. Por todas estas razones, esperamos que muy pronto los colombianos conozcamos la formalización del proceso de conversaciones entre Gobierno y Eln, dentro de la estrategia que el propio ‘Gabino’ ha denominado ‘de dos mesas de conversación y un solo proceso’”. La historia dirá si fue posible, porque hoy, como en el caso de las Farc, el escepticismo y la desconfianza ciudadana es total y el reclamo es que muestren con hechos y no con palabras que sí quieren la paz. 
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