Infidelidad a Uribe pasaría cuenta de cobro

Aunque los partidos plantean su disposición a enfrentar al Centro Democrático, reconocen que les afectará electoralmente.

La lista de Centro Democrático, que encabeza el expresidente Álvaro Uribe, puede convertirse en una sorpresa para las próximas elecciones. / David Campuzano

Es un tema que abordan con preocupación los partidos a puerta cerrada. En micrófonos la actitud cambia y afirman que están dispuestos a medirse al dictamen de las urnas y hasta prometen crecer electoralmente. Se trata del impacto que puede generar la lista del movimiento Uribe Centro Democrático, de la que será cabeza el expresidente Álvaro Uribe Vélez. El espacio que entre a ocupar será proporcional al que pierdan las demás colectividades.

Los principales damnificados serán los partidos que se han mantenido tibios a la hora de definirse políticamente en el enfrentamiento entre el exmandatario Uribe y el presidente Juan Manuel Santos. Así las cosas, los que fueron los bastiones de Uribe durante sus dos mandatos, los partidos Conservador y de la U, llevarán la peor parte.

 

Lo saben en el Partido Conservador, que contrató una encuesta para medir cuántas curules perderían y el resultado fue preocupante. Cerca de 660 mil votos bajaría la colectividad, lo que se traduce en siete senadores menos. En los comicios de 2010 obtuvieron 22 puestos en el Senado y la bancada se reduciría a 15. Así lo reconoce el vocero de la colectividad, Gabriel Zapata, quien afirmó que “los primeros renglones de la lista de Uribe están ocupados por personas de origen de la colectividad, son votos que se van para el Centro Democrático”.

 

Sin embargo, en el encuentro del partido se planteó que será esta la cuenta de cobro del electorado por haber estado con Uribe y luego sumarse a la Unidad Nacional del presidente Santos y mantenerse en ella aun cuando las relaciones entre los dirigentes eran irreconciliables.

 

La peor parte la llevará el Partido de la U, que perderá cerca de un millón de votos y dejará de ser la bancada mayoritaria. La U eligió, en 2010, a 28 senadores y en el mejor de los casos llegará a 18. Es por eso que están buscando la forma de que el general (r) de la Policía Óscar Naranjo acepte ser cabeza de lista y salvar algunos votos. Para el senador Armando Benedetti, el resultado obedece a la “pésima gestión de la dirigencia del partido, que los convirtió en una colectividad marginal”.

 

La realidad es que aunque el presidente Santos fue uno de los fundadores de la U, este proyecto nació bajo la imagen de Uribe como principal plataforma para la reelección y los ciudadanos que votaron bajo esa premisa ahora migrarán al Centro Democrático. Costosa factura les pasará su declarada fidelidad a Santos.

 

En menor medida se verá afectado Cambio Radical, porque su divorcio con el uribismo lo protagonizó Germán Vargas Lleras hace cinco años, pero la composición de las listas genera impacto. Por ejemplo, la exministra de Comunicaciones María del Rosario Guerra se disputará los votos en Sucre con su hermano Antonio Guerra. Alfredo Rangel fue sexto en la pasada lista de Cambio Radical al Senado y los votos cristianos de la Misión Carismática Internacional, que en su momento estuvieron representados por Claudia Rodríguez de Castellanos, los tendrá Orlando Castañeda, de la misma congregación pero hoy en el Centro Democrático.

 

La oposición del Partido Liberal a Uribe durante sus dos mandatos le permite hacer buenas cábalas. Su presidente, Simón Gaviria, afirma que “tal como estaba previsto, otros partidos serán los damnificados, porque esas colectividades surgieron del uribismo o fueron su apoyo. Los antiguos liberales que hoy son amigos de Uribe se fueron hace rato. Hoy se está haciendo claro que el pulso será contra el Centro Democrático, esperamos ganarlo y ser el partido mayoritario”.

 

Era algo que se veía venir desde que se generó la expectativa sobre la posibilidad de que Uribe fuera cabeza de lista al Senado por el Centro Democrático. Confirmada su aspiración, los partidos —como el Conservador— empezaron a sacar la calculadora, a contratar encuestas y hacer balances, y la conclusión es que aunque Uribe está viudo de poder, su impacto electoral no puede subestimarse.