Iván Duque vs. Claudia López: ¿conviene el pulso?

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La pugnacidad y controversia entre las dos cabezas de poder más importantes del país está escalando a niveles inéditos. Si bien para algunos es saludable para la democracia, hay quienes alertan que si parten cobijas definitivamente los afectados serían los ciudadanos.

Si bien son solo metros los que separan la Casa de Nariño del Palacio Liévano, hoy las diferencias ideológicas, el estilo de gobierno y hasta las prioridades en política pública marcan una holgada e inédita distancia entre sus inquilinos. Aunque la confrontación entre Iván Duque y Claudia López no es nueva, y se ha ido exacerbando con el pasar de los meses, en la última semana subió de tono y escaló hasta escenarios de fricción y conflicto que podrían desencadenar en disputas en las que los afectados serían irremediablemente los ciudadanos. Además, el pleito pinta como el abrebocas de lo que será el derrotero de las elecciones de 2022.

La relación entre presidente y alcaldesa es complementaria. Se necesitan, pero ninguno depende del otro. Son autónomos e independientes, pero juntos pueden formar equipo en pro de megaproyectos (por ejemplo, el metro). De allí que el calibre de sus diferencias -evidentes en el manejo de la pandemia y exacerbadas ahora por cuenta de los casos de abuso policial- plantee varios interrogantes: ¿Hay antecedentes de una pugnacidad así? ¿Es sano para la democracia? ¿La confrontación podría intensificarse?

Quizás una de las voces más autorizadas para hablar del tema sea el exalcalde de Bogotá Luis Eduardo Garzón, quien gobernó desde la izquierda nada menos que en tiempos de la Seguridad Democrática, cuando Álvaro Uribe sumaba la mitad de su mandato e incluso se hizo reelegir. Según “Lucho”, como prefiere que lo llamen, también tuvo sus discrepancias de fondo con el exmandatario, por ejemplo con la realización de consejos comunitarios o el pago de recompensas.

“La diferencia es que en ese gobierno y en el mío el tema de redes no influía: ni Facebook ni Twitter, es decir, la resonancia no era la misma. Tuvimos una confrontación que hasta donde fue posible no era pública, pero claro que había coincidencias en temas comunes, como las obras. Lo que vemos hoy son dos formas de manejar las crisis, tanto la pandemia como la seguridad. Es obvio que se debe respetar la institucionalidad, sin que ello implique ser empleado del otro”, opina Garzón.

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De acuerdo con el exalcalde, que uno sea incondicional, y casi servil al otro, tampoco sería provechoso para la democracia y por ello rescata que la capital no dependa del presupuesto nacional y que además aporte 26 puntos del PIB. “Claro que son independientes y hay diferencias de fondo. Incluso estilos. Mire el tema de los jóvenes: ¿cómo es posible que Duque, siendo más joven y seis años menor que Claudia, tenga tan mala sintonía con ellos y tenga el mismo discurso de siempre?”, agrega.

A su turno, el analista político Héctor Riveros destaca que las divergencias entre las dos cabezas de poder más importantes del país pueden ser positivas y saludables, teniendo en cuenta además que Colombia está acostumbrada a que el presidente sea la única voz en materia política y de gestión. “Es normal que haya controversias entre alcaldes y el presidente, es común en una democracia y es bueno que exista, porque se representan dos visiones de la sociedad. Da pie además para que haya debates que con un único interlocutor no existirían”, asegura.

Sin embargo, para Riveros -quien admite que no hay antecedente de una confrontación como la que libran hoy el mandatario y la alcaldesa-, las dificultades de la rencilla son que haya parálisis en el desarrollo de la gestión pública o descoordinación frente a temas claves, como precisamente es la seguridad. “Se crea desconfianza. No compartirían información ni trabajarían de forma conjunta. Es claro que hay diferencias ideológicas profundas, que en el ejercicio del cargo se expresan en el énfasis que se le da a cada tema”.

Justo esas dificultades, la falta de consensos y la diferencia de rumbos podrían terminar afectando a ambos. Es decir, de la confrontación no habría ganadores y -como en la perinola- todos ponen, incluso sus mismos electores. Así lo plantea Sergio Guzmán, director de la firma Colombia Risk, una consultora de riesgos políticos.

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“No le conviene a nadie que estén tratando de resolver los mismos problemas con aproximaciones tan divergentes. El evento de la Alcaldía, la silla vacía, Duque vestido de policía y visitando los CAI, cada uno está enviando señales a sus partidarios y a cada orilla le parece igual de indignante lo que está haciendo el otro. Esa falta de consensos hace muy difícil que Colombia logre sus metas. Se desgasta Claudia y se desgasta Duque. Con la diferencia de que ella no tiene una elección dentro de dos años, mientras este Gobierno sí”, explica Guzmán.

Para el director del Centro de Investigación y Estudios sobre Conflictos Armados (Cerac), Jorge Restrepo, lo que está pasando entre ambos mandatarios es medianamente comparable con los choques entre el exalcalde Antanas Mockus y el Ejecutivo de ese entonces por desarmar a la población y los roces de “Lucho” Garzón con Uribe por la ubicación de albergues de reinsertados.

Sin embargo, son episodios que no tienen la dimensión de la confrontación directa que se vive en la actualidad y que, para los consultados, termina afectando el bienestar de los bogotanos. Según Restrepo, la situación lleva a que no se logre un acuerdo en bienes públicos tan fundamentales como la seguridad y la justicia: “Esto termina afectando tanto la capacidad de prestar el servicio de seguridad de la Policía y la posibilidad de trabajo y de mando de la alcaldesa”. Además, según el director del Cerac, la confrontación entre ambas cabezas hace que se olvide el problema de fondo: “Reconciliar la Policía con la ciudadanía”.

Para Nadia Pérez, politóloga de la Universidad Nacional y docente de la Universidad Bolivariana, los choques no son tan graves, pues no tienen una base estructural. “Uno ve que entre el presidente y la alcaldesa no hay muchas diferencias. Hay diferencias en formas de comunicación”, explica la experta, que asegura que todo se trata de meros choques de liderazgos. No obstante, señala que estos diferendos ocultan un problema mucho mayor, que es la pérdida de gobernabilidad que tuvo Claudia López en una noche. “No hay un poder político que frene las actuaciones de la Policía”, expresa la docente, que cuestiona además el discurso de la responsabilidad del Eln en las protestas.

Contrario a Pérez, la docente y columnista Sandra Borda sí considera que este choque parte de unas diferencias estructurales. En su concepto, es más que esperado que haya este tipo de confrontaciones, pues ambos están tratando de satisfacer bases electorales muy distintas. “Los de Duque son muy poco críticos con la Fuerza Pública y se van a poner al lado de la Policía, eso se traduce en vestirse como policía e irlos a ver. Lo de Claudia es más complicado. Trata de mandar un mensaje a una base más diversa”, comenta, precisando que las consecuencias se harán realmente visibles en las elecciones de 2022, cuando el electorado les cobre o los apoye por lo hecho.

A propósito de elecciones, parecen ser tres los caminos que abre la puja entre el presidente y la alcaldesa. Por un lado, la gobernanza de Duque y lo que ocurra con el proceso judicial de Uribe -ya está planteada una constituyente o una reforma judicial-. Por el otro, la gestión de Claudia López y los réditos que pueda suponer para la centro izquierda y candidatos como Sergio Fajardo o Jorge Robledo. Finalmente, Gustavo Petro, que en un escenario de desgaste entre ambos mandatarios podría sacar provecho.

Al margen de los cálculos y las cábalas políticas de cada quien, lo cierto es que la divergencia y las posiciones encontradas parecen no ser negativas per se. Sin embargo, lo que sí será necesario es que haya coincidencia y puntos en común en temas centrales de cara a lo que se viene para el país. ¿Se acentuará el conflicto o habrá complementos desde la independencia? Los afectados o los beneficiados, en últimas, serán los ciudadanos.

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