Entrevista con Luis Guillermo Plata

“La clave ahora es la capacidad para hacer pruebas y la inteligencia”: Gerente COVID-19

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El gerente de la gestión contra el COVID-19, Luis Guillermo Plata, explica la nueva estrategia del gobierno de Iván Duque para combatir la pandemia: se llama PRASS y arrancará esta semana con pilotos en Cartagena, Palmira y Tumaco.

La apertura es la línea que ha venido siguiendo el gobierno Duque en las últimas semanas frente al nuevo coronavirus. Es claro que el país no puede quedarse en cuarentena eterna ante las implicaciones económicas, por lo que se deben reactivar la industria y el comercio, con los controles necesarios para prevenir más contagios.

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Como parte de esa política, desde la Gerencia para la Atención Integral de la Pandemia COVID-19, se planteó la estrategia PRASS (Pruebas, Rastreo, Aislamiento Selectivo y Sostenible). Esta tiene como enfoque reabrir, pero al mismo tiempo aislar a los contagiados y a los que corren más riesgo. En diálogo con El Espectador, Luis Guillermo Plata, cabeza de la Gerencia, explica en qué consiste este nuevo plan, que tendrá su piloto en los próximos días en Cartagena, Tumaco y Palmira.

¿Qué es la estrategia PRASS?

Significa Pruebas, Rastreo, Aislamiento Selectivo y Sostenible, que es lo que hemos venido haciendo, pero debemos hacerlo más sistemáticamente a nivel de país. Cuando alguien se siente mal y sale positivo, esa persona se aísla e inmediatamente se piensa con qué otras personas tuvo contacto. A ellas hay que avisarles del resultado para ver si se deben aislar. Lo que tenemos que hacer es aplicar ese accionar de forma sistemática y bajo un método para que funcione.

¿Qué método exactamente?

Para que ese sistema funcione tenemos que aumentar la capacidad de pruebas en Colombia. En marzo teníamos una capacidad de 600 pruebas diarias y ya estamos en las 14 mil. Acá hablamos del volumen de pruebas. Lo segundo es que la realización de la prueba, el resultado y el aislamiento son un proceso que debe hacerse rápido. Si nos demoramos demasiado, la persona seguirá andando y contagiando gente. Acá hablamos es de velocidad.

Tercero, es asegurarnos de que todas las personas que den positivo se aíslen y se haga un estudio del contagio. Hay que identificar al menos 30 contactos conocidos con los que se reunió y escoger los que son de más alto riesgo. A todos hay que aislarlos, pero además, a ese grupo hay que hacerles pruebas. También lo que tenemos que ver es que los que no se puedan aislar, lo hagan. Estamos trabajando en alternativas para eso, utilizando de pronto alojamiento en hoteles. Cuando la persona se reporta sintiéndose mal, tenemos una ventana de oportunidad. Tenemos cinco días para hacer la prueba y aislar a la gente.

¿Pero cómo garantizar siempre ese alto volumen de pruebas?

Las pruebas ya se están haciendo y se va a necesitar un esfuerzo muy grande de varios actores. El Gobierno ya lo hizo para conseguirlas, porque estaban agotadas. Las pruebas PSR tienen por lo menos dos pasos. Uno, que es la extracción y consiste en tomar la muestra y hacer la extracción del material genético. Luego viene el paso de la prueba diagnóstica, que es cuando el material genético se introduce en un termociclador y ahí se hace el diagnóstico.

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En el mercado había muchas pruebas diagnósticas, eso se podía conseguir con relativa facilidad. Lo que estaba muy escaso eran los kits de extracción. Logramos hace tres semanas conseguir un buen número de ellos e importamos 501 mil reactivos que repartimos en los laboratorios regionales que ya están activos y trabajando. Eso fue lo que permitió que Colombia pasara de hacer 2 mil pruebas al día a 14 mil.

¿Y ahora qué viene?

Lo primero es la capacidad de las pruebas y la inteligencia: ¿qué hacemos con esa información? Toca usarla inteligentemente para identificar rápido quién más puede ser positivo y aislarlo. Si lo hacemos, viene lo más importante, que es el rompimiento de la cadena de contacto.

¿Por qué se escogieron Cartagena, Palmira y Quibdó como plan piloto del PRASS?

Una discusión que tuvimos con el Ministerio de Salud para ver en qué ciudades se podía aplicar. Hay unas ciudades más grandes, otras con más problemas que otras y así se vio cómo podíamos asegurarnos de que el plan se implementara. La complejidad del PRASS es la implementación a nivel territorial, eso no se puede realizar desde Bogotá. Lo que tenemos que hacer es llegarles a las alcaldías y gobernaciones para darles un instructivo muy claro, un manual de lo que hay que hacer y qué capacidades tienen ellos para hacer esto. Los que no tienen capacidades tenemos que hacer un plan para señalar qué les falta.

Las EPS han sido muy criticadas en la pandemia. Se dice que buscan más ahorrar recursos y se recuestan en las secretarías para ello, ¿cómo va a ser su papel en la estrategia, ya que son base de ella?

Son fundamentales. Ellas tienen gran capacidad de hacer pruebas y están en todo el país. Es un parte central y tienen que sumarse a la estrategia. Tienen que sumarse a ella para sacar adelante este tema y ser una estrategia ganadora para combatir el coronavirus.

Se habla de la necesidad de reactivación, pero apenas se reabre aumenta la cadena de contagios. ¿Cómo se va a garantizar que con esta estrategia no pase?

La idea del PRASS es el aislamiento selectivo sostenible. En vez de encerrar a 10 millones de personas, la idea es que sean 100 mil, pero que son las que son. Ellos son los positivos o están en alto riesgo de serlo. Esa es una estrategia mucho más dirigida y precisa, que busca enfocarnos en lo que realmente hace la diferencia para que la economía pueda seguir funcionando. Lo que hacemos es permitir más apertura al tener un aislamiento más selectivo, en donde realmente importa.

¿De dónde surge la estrategia? ¿Cómo la idean? ¿La traen de algún lado?

Analizamos diferentes estrategias y la que hemos adoptado es la desarrollada por la Universidad Johns Hopkins, en Estados Unidos. Hemos estudiado muchos aspectos y hemos adaptado eso para el caso colombiano. Aquí no hay nada que sea particularmente complejo desde el punto de vista intelectual, es algo que hacemos intuitivamente. Si yo me enfermo, pues me aislo. O decir, pilas, nos debemos hacer una prueba. Eso es intuitivo, es lo mínimo. Pero lo importante es cómo trasladamos eso a un nivel nacional, para que todos hagamos lo mismo, con juicio y disciplina. Ahí está el éxito, de lo que hagamos a nivel local, alcaldía y Gobernación.

En ello estamos todos: Gerencia COVID-19, Ministerio de Salud, Instituto Nacional de Salud (INS), el DAPRE, la consejerías de Asuntos Económicos y Transformación Digital, y la de regiones. Estamos todos y queremos que sea un éxito. Mire el caso de Antioquia, la idea es tomar este tipo de modelos y llevarlos al nivel nacional y al más chico que podamos.

Se habla de llevar una suerte de diario de contactos, pero se supone que eso lo iba a hacer “Coronapp”. ¿Falló la aplicación en su función?

No, para nada. Lo que sucede es que el diario de contactos se puede tener en el teléfono, en un cuaderno o en una libreta, entonces lo importante es que cada persona use la forma que más le convenga, la que le sea más fácil, la más cómoda. Es una cosa de elección personal. Lo importante es que uno se acuerde de las cosas y se lleve una agenda. Lo fundamental acá es aumentar el número de personas a las que podamos llegarles porque, en general, la gente que lo está haciendo hoy se está percatando de tres o cinco contactos. La idea es llevar al menos 20 o 30 contactos para poder hacer un cerco más efectivo.

¿Cómo es esa figura de los rastreadores de contactos?

Un rastreador de contactos no es nada distinto que el ejercicio que se hace con una persona que te llama y te dice: “Eres positivo, pensemos con quién estuviste, con quién te reuniste, a dónde fuiste”. Es alguien que hace unas preguntas, te ayuda a recordar qué estuviste haciendo y llama a los nombres que tú le dijiste y los alerta que alguien con quien estuvieron dio positivo, entonces se requiere que se aísle e identificar con quién se reunió.

Cuando uno pregunta eso, hay que identificar también gente de alto y de bajo riesgo. La pareja sentimental, por ejemplo, es un contacto de alto riesgo. Pero un encuentro de 15 minutos, en el que se guardó la distancia de dos metros con un conocido y ambos tuvieron tapabocas, puede considerarse como bajo riesgo. Es un ejercicio voluntario, en el que la gente cuenta con quién estuvo, asumiendo la premisa de que todo mundo quiere ayudar a ver cómo paramos esto. Por ello, nadie está obligado a decir con quién estuvo, pero asumimos que si hay un rol colaborador se pueden salvar vidas.

Desde el 15 de junio se vienen más aperturas, ¿qué le espera al país después de ese día?

Creo que las cosas van bien y ahora en lo que tenemos es que enfocarnos en cómo actúen aquellos que representen un riesgo, siempre y cuando podamos tener a los que representen un alto riesgo aislados.

¿Cómo va el proceso de dotación y donaciones?

Vamos muy bien, seguimos creciendo en la adquisición de ventiladores. Este mes nos llega un número importante, alrededor de 1.183, y contamos con una capacidad instalada bien importante. Eso nos da tranquilidad para resistir el embate de la pandemia, pero no nos hace ganar la guerra. Lo que nos hace ganar la guerra es el PRASS.

¿A qué atribuyen que el país tenga números bajos de positivos frente al continente?

Justamente han sido las cuarentenas, el haber tomado decisiones rápidas, oportunas y difíciles. También creo que en general ha habido colaboración de la ciudadanía, lo que ha implicado bajar los besos, abrazos y toda la actividad social. Aunque hay excepciones, gente que se hace trampa a sí misma.

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