La discordia política en Caldas por Aerocafé

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Es la obra insignia del gobernador Luis Carlos Velásquez y en su primera etapa costará $470 mil millones. El mandatario dice que los recursos están garantizados para hacerla realidad, mientras Camilo Gaviria, oposición en la asamblea, insiste en que es un “elefante blanco”.

La idea de construir un segundo aeropuerto para Caldas nació en 1977, cuando se encontró que en el municipio de Palestina había un terreno con las condiciones adecuadas para realizar una obra de ese tipo. Desde entonces ha sido una promesa que se ha mantenido por décadas, pero sin ningún resultado. Ahora, 43 años después, el gobernador del departamento, Luis Carlos Velásquez, la ha convertido en uno de los objetivos de su mandato, hasta el punto de que ya se comprometió a entregar, antes de terminar su período en 2023, la primera de las tres etapas del Aeropuerto del Café (Aerocafé), como se le denominó al proyecto. Ello implica una inversión de $470 mil millones y la fuente de esos recursos, al igual que el proceso de levantamiento de las estructuras, ha generado una dura polémica e incluso acusaciones que la referencian como un posible “elefante blanco”.

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Los señalamientos son de alto calibre y provienen principalmente de Camilo Gaviria, quien logró su curul en la Asamblea por ser segundo en la votación a la Gobernación de 2018, candidatura avalada por una coalición entre el Centro Democrático, el Partido Liberal y el Mira, siendo hoy uno de los más firmes opositores a la administración de Velásquez. Para Gaviria, además de los antecedentes de dilación, lo que pasa hoy con el proyecto es grave. Lo cataloga como un caso de detrimento patrimonial, a pesar de que la Asamblea aprobó los recursos. “Aeropuerto sí, pero con transparencia y pista larga. Necesitamos un aeropuerto que sea regional pero con visión internacional. ¿Realmente se va a hacer o nos están tomando del pelo para manejarlo como un tema político? Pronto tenemos elecciones parlamentarias, ¿nos van a decir otra vez que van a construir Aerocafé?”, cuestionó.

Su crítica gira en torno a varios puntos: a que la pista de aterrizaje es de 1.460 metros (que sirve solo para vuelos locales), que aún no hay cierre financiero ni estudios técnicos avalados, y que supuestamente Velásquez mintió sobre la cantidad de plata disponible y la fuente de financiación para realizar la obra, hablando incluso de “cheques chimbos”. “El 26 y 27 de junio, el gobernador imprimió y presentó dos cheques: uno por $60 mil millones, provenientes de las vigencias futuras, y otro por $59 mil millones, proveniente de las regalías. El OCAD responde que los $60 mil millones sí están, pero no relaciona los 59 mil millones en ningún lado. Todavía no hay autorización del Sistema General de Regalías”, argumentó.

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De igual forma, Gaviria habló sobre la vía de acceso al aeropuerto, entre Chinchiná y Palestina, que también se debe construir. “El gobernador quiere licitar esa vía. Le dije que hacerlo sin cierres financieros del proyecto es corrupción”, expresó. Ante sus aseveraciones, algunos de los vinculados en el proceso salieron a responder. Por ejemplo, Amparo Sánchez, gerente de Aerocafé, insistió que sí es necesario un nuevo aeropuerto y explicó que la proyección de la pista de aterrizaje es que en su tercera fase, aproximadamente dos décadas después, tenga capacidad para recibir vuelos internacionales.

“Desde el inicio el proyecto se concibió en tres etapas. En la primera se construye la pista de 1.460 metros, el terminal de transporte, las plataformas de aviones para parqueos, el terminal de pasajeros, la torre de control, los hangares de aviación general, los parqueaderos y la vía de acceso. En la segunda etapa se ampliaría la pista a 2.600 metros y en la tercera a 3.800, al igual que los terminales, según la cantidad de pasajeros. El aeropuerto La Nubia (de Manizales) tiene una pista de 1.400 metros y no es posible ampliarla por las condiciones topográficas y los obstáculos alrededor, y solo funciona hasta las 6:00 de la tarde porque, entre otras cosas, sufre de constantes cierres por el clima y la cenizas del Nevado del Ruiz”, enfatizó Sánchez.

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En este sentido, reiteró que Aerocafé tendrá operación nocturna y una operación instrumental “muy superior a la de La Nubia”. De esa manera, manifestó, se mejorará la conectividad del departamento. Por otra parte, aclaró algunas de las dudas sobre el origen del dinero: “$350 mil millones los aporta la Nación (que cubren el costo de la pista en la primera etapa), y la región pone $78.650 millones distribuidos así: $60 mil millones del departamento (por vigencias futuras aprobadas por la asamblea), $15 mil millones de Manizales, $2.500 de Inficaldas y $1.150 de Aerocafé”, dijo. Y con respecto a la licitación, contestó: “Aún no hemos licitado nada. Los cierres financieros son condición para hacerlo. Y sobre los estudios técnicos, están en fase tres, siendo validados por un consultorio internacional. Estamos en la etapa final”.

Por su lado, la veeduría ciudadana especializada en este proyecto reiteró que si bien no está en contra del proyecto, si hace falta que la gerencia les proporcione mayor información para saber exactamente cómo va. “Hemos notado que la comunidad está muy desconfiada porque han sido 43 años de espera y gastos de Aerocafé, y no ha habido ningún responsable por ese daño. En la administración actual todo en papel pareciera andar bien, pero lo que buscamos no lo hemos encontrado: suficientes elementos para saber cómo va el trabajo, porque ni siquiera nos han mostrado los diseños arquitectónicos”, indicó en un comunicado. Sobre ello, la gerente Amparo Sánchez recalcó en que la veeduría no conoce dichos documentos “porque los estudios y diseños con los que se va a construir el aeropuerto están en un proceso de validación por parte de un consultor externo y por lo tanto hoy gozan de confidencialidad. Se hacen públicos una vez termine ese proceso”.

El gobernador Velásquez también le salió al paso a los cuestionamientos de Gaviria. Sobre el cheque de $59 mil millones impreso en gran tamaño, aseguró que era un acto simbólico. “El cheque no es falso porque representa la voluntad de la Gobernación, que está alineada con el Ministerio de Hacienda y el Gobierno Nacional”, expresó. Y agregó que el Departamento Nacional de Planeación “sabe de la importancia del proyecto y tenemos conocimiento financiero del valor esperado de las regalías para el aeropuerto. Ese valor cumple con los topes y es el valor más fijo que tenemos”, desmintiendo al diputado opositor.

No negó que Aerocafé sea un sueño de su departamento y que ha sido difícil realizarlo por aspectos políticos. “No me refería a ello en campaña y tampoco me voy a referir ahora como gobernador. Ese historial está en manos de las instituciones (refiriéndose al proceso de 2018 de responsabilidad fiscal que reposaba en la Contraloría). Hoy tenemos un presidente que sí le va a cumplir a Caldas y que ya se comprometió con los recursos para impactar la vida de un millón de manizaleños y dos millones de personas del Eje”, asintió. Si se lograra construir Aerocafé, Quindío, Caldas y Risaralda contarían con cuatro aeropuertos.

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Finalmente, el mandatario aseguró que va a cumplir con lo que se comprometió: hacer la primera etapa. “Es viable y sostenible financieramente. La segunda etapa estará sujeta al despliegue de pasajeros, al despliegue turístico. Como gobernador quisiera que Aerocafé fuera tan grande como el mercado lo demanda, pero tengo tres años y medio de gobierno y alcanzo con lo que me comprometí. Eso sí, se ampliará como en su momento se hizo con El Dorado y con el Matecaña de Pereira”, puntualizó.

Así, aunque los citados no ahondan en las diferencias políticas, es claro que un tema sumamente técnico y económico se tiñe de ese tipo de disputas. Con todo, el proyecto continúa y, según afirmó Velásquez, las observaciones de los estudios técnicos deben salir en menos de un mes. Mientras avanza Aerocafé, la Contraloría trasladó el caso de 2018 a la Unidad Anticorrupción para que revise las pruebas sobre las responsabilidades fiscales con ocasión al daño patrimonial que se ha ocasionado por cuenta de los retrasos de la obra en los últimos 40 años.

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