La izquierda: su historia de desencuentros y divisiones

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El intento del senador Jorge Robledo de partir cobijas con el Polo vuelve a despertar los fantasmas de que la izquierda en Colombia no puede mantenerse unida para ser una opción de poder factible.

Más allá de la agitación nacional, las últimas semanas del Polo Democrático Alternativo (PDA) han estado marcadas por la controversia dentro de sus filas. El senador Jorge Enrique Robledo y varios de la línea del Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario (MOIR) plantearon una escisión de la colectividad ante las muchas diferencias que tienen con los otros miembros del partido, nacido para agrupar a la izquierda colombiana. La movida tendría que ver con las presidenciales de 2022 y la posibilidad de una consulta con Gustavo Petro, cuya relación con Robledo está resquebrajada. Lo cierto es que la petición está sobre la mesa y el Congreso Nacional del Polo tendrá que discutirla. Para su aprobación, el 60 % tiene que darle el sí.

Por encima de las posibles consecuencias electorales, pues Robledo es el principal elector del partido, la movida hecha por el senador y el MOIR despierta nuevamente los cuestionamientos en torno a la imposibilidad de la izquierda para mantenerse bajo un mismo proyecto político que la lleve a ser opción de poder. Y es que no es la primera división que ocurre en el seno del Polo. En 2010, el partido vivió uno de sus peores momentos con el escándalo del carrusel de la contratación en Bogotá durante la administración de Samuel Moreno, miembro de la colectividad, y los intentos de Petro por ser su presidente, siendo uno de los mayores denunciantes del caso y quien luego partió cobijas para, un año después, llegar por cuenta propia a la Alcaldía.

Según Juan Federico Pino, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Javeriana, la salida de Petro creó una situación que no ha sido superada en estos años. Tanto así que la escisión propuesta por Robledo solo sería la respuesta a los coqueteos de algunos sectores del Polo hacia el hoy líder de Colombia Humana. Además, señaló que este hecho mostró en las últimas elecciones que hay “una incapacidad de la izquierda de presentarse unida y congregarse en un solo proyecto político”. Sin embargo, Pino comentó que no se trata de algo causado por Robledo, sino que es histórico: “Estos sectores siempre han estado divididos. La izquierda tiene diferentes visiones de proyecto de poder”.

Durante la historia del siglo XX se han evidenciado varios momentos en los que la izquierda ha estado dividida e incluso se ha llegado a contraponer entre sus partes. Un buen ejemplo es la relación entre Jorge Eliécer Gaitán y el Partido Comunista. En 1933, Gaitán rompió con el Partido Liberal y fundó la Unión Nacionalista Independiente Revolucionaria (UNIR), movimiento de izquierda liberal. A pesar de ello, el Partido Comunista siempre dudó de él y lo catalogó como fascista. Es más, en 1946, cuando los liberales se dividieron entre Gabriel Turbay, candidato oficialista, y Gaitán, los comunistas le dieron su apoyo al primero. Esta división permitió el regreso de los conservadores al poder, tras 16 años de hegemonía liberal.

Durante la siguiente mitad del siglo se siguieron evidenciando esas rupturas. Esta vez los choques fueron entre maoístas, leninistas, trotskistas y prosoviéticos, entre otros, y llegaron a espacios desde claustros universitarios hasta organizaciones campesinas. Los debates, como señala el profesor Pino, también pasaban por su cercanía o rechazo con la lucha armada y las nacientes guerrillas. A pesar de esto, el filósofo Alejandro Mantilla destaca que la izquierda en Colombia no siempre ha estado dividida, como se cree, sino que alcanzó a sacar adelante proyectos articulados que se mantuvieron por un tiempo y sirvieron como alternativa: “La izquierda colombiana, en varios momentos de su historia, ha logrado prácticas de articulación y unidad muy interesantes”.

Entre las propuestas destacadas por Mantilla están el Frente Unido, impulsado por Camilo Torres; la Unión Nacional de Oposición (UNO), alianza de partidos y movimientos de izquierda que rechazaba el Frente Nacional; el movimiento Firmes, que tenía en sus filas a importantes intelectuales y era impulsado por Gerardo Molina, y lo que actualmente es el Polo Democrático Alternativo. Según el filósofo, esta última ha sido la propuesta más interesante. Sin embargo, a pesar de reseñar dichas iniciativas, Mantilla reconoce que “han sido de muy corta duración y nunca han logrado articular a toda la izquierda. Siempre han quedado movimientos por fuera”.

Mientras que Pino expresa que las diferencias históricas parten de la base ideológica, Mantilla va más allá y señala que se trata de varios factores, que muchas veces entran a jugar al mismo tiempo. Entre esas categorías están las diferencias programáticas, que ejemplifica con las luchas a principio de este siglo entre aquellos que se oponían a los tratados de libre comercio y los que se centraban en la redistribución de la riqueza. Otro de los factores mencionados es el de la táctica y estrategia, que parte del énfasis que se da a las luchas electorales, sociales o armadas. “Eso ha estado muy presente desde el Frente Nacional para acá, y esas diferencias no se han solucionado de forma tranquila”, enfatizó.

Otro de los factores mencionados por el experto es el choque de liderazgos, que ilustró con la disputa personal entre Gustavo Petro y Carlos Gaviria; la distancia entre los partidos y los movimientos sociales de los territorios, la represión por parte del poder y lo que denominó el búmeran de la convicción: “La izquierda no se mueve por intereses particulares sino por convicción de transformación, que a veces genera un búmeran en el que se privilegia la convicción propia sobre la articulación”. Este último punto es compartido por el profesor Pino: “Aunque se habla de riqueza ideológica y convicción, hay imposibilidad de unirse para un fin común”.

Hay otros, como Carlos Andrés Arias, politólogo y docente de la Universidad Externado, quien, a pesar de aceptar que históricamente la izquierda colombiana no se ha unido, asegura que esas divisiones son propias de todas las corrientes y partidos. “Eso es connatural a la política. En las democracias incipientes como la nuestra se ve mucho más”, recalcó el docente, denominando este fenómeno como “faccionalismo”. Para soportar su punto, Arias no solo usó ejemplos de movimientos de izquierda, sino que destacó casos como el de Luis Carlos Galán, que rompió con el Partido Liberal para fundar el Nuevo Liberalismo y, en esa misma línea mencionó a Cambio Radical como otro ejemplo del faccionalismo natural.

Más allá de si es propio o no de la izquierda, lo cierto es que históricamente los movimientos de este espectro ideológico no han podido unirse para dar paso a una opción de poder viable. La movida de Robledo y el MOIR vuelve a poner los reflectores sobre esa imposibilidad de crear un proyecto común.

Apenas faltando dos años para las presidenciales, estos choques pueden ser un nuevo factor de distanciamiento que impida una gran alianza con la centro izquierda para enfrentar al uribismo y otros contendientes.

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