Los límites de un derecho constitucional

La libertad de expresión desdibujada

¿Las caricaturas son ajenas a los límites de la libertad de expresión? ¿Pueden estas promover el discurso de odio? ¿Todos podríamos usar imágenes ofensivas en contra de un candidato?

“Duque reflexiona”. Así se tituló la caricatura publicada en “El Tiempo” por Matador. / Matador

Durante el fin de semana electoral, y aprovechando el error de la Registraduría Nacional, los usuarios en redes sociales difundieron memes sobre el “tarjetón de emergencia” con la imagen de un “cochino” cuando emulaban el tarjetón de la consulta de la derecha. El alcance mediático y social que implicaron unas primeras caricaturas sobre el candidato Iván Duque habría provocado que, hasta ahora, se le simbolice y reconozca con la imagen de un cerdito. ¿Será que la caricatura puede hostigar, vulnerar el buen nombre y la imagen y hasta promover el odio hacia un candidato?

En las campañas electorales, las caricaturas, los memes y los gifs cobran especial figuración y su difusión a través de las redes sociales se viraliza cuando son objeto de debate público. Esto mismo ocurrió la semana pasada cuando un abogado interpuso una acción de tutela contra Matador, un reconocido caricaturista colombiano, por mostrar a través de dos de sus gráficos a Duque como un cerdito. La opinión pública se polarizó. Por un lado, el abogado mencionó que dicha caricatura vulneró los derechos fundamentales al buen nombre y la honra de todos los que son adeptos al Centro Democrático. Por el otro, el caricaturista dijo a través de Facebook: “Con tutela quieren censurar mi libertad de expresión y piden que me retracte”.

Lea: Falsos seguidores: otra enfermedad de la campaña presidencial

En 2012, en la India, Aseem Trivedi fue arrestado por cargos de sedición bajo el código penal de dicho país, basándose en que sus caricaturas fueron diseñadas para denigrar los símbolos nacionales y difundir la ira y el odio contra el estado. En Dinamarca, un escritor no lograba encontrar dibujantes que le hicieran ilustraciones de Mahoma, pues temía que si dichos dibujos no agradaban a los musulmanes, estos tomarían represalias contra los ilustradores, llevando a que los editores del periódico Jyllands-Posten acudieran al sindicato de ilustradores de periódicos para lograr la elaboración y publicación de 12 ilustraciones bajo el título “La cara de Mahoma”, que causaron muchas revueltas y que hoy en día se conoce como “The Danish Cartoon Controversy”.

La Liga Anti-Difamación (ADL), en Estados Unidos, identificó a “Pepe the Frog”, un famoso personaje de dibujos animados, como símbolo de odio por ser utilizado en redes sociales para sugerir nociones racistas, antisemitas o intolerantes, a través de memes que se difundían masivamente. Esta organización además fundó una base de datos, “Hate on Display”, como parte de su esfuerzo para rastrear grupos de odio y ayudar a las fuerzas del orden público, educadores y otros miembros del público a identificar aquellos símbolos que sirven como difusores y promotores del odio virtual.

Una gran mayoría de los usuarios que usan las redes sociales creen no tener restricciones sobre lo que publican. Sin embargo, nuestra legislación consagra en el Decreto 2591 de 1991 (art. 42, numeral 7) que toda persona debe rectificar la información inexacta o errónea en las mismas condiciones en que fue publicada, independientemente del medio que haya empleado para su divulgación. Es decir, que no exista aún una legislación específica sobre la regulación del contenido que publican los usuarios en redes sociales, no significa que estén por fuera de la ley.

En Colombia ya existen antecedentes judiciales por el uso de caricaturas, pues en 2004 se presentó una acción de tutela por la caricatura “La flor del trabajo”. En ambos casos, el que acabamos de mencionar y el del cerdito, las imágenes, a pesar de ser una opinión simbólica de sus autores, pueden llegar a afectar los derechos fundamentales de otro ciudadano, y aunque la caricatura es una sátira ilustrada, no es ajena a la justicia de este y otros países, como lo afirma Felipe Sánchez Iregui en el libro Redes sociales: del daño virtual a la responsabilidad legal. “La lesión al buen nombre puede darse también por el empleo de fotomontajes, memes, caricaturas o gifs que se publiquen a través de las redes. No solo las palabras o comentarios tienen esa capacidad de lesión del buen nombre, la honra o la intimidad de las personas, y cuando dicho daño se causa a uno de dichos derechos fundamentales, cabe igualmente la acción de tutela”, escribe Sánchez.

Lea también: La propaganda disfrazada: influenciadores y patrocinadores en la campaña presidencial

En el caso de “La flor del trabajo”, la Corte Constitucional, en la sentencia T/787 de 2004, obligó a su autor a rectificar su caricatura a través de un escrito, pues es claro que no se puede rectificar una caricatura con otra, pero adicionalmente le exigió preguntarle a la afectada si quería que se publicara o no la rectificación, teniendo en cuenta que la misma podía revictimizarla. Las caricaturas, los memes y los gifs, al igual que las canciones y demás obras artísticas, son expresiones personales de sus autores y no deberían ser limitadas o censuradas. De ser así, afectaría la condición de libertad de todo ser humano. Sin embargo, como lo ha dicho nuestra Corte Constitucional, “la libertad de expresión no es un derecho que carece de límites, pues como se observó, las frases injuriosas que denoten falta de decoro, vejaciones, insultos, expresiones desproporcionadas y humillantes, que evidencien una intención dañina y ofensiva, no con un fin legítimo, sino por el contrario, difamatorio, parcial, erróneo, entre otros, no son cubiertas por la protección establecida en el artículo 20 de la Constitución”.

Los comentarios lesivos frente a los candidatos pululan en la red. Facebook y Twitter son las plataformas más comunes para promover el discurso de odio. En respuesta a esto, la Comisión Europea ha hecho frente a esta problemática social y ha implementado un código de conducta para redes sociales. “El salvaje oeste digital ha terminado. Es hora de equilibrar el poder y la responsabilidad de las plataformas y los gigantes de las redes sociales", comentó Vera Jourova, comisaria de Justicia de la Unión Europea, haciendo hincapié en que los propietarios de Facebook, Google, Twitter y otras redes sociales también están comprometidos con el esfuerzo de la comisión para eliminar el discurso de odio en línea, la propaganda terrorista y las fake news. El código de conducta, más allá de amenazar a los usuarios con multas o acciones jurídicas, como en el caso de Alemania, busca capacitar al usuario en la responsabilidad que tiene al usar una red social, siendo una “acción voluntaria” que ha arrojado grandes resultados. En 2017 se pasó del 28 % al 59 % en la eliminación del discurso de odio virtual, demostrando que un enfoque no reglamentario puede arrojar grandes resultados con la cooperación de todas las partes involucradas.

¿Debería implementarse en Colombia un código de conducta similar? ¿Es necesario que nos enseñen a tener responsabilidad en el uso de las redes, ya sea en campañas políticas o fuera de estas? Indudablemente estas iniciativas permiten sensibilizar al público con el contenido que publican, además de crear un pensamiento crítico ante la información que reciben o cuelgan otros usuarios. El discurso de odio, el hostigamiento o el ciberbullying son conductas gravemente castigadas por la justicia colombiana, y no por ser virtuales son menos importantes, pues se ha demostrado que el daño virtual afecta más profundamente a una persona por ser un ejercicio que se difunde masivamente, por tanto, el daño es mayor y su reparación tiende a ser casi imposible.

*Observatorio de Redes Sociales Universidad Sergio Arboleda