Santos habló ante Naciones Unidas como presidente de Colombia y como nobel de paz

“La noticia ya no es la muerte, es la vida”: Santos en la ONU

El mandatario pronunció su último discurso ante la Asamblea General en Nueva York. En él puso la paz de Colombia como modelo a seguir y le dijo al mundo que es hora de aceptar, con realismo, que mientras haya consumo de drogas habrá oferta.

El presidente Juan Manuel Santos, este martes, durante su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas.AFp

*Enviada especial a Nueva York (Estados Unidos)

Para entender el último discurso que entregó ayer el presidente Juan Manuel Santos en calidad de jefe de Estado ante la Asamblea General de Naciones Unidas, habría que dividirlo en tres fases: paz, política exterior y lucha global contra las drogas. Por eso, en esta, su octava y última intervención en la sede del organismo en Nueva York, reivindicar su doble condición de presidente de un país con un conflicto armado menos y premio nobel de paz se hacía fundamental para darles legitimidad, cómo no, a estos tres pilares que resumen la base de su gobierno.

Y eso explica, en parte, que Santos haya puesto a disposición de la comunidad internacional el Acuerdo de Paz logrado con la exguerrilla de las Farc como un “ejemplo y modelo de paz que en Colombia estamos empezando a construir” para ser adoptado en otros conflictos. Era el escenario propicio para recordar y agradecer que el principal órgano multilateral de cooperación, la ONU, fue el encargado de verificar el proceso de dejación de armas del grupo guerrillero y ahora se prepara para acompañar la reincorporación de sus antiguos miembros a la vida civil y verificar su seguridad y la de las comunidades que han sufrido el rigor del conflicto armado. (Lea: Santos defendió en la ONU la nueva estrategia de Colombia sobre cultivos ilícitos)

“Hoy quiero reconocer y agradecer a Naciones Unidas porque ha cumplido cabalmente con la misión para la que fue creada, que no es otra que la de acabar con el flagelo de la guerra”, dijo el mandatario. Y confirmó la nueva misión, que, de manera paralela, se encargará de verificar el cese bilateral del fuego temporal pactado con la guerrilla del Eln, que arranca el 1º de octubre. “Qué momento especial para Colombia y qué momento especial para las Naciones Unidas, que cumplen con éxito, en nuestro país, su principal objetivo”, dijo.

El 22 de septiembre de 2010, hace ocho años exactamente, y al poco tiempo de haberse posesionado como presidente de Colombia, Santos se preparaba para pronunciar su primer discurso ante la Asamblea General. Pero un día antes se produjo uno de los hechos de mayor importancia y que, con el tiempo, se convirtió en un elemento fundamental para definir el rumbo del Acuerdo de Paz de La Habana: fue dado de baja Víctor Julio Suárez Rojas, alias Jorge Briceño o Mono Jojoy. (Vea también la amenaza de Trump a Corea del Norte en la Asamblea General de la ONU)

“Y miren esta paradoja: hoy, siete años después, me siento muy feliz de que las noticias que traigo de Colombia no tengan que ver con la muerte sino con la vida. La noticia hoy ya no es la muerte, es la vida”, manifestó Santos, con la certeza de reconocer que, ahora sí, podía hablar con el rótulo de jefe de Estado de un país en construcción de paz.

El discurso del primer mandatario, en últimas, le apostó a corroborarle a la comunidad internacional que se va con una misión cumplida: firmar un acuerdo con la guerrilla más grande del hemisferio occidental y dejar un proceso abierto con el otro grupo armado, que parece encaminado al mismo destino del Acuerdo en La Habana. Pero “el tiempo de esperanza que vivimos en Colombia no nos impide ver con preocupación las situaciones difíciles que se dan en otros puntos del planeta”, señaló. Y habló de la evidente carrera armamentista que recuerda la época de la Guerra Fría del siglo pasado. Estados Unidos y Corea del Norte se siguen amenazando con accionar su poder nuclear, lo que, para él, como nobel de paz, “constituye una amenaza a la paz y a la seguridad mundial”.

El jefe de Estado, además, se sumó a la voz de rechazo regional en torno a la grave crisis política, económica y social por la que atraviesa Venezuela. No le importó que su vecino, a través del canciller Jorge Arreaza, lo calificara de “payaso”, luego de rechazar la postura de línea dura que sobre ese país asumió el presidente estadounidense, Donald Trump, “el dueño del circo” —como lo llamó Arreaza—, durante su intervención en la ONU. “Nos duele Venezuela. Nos duele la destrucción paulatina de su democracia. Nos duele la persecución a la oposición política y la violación sistemática de los derechos de los venezolanos”, enfatizó Santos.

Drogas ilícitas

Pero, además de la paz, la nueva estrategia de Colombia en la lucha contra las drogas consideradas de uso ilícito se convirtió en punto de honor para el mandatario durante su intervención. Sobre todo porque aclaró que no se dejará presionar ante las advertencias que hizo Estados Unidos (principal consumidor de cocaína colombiana) de descertificar al país por el aumento de cultivos ilícitos. Y, bajo esa perspectiva, recordó que Colombia fue pionera en plantear un nuevo debate global sobre un nuevo enfoque en el tema de las drogas.

“La guerra contra las drogas no se ha ganado ni se está ganando. Es necesario llegar a consensos en asuntos centrales, como el de no criminalizar a los adictos, y entender el consumo de drogas como un asunto de salud pública y no de política criminal”, argumentó el jefe de Estado, invitando a aceptar con realismo que mientras haya consumo habrá oferta, y que el consumo no se va a acabar. “Es hora de hablar de regulación responsable por parte de los estados, de buscar caminos para quitarles oxígeno a las mafias y de afrontar el consumo con más recursos para la prevención, la atención y la reducción de daños a la salud y al tejido social”.

Así, Santos se despidió ayer de Naciones Unidas. Fue la última intervención que hizo como presidente de un país que se encamina hacia el fortalecimiento de una salida negociada para el conflicto armado, pero bajo una incertidumbre que un organismo como la ONU desconoce: la polarización política cada vez más fuerte que, en últimas, es la que define el rumbo como nación. Dentro de un año será la versión 73 de la Asamblea General en Nueva York y la primera salida internacional de quien gane las elecciones en mayo. Sólo en ese momento se sabrá si, en efecto, como lo dijo recientemente la embajadora María Emma Mejía en El Espectador, Santos dejó huella en el organismo.