Las Farc, a jugar en la política

En el congreso de las Farc, que se realizará en agosto, se elegirán un nombre y la mesa directiva que pondrá en uso la personería jurídica de la colectividad.

La décima y última conferencia de las Farc armadas se realizó en septiembre de 2016 en los llanos del Yarí (Meta).AFP

El próximo 20 de agosto, el nombre de las Farc quedará archivado en la historia del país. El adjetivo de “armadas” desapareció desde ayer de sus formas de lucha y las fuerzas revolucionarias darán otro paso para entrar en la contienda política legal en el país. (Vea el especial multimedia sobre la dejación de armas de las Farc)

Ese día se realizará un nuevo congreso que reunirá a los excombatientes y sus jefes: será la fecha en la que se conozca el nombre del partido político que se medirá en las urnas, en igualdad de condiciones, con los demás, para alcanzar curules en el Congreso y representar sus intereses, pero sólo con palabras. (Lea: Dejación de las armas: el tiempo de la palabra)

Lo primero que hay que entender es que, a pesar de que en las próximas elecciones la nueva colectividad se presentará como una opción para los colombianos y cualquiera podrá votar por los candidatos que sean postulados, el acuerdo final garantiza que el partido tendrá cinco curules en la Cámara y cinco en el Senado, aunque sólo por los próximos dos periodos constitucionales.

Más que un capricho, lo que se pactó en ese sentido podría ser visto como un gesto político para que el recién desarmado grupo tenga participación durante el proceso de estructuración y transición. Para algunos analistas, las curules directas son una medida de “discriminación positiva” que ya ha sido utilizada en otros países y que incluso protege la transición a la democracia. (Lea: Armas por palabras: los discrusos de la paz)

Para Francisco Tolosa, vocero del movimiento Voces de Paz, con lo ocurrido ayer, las Farc han cumplido lo que establece el Acuerdo para convertirse en un partido político. De esta manera, en esa nueva reunión, que ya ha sido convocada, se elegirá una dirección que deberá registrar el nuevo partido ante el Consejo Nacional Electoral y de esta manera hacer uso de su personería jurídica.

Elegir el nombre y los candidatos serán tareas del resorte de esa misma dirección. “Entra una nueva fuerza de izquierda en la política, aspirando a darles fin a represiones sociales y políticas, que cree en un Congreso alternativo. Eso hay que verlo como una bocanada de aire fresco”, señala Tolosa.

Sin embargo, al tiempo que esta transición se desarrolla, las Farc deben cumplir otros puntos del Acuerdo, como entregar el próximo 1º de agosto la lista de bienes con los que se financió la actividad insurgente, cuya destinación está prevista para la reparación de víctimas y el sostenimiento de los programas de reincorporación de guerrilleros, y poner en manos de la ONU todo el armamento que se encuentra en las caletas.

Por otra parte, queda pendiente la aprobación de varios proyectos de ley en el Congreso de la República y el Gobierno deberá tratar de mantener las mayorías para que estos pasen sin problemas. Una tarea que no parece nada fácil, teniendo en cuenta la coyuntura política preelectoral y la necesaria reorganización de fuerzas de coalición de un gobierno, que están más allá que acá.

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