Lecciones de dignidad

Desde hace tres años, cada 25 de mayo, el país está llamado a honrar la dignidad de las mujeres víctimas de violencia sexual, especialmente aquellas a quienes tocó directamente el conflicto armado. Esta fecha también hace el llamado a reconocer el testimonio de transformación y vida que la guerra, a pesar del dolor causado, no pudo borrar en miles de mujeres.

Muchas sobrevivientes, en una apuesta personal, decidieron cambiar de ruta y vencer el dolor, el miedo, el olvido y la soledad, y en ese nuevo camino de transformar su dolor en esperanza decidieron entonces buscar apoyo en las instituciones y en otras mujeres que ya transitaron ese difícil tramo y así replicar con su vida el testimonio de valentía y dignidad para apostar a construir un presente y un futuro con más oportunidades y menos dolor.

Las estrategias para este tránsito son muy variadas y muy cercanas a la tierra, a la feminidad y a su cultura. Unas cantan, otras hacen empresa, otras tejen, están las que escriben o las que sacan su dolor y su historia en el teatro, y otras más se ponen la camiseta de la denuncia y de la lucha y alzan sus voces de manera individual o en colectivo, reclamando verdad, justicia, la reunificación de sus familias, garantías de no repetición, protección.

Son mujeres en acción de construir alternativas para ser y estar mejor, siempre en proyección de los otros y las otras, de los y las cercanas, pero también de los y las lejanas, y es así como en lo cotidiano de los días, en Colombia —ya sea en la región Caribe, o en el Pacífico, o en los Andes, o en los Llanos, o en la Amazonia— se hace realidad la afirmación de que cuando una mujer avanza, la humanidad entera avanza.

Con la sanación, no sólo la del cuerpo sino la del alma, que es donde más se siente la agresión, las mujeres sobrevivientes a la violencia sexual en el conflicto armado hoy se visten de reconciliación con valentía y reinventan sus vidas sin olvidar el dolor de su resignificación, y es usual verlas con las banderas de la paz en diferentes colores, en colectivos que trabajan y continuarán trabajando por la promoción y la garantía de los derechos humanos de las mujeres, en la meta de continuar sanando juntas.

Finalmente, si bien el camino transitado con las mujeres sobrevivientes ya tiene muchos pasos hacia adelante, aún tenemos deudas vigentes con ellas como Estado y sociedad. Por esta razón, sumarnos a la conmemoración del 25 de mayo es una acción necesaria en todo el proceso y conjunto de estrategias concretas que se requieren para garantizar su derecho al acceso a la justicia y fortalecer la implementación de las medidas de prevención, atención y reparación integral.

El país que todas y todos soñamos y además nos merecemos sólo será posible si somos capaces de garantizar a las mujeres una vida libre de todo tipo de violencias.

* Consejera presidencial para la Equidad de la Mujer.