Las lecciones de la historia

Hace poco más de medio siglo, la Revolución cubana partió en dos la historia contemporánea de América. Esta semana quedó probado que la mayor urgencia continental hoy es la paz de Colombia.

La imagen del mandatario de Cuba, Raúl Castro, apretando las manos estrechadas del presidente Juan Manuel Santos y el jefe de las Farc, Timoleón Jiménez, frente a un auditorio de personalidades internacionales y ante millones de televidentes en el mundo, agrega un capítulo referencial para la historia de América. Cuando Santos agradeció a Cuba, Venezuela, Chile y Estados Unidos, inevitablemente en cada nación se revivió un pasado común que ahora se enfrenta a un desafío mayor.

La paz de Colombia, que urge para cerrar medio siglo de confrontación interna y toda suerte de tensiones binacionales o regionales en pugna ideológica. Un ciclo de avances, retrocesos y crisis, con un detonante político específico en la cronología de los últimos tiempos: el triunfo de la Revolución cubana en enero de 1959. Ese suceso trastocó la política exterior, no sólo de Estados Unidos respecto al gobierno instaurado por Fidel Castro, sino de toda América.

Desde 1961, tras la fracasada invasión militar de bahía Cochinos y la ruptura de relaciones entre Estados Unidos y Cuba, Colombia y Venezuela defendieron el orden planteado por el gobierno Kennedy y la OEA. A bordo del Frente Nacional y el Pacto de Punto Fijo, creados para el reparto del poder entre partidos tradicionales con la exclusión de terceras fuerzas, ese mismo año los gobiernos de Alberto Lleras y Rómulo Betancourt rompieron relaciones con Cuba.

Pese a la ayuda militar y el influjo político estadounidense, los años 60 vieron aparecer guerrillas en América con la idea de emular a Cuba. Desde orillas contrarias, entre dictaduras o gobiernos pro Washington, Fidel Castro se volvió coco o paradigma. Con graves antecedentes de violencia partidista, las Farc y el Eln en Colombia encontraron caldo de cultivo para desarrollarse. En Venezuela declinó la vía armada, pero en círculos políticos o militares se conservó la ideología socialista.

La década de los 70 llegó con la victoria electoral de Salvador Allende y su movimiento al socialismo en Chile, con nuevos aires para la geopolítica. Aunque el experimento terminó abruptamente en 1973 con el golpe de Pinochet y su dictadura, replicada después en Argentina y otras naciones de América, en Venezuela y Colombia se recobraron las relaciones con Cuba. El gobierno de Carlos Andrés Pérez lo hizo en 1974. La administración de Alfonso López Michelsen en 1975.

Protocolaria aproximación sin desairar a Estados Unidos y su doctrina de seguridad nacional, entonces enfocada en compartir el boom petrolero de Venezuela y confrontar el auge del narcotráfico en Colombia. En marzo de 1981 el gobierno Turbay, en la línea de su severo Estatuto de Seguridad, volvió a romper con Cuba. Entonces sobrevino una década en la que el país sufrió la horrible noche del narcoterrorismo, mientras Venezuela dejó asomar sus grietas económicas.

Hacia julio de 1991, tras la Primera Cumbre Iberoamericana de Naciones que reunió a 21 jefes de Estado en México, el gobierno de César Gaviria reanudó vínculos consulares con Cuba. Semanas atrás había dado inicio a conversaciones de paz con las Farc, el Eln y el Epl. Como sede de los diálogos fue escogida Caracas, hasta cuando lo permitió el intento del golpe de Estado del coronel Hugo Chávez al segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, el 4 de febrero de 1992.

Los diálogos se trasladaron a Tlaxcala (México), pero en octubre se rompieron. En contraste, un año después, Gaviria formalizó relaciones con Cuba. En ese momento, el tablero geopolítico era otro. Venezuela estaba en crisis y, tras dejar la prisión en 1994, Hugo Chávez configuraba su ascenso al poder. Y Colombia, de pelea con Washington por el escándalo del Proceso 8.000, con breves pausas para buscar la paz con las Farc y el Eln, con Cuba como incondicional aliado.

En el tránsito al siglo XXI, la política volteó la torta. En febrero de 1999 Chávez empezó a gobernar Venezuela con su Revolución bolivariana. El primero en secundarla fue Cuba. Por los mismos días en Colombia, Andrés Pastrana inició un nuevo proceso de paz con las Farc, pero al mismo tiempo configuró un acuerdo bilateral con Estados Unidos para crear el Plan Colombia. Bajo el pretexto antinarcótico, Washington fortaleció las Fuerzas Armadas para la lucha contrainsurgente.

Los diálogos con las Farc volvieron a fracasar y la ruptura en 2002 catapultó la victoria electoral de Álvaro Uribe. Entonces, con seguridad democrática a bordo, se recrudeció la guerra. El Plan Colombia dio frutos y Estados Unidos fue aliado clave de la ofensiva militar. Sin embargo, mientras las Farc recibían golpes, desde Venezuela empezó a expandirse la influencia política de Hugo Chávez que, además de Cuba, ganó amigos en Ecuador, Bolivia y Nicaragua.

Al término de la primera década del siglo XXI, la era Uribe llegó a su tope y el enclave regional barajó sus cartas. En 2008 en Cuba, ante el retiro de Fidel Castro, su hermano Raúl asumió el gobierno. Desde Venezuela, Chávez siguió fortaleciendo su política exterior a través de la Alianza Bolivariana para América (Alba) y la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). En Colombia, en 2010, Juan Manuel Santos asumió la Presidencia y dejó claro su interés por la paz.

A finales de 2012, el escenario quedó listo. Cuba, sede de los diálogos; Noruega, garante; Venezuela y Chile acompañando. Con la muerte de Chávez en 2013, el proceso de paz con las Farc perdió un crucial aliado, pero poco a poco aparecieron otros, como el expresidente de Uruguay, José Mujica, y ahora el papa Francisco. En el camino, Estados Unidos terminó por enviar a un delegado, Bernie Aronson. Desde diversas latitudes de América se fueron sumando respaldos.

Lo que sucedió el miércoles 23 de septiembre sintetiza lecciones de cómo la historia da vueltas. Ayer Estados Unidos y Cuba eran enemigos y hoy se esfuerzan por normalizar sus relaciones. Venezuela y Colombia eran incondicionales de Washington y hoy discrepan en política exterior. Sin embargo, para unos u otros, el gesto de Raúl Castro prueba que América sigue cambiando mucho, pero que hoy su proyecto más importante es la paz de Colombia.

Más de 200 años de historia común

Colombia y Venezuela comparten 2.219 kilómetros de frontera. Suficiente razón para quienes los definen como países siameses. Además, con una historia común de más de 200 años. No obstante, hasta los tiempos actuales, quizás el mayor dilema entre las dos naciones ha sido un litigio fronterizo en el Golfo de Coquibacoa o de Venezuela.

Según los historiadores, el dilema se inició casi con la formación de las dos repúblicas después de la Gran Colombia. En 1941, el presidente de Venezuela, Eleázar López, y el de Colombia, Eduardo Santos, firmaron el tratado que hoy define los límites fronterizos. Aún así, eventualmente regresa el diferendo, como en 1987 que pasó de la raya.

Desde el comienzo de la Revolución Bolivariana de Hugo Chávez y ahora con Nicolás Maduro, han surgido diferencias con Colombia. En la era Uribe hubo varias crisis. Hace pocas semanas, los gobiernos Santos y Maduro enfrentaron una crisis fronteriza. Pese al apoyo de Venezuela a la paz de Colombia, seguramente habrá más diferencias.

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Redacción Política

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